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Pensando en el ámbito que protege o intenta proteger, con mayor o menor fortuna, nuestra maltraída Propiedad Intelectual y el nuevo entorno en el que ya, desde hace tiempo, intenta sobrevivir, se me ocurría que hoy defender la Propiedad Intelectual es tarea de superhéroes. Y hete aquí que me topo por casualidad con un foro del sector, en el que se describe a los departamentos legales de IP en las empresas, como los IP Defenders!! http://www.globalipexchange.co.uk/media/9212/35881.pdf

El planteamiento obvio es el que establece de qué manera los departamentos legales se plantean las alternativas empresariales para la defensa de sus marcas, patentes, creaciones, contenidos.. pero ahondando en el planteamiento lo que a mi me acuciaba era, no la defensa registral, legal, anti-copia, o antipiratería.., mi cabeza se iba más allá de lo obvio, y para este post no me apetecía centrarme en el análisis de la manera de defender la parte “Propiedad” del binomio, y me tentaba ocuparme de la parte “Intelectual” del mismo.

Y me explico, me refiero a lo difícil que es hoy defender y militar en ese valor “Intelectual que supone estudiar, reflexionar, analizar y concluir sobre cualquier tema que se nos ocurra o nos preocupe. Lo difícil que resulta encontrar hoy en día información contrastada, profunda, de fuentes fiables y análisis y opinión solventes.

Por alguna razón, aunque siempre se hable de la defensa de la parte “Propiedad”, esa que es monetizable, que aporta valor –económico- al contenido, que dota de exclusividad, que permite una licencia o protege la creación, no es este aspecto de la defensa de la “Propiedad Intelectual” la que me parece más débil, la más desprotegida. La defensa de la “Propiedad” no me cabe la menor duda de que los gobiernos e intereses económicos acabarán solucionando de alguna manera el embrollo y así llegaremos a leyes más o menos válidas y nos adaptaremos a ellas y de alguna manera surgirán mecanismos que consigan que los pesos de intereses no se descompensen de manera excesivamente preocupante. O simplemente las industrias se reorientarán para seguir explotando su “Propiedad” o “activo”.

Pero ¿cómo defender el contenido “Intelectual” de nuestra “Propiedad Intelectual?

Estos últimos días se ha hablado mucho de Libertad de expresión y se ha discutido extensamente sobre la conveniencia o no de poner límites. Yo creo que desde la legalidad es difícil, sin graves consecuencias, restringir lo que sí o lo que no se puede decir, pero por otro lado me preocupa el respeto a la información correcta, a la ortografía (si a la ortografía!), a la opinión reposada e informada, en definitiva, al contenido Intelectual de la “Propiedad Intelectual”.

A mí me parece que se debe poder decir cualquier cosa pero que no se debe decir de cualquier manera. Para mí, en la Libertad de expresión no cabe un todo vale y no cabe el “qué más da si total nadie lo lee entero” o el “después en un segundo puedo rectificar o cambiar mi versión”. Creo que la responsabilidad de quien habla, especialmente si lo hace con ánimo de informar o de opinar de manera informada, excede lo que dice, si su discurso tiene, o puede tener, consecuencias o si lo que dice sirve de ejemplo, pauta o argumento a seguidores, fans o simpatizantes. Nuestro nivel de responsabilidad en lo que se dice tiene que poner el foco en el valor intelectual de lo que decimos, debemos luchar por el valor, autenticidad y profundidad del contenido. No vale que porque todo va tan rápido ya asumamos que nuestra información va a ser incorrecta, vale lo rápido pero no se necesita que sea lo correcto, todos asumimos y “entendemos” que se van a publicar contenidos inexactos!.

Probablemente me ha influenciado el haber devorado con desmesura la última temporada de otra gran serie de Aaron Sorkin, The Newsroom,

un alegato al periodismo de investigación arriesgado y comprometido, a la preocupación por el contenido intelectual de la información, a la defensa de la verdad y al valor de fuente fidedigna, de la IP por su aspecto intelectual, social y de bien público y no solo por su valor económico, y por intentar, en un contexto en el que solo preocupan la rapidez, la inmediatez y el impacto, seguir dando profundidad y solvencia a la información.

He pensado mucho antes de escribir esto, imagino que no muchos van a compartir mi planteamiento, pero precisamente en defensa de mi libertad de expresión, esa que sigo pensando que también en mi caso merece respeto, como creo que la merece para cualquier persona (incluso en 140 caracteres) me atrevo a intentar explicarlo y si así lo consideráis por qué no, debatirlo. Aunque es probable que como los discos de vinilo o la caligrafía, simplemente ya no interesen… Pero si sí os interesa y habéis llegado al final de este post, no quiero dejar de compartir con vosotros lo que para mi es una buena noticia, lo representa el movimiento Slow Journalism con su publicación Delayed Gratification, “The Slow Journalism Magazine. A new perspective on the events that matteredhttp://www.slow-journalism.com/ y que supone, en mi opinión, una alternativa esperanzadora y real ante aquellos que ya se atreven a sostener sin nostalgia y sin pesar que el periodismo está muerto, espero que se equivoquen, pero esa es otra historia..,


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