233228813_ae74d9ec1d_bUna historia que te cuento ahora y que al final tiene sentido

Cuando Carlos le preguntó a su hijo Norberto qué quería estudiar, este le respondió con seguridad: -Yo quiero tocar Rock.  Los familiares reunidos en torno a la mesa se quedaron sin palabras. Era el año 1965 en Buenos Aires en donde esta no contaba como opción para una familia de hijos de inmigrantes italianos y de clase trabajadora. Carlos, volvió a preguntar: -¿Y que necesitas para eso? -Una guitarra y un equipo, respondió. -Bueno, contá con eso, pero si antes de los 20 años no sos famoso vas a estudiar lo que quiera tu mamá,  sentenció Carlos.

Transcurrió el tiempo y  cuando Norberto cumplió los 20 años era además de famoso, el mejor guitarrista de Rock de Argentina. El hombre en cuestión era Norberto Napolitano, Pappo.  Hasta hoy es una de las mayores inspiraciones para los músicos, fundamentalmente los de rock. Gran creador. Carismático, único. Un hombre que al inventarse, inventó el blues y rock pesado criollo. El día de su nacimiento, 10 de marzo, festejamos el día del guitarrista de rock. Al conocer esta historia no pude dejar de pensar que hubiese sido de Norberto, del rock argentino y de quienes nos criamos con sus canciones, acordes y solos de guitarra, si su padre le hubiese obligado a ser contador o médico, cosa nada descabellada para aquellos tiempos.

Pero a nadie le alcanza con tomar las decisiones correctas para su destino personal. El camino empieza recién en ese punto. Entre otras cosas, será la fuerza de la creatividad el medio y alimento para crecer.

Sobre la creatividad

Sir Ken Robinson, educador, escritor y conferencista británico a quien citaremos mucho en este artículo, se ha dedicado a  investigar la capacidad humana de la creatividad en relación al sistema educativo. Define creatividad como Ideas originales que tienen valor. Imaginación aplicada.

Para la creatividad existe una capacidad muy importante que denominamos pensamiento divergente o pensamiento lateral como lo llamaba Edward De Bono. Mediante el mismo es posible ver muchas respuestas a una pregunta o soluciones al mismo problema. También diversas formas de formular una pregunta. El pensamiento lateral se define en contraposición al pensamiento lógico que es unidireccional y sigue el camino que la lógica traza. Pensamiento lógico y pensamiento lateral son necesarios para llevar a cabo un acto creativo. Al principio utilizamos el lateral  para crear ideas. Luego, a través del lógico las organizamos, seleccionamos, desarrollamos y utilizamos.

Les contaré acerca de un test de pensamiento divergente que fue probado con 1500 personas.  La experiencia está recogida en un libro llamado Breakpoint and Beyond: Mastering the Future Today de los autores Geoge Land y Beth Jarman. El test partía de una simple pregunta: ¿Cuántos usos se te ocurren para un clip o sujetapapeles?

Mucha gente pudo dar de 10 a 15 usos. Una persona con una mente súper creativa encontró unos 200,  devolviendo además preguntas tales como: ¿puede ser el sujetapapeles de 50 metros de alto o de material gomaespuma?. Si al hacer este test superabas un cierto nivel eras considerado un genio del pensamiento divergente.  Pero hay unos datos llamativos en los que quisiera detenerme: de los 1500 testeados,   el 80 % que obtuvo un nivel genio para el pensamiento divergente  eran niños de jardín de infantes. La experiencia continuó y volvieron a testear a los mismos niños 5 años después, cuando tenían unos 10 años.  El 50 % obtuvo un nivel genio. Luego con 15 años de edad en los mismos ya adolescentes, el porcentaje siguió en descenso,  35 % con nivel de genio.   ¿Pero qué les paso? Les pasó la escuela. Se volvieron “educados”.

Sistema educativo vs creatividad

Si los niños no saben, entonces lo inventan, hacen el intento, ponen en acción su creatividad para dar las respuestas que no tienen. Es porque aún no poseen miedo a equivocarse. Ese miedo que sí tenemos incorporado los adultos y que bloquea cotidianamente nuestra creatividad. Es con la educación que vamos adquiriendo ese temor a equivocarnos. Esto es porque en gran medida el sistema educativo en que nos formamos se basa en aprender y repetir las respuestas correctas. Las otras, las incorrectas,  son un error, término que el mismo sistema asocia al fracaso. La creatividad se encuentra por así decirlo en la vereda de enfrente: prueba y error, una y mil veces de maneras diferentes hasta dar con el resultado buscado o con otro inesperado, pero nuevo: el acto de  la creación.

Observemos esto. Los programas de asignaturas de las escuelas públicas primarias en muchos sitios tienen similares jerarquías: matemática y lenguaje en primer lugar, luego humanidades y ciencias y al final de todo, arte. Esto es porque se basan en el llamado Sistema Educativo Prusiano. Dicho sistema es, en esencia, un modelo de educación obligatoria, en el que todos los miembros de un país deben ir a la escuela, hasta un cierto nivel.  ¿Cuál es el origen de este sistema educativo?

Se desarrolló en Prusia en el siglo XVIII financiado con los impuestos, permitiendo a todos los ciudadanos educarse de forma gratuita, lo cual fue una enorme conquista para la civilización de aquella época. Hasta ese momento, el saber estaba en manos de la Iglesia y la nobleza. Su éxito se difundió muy rápidamente por todo el mundo y tuvo su auge en el siglo XX. Constaba de ocho años de escolaridad obligatoria y su objetivo era preparar a los estudiantes para el mundo moderno, dándole instrucciones sobre los conceptos básicos de educación. Al mismo tiempo enseñaba la obediencia, el deber de los países  y la ética en general.

La era de la industrialización necesitaba obreros y operarios adiestrados en determinadas tareas reiterativas. Era un modelo orientado a formar individuos capacitados para el trabajo,  concebido como lineal, como línea de montaje. En este entorno se valoraba positivamente la repetición, la precisión, para eso se reduce y se acota un campo de acción  y solo existen dos maneras de operar: la correcta o la incorrecta. El operario bueno es el que repite correctamente. ¿No son estos preceptos con los que nos han educado a la mayoría de los que tenemos más de 30 años?. Todo esto está maravillosamente planteado en el proyecto La Educación Prohibida.

Robinson afirma que la creatividad es una característica humana, tal vez la que mejor nos define como especie. Gracias a esta habilidad de conectar ideas y generar abstracciones que se materializan en acciones, hemos construido un mundo que no para de construirse y redefinirse. La confusión parte de quienes a lo largo de la historia han ejercido este rol de creadores. Podemos decir que el mundo de la creación ha estado envuelto en una suerte de mito o de aura, que el filósofo Walter Benjamín analizó y denunció dentro del mundo del arte en su texto “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”. Esta aura de misterio, de inspiración divina, de seres tocados por la varita mágica, hacía (y hace) que el hombre común admire a los inventores, artistas, creadores… separándoles del resto de la especie humana.

Todos somos creativos por naturaleza. La razón por la que nos cuesta tanto enfrentar la creatividad cono actividad humana es porque atravesamos aquellos procesos educativos orientados a la repetición de un saber adoptado y convenido como correcto.

Por otro lado en el viejo modelo de la escuela pública se nos enseñó a que estudiando obteníamos un título y luego un trabajo.  Durante dos siglos, la vida funcionó  bajo esa linealidad. El caso es que hoy vivimos en una era no lineal. Los jóvenes priorizan lo que les gusta, saben también que el título de estudios no es garantía de éxito laboral y tampoco de autorrealización.

Robinson también sostiene que el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) tan diagnosticado en los últimos años,  es una epidemia ficticia. Cree que la enfermedad existe, pero que se ha expandido su detección más allá de la ciencia. En gran medida estos casos son víctimas de la mentalidad actual. Dice: “Estamos anestesiando a los jóvenes con una educación modelada en el industrialismo”. Observemos como las escuelas están organizadas como  fábricas, con timbre y horarios rígidos, en espacios compartimentados, separados por edades como si fuesen modelos de automóviles…  Estandarizaciones. Por eso el cambio de mentalidad que necesitamos promover en la educación, vinculando a la creatividad, es un paradigma que debe ir necesariamente contra la estandarización.

Vivir creativamente

Pocas veces como hasta ahora en la historia se está reconociendo el valor de la creatividad como componente fundamental para la vida cotidiana. La creatividad se puede enseñar al igual que se enseña a leer. Es un tesoro que todos llevamos y que debemos defender, fortalecer, ejercitar, naturalizar en cada actividad de nuestra vida. Empezando por la escuela.

Debemos pensar diferente sobre la capacidad humana. Tenemos que superar esta vieja concepción entre lo académico  y lo no académico. Debemos reconocer que el mayor aprendizaje es en grupo, de manera colaborativa. Es necesario pensar con una mentalidad propia de cada región según la forma en que se experimenta la vida. Y debemos aprender experimentando a través de los cinco sentidos. No sólo debe cambiar la educación, también hace falta que cambiemos nuestras mentalidades: incorporar la creatividad a todos los ámbitos de nuestras vidas. Incorporar mucho mas al cuerpo también en este proceso de aprendizaje.

Creo firmemente en  que hay que ayudar a la gente a que descubra su elemento, su espacio y actividad dentro de la cual no siente el paso del tiempo. Descubrir ese ambiente que lo motiva.  Encontrar el espacio de la pasión, lo que nos embriaga e impulsa a arriesgar, a lanzarnos, a no temer a equivocarnos.

El objetivo de la educación no puede ser simplemente incorporar saberes.  Sobre todo debería conducir a la búsqueda personal, a descubrir el talento propio en cada uno, el elemento con el cual estamos hechos en esencia. Como le pasó a Pappo, a través de su experiencia y una exploración personal colmada de creatividad.

Foto: Free Child Walking on White Round Spheres Balance. Fotógrafo, D. Sharon Pruitt. Propiedad de Pink Sherbet Photography. Licencia Creative Commons.

@fabian.zampedri