“Te tragarás la colección de cassettes, de Las San-gri-Las o de Las Ronettes”, así canta la letra de los accidentados Siniestro Total en su título “Bailaré sobre tu tumba”. Desconozco la razón por la que aparece la referencia a estas bandas femeninas icono de los 60´s, lo cierto es que con el tiempo todos nos hemos tenido que tragar nuestras colecciones de cassettes.

Ya nadie se acuerda de las cassettes, su desaparición ha sido menos nombrada, rememorada, “o añorada” que la del vinilo o el CD, el primero porque curiosamente está viendo un sorprendente resurgir, con crecimientos en ventas de 2 dígitos. Tras su casi desaparición actualmente las ventas de vinilos superan los ingresos por las ventas de albumes en descarga digital y con multitud de artistas que o bien por motivos nostálgicos, por esnobismo, o diferenciación, están presentando sus nuevos lanzamientos con cuidadas y exclusivas ediciones en vinilo. Quizá esto es otra expresión del relato transmediático que hoy se impone en la industria musical. Si bien esta es otra cuestión.

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Las cassettes, un fenómeno olvidado del consumo de música, jugaron un papel capital para la difusión de música en el siglo pasado y mantienen su influencia hasta hoy, como ahora veremos. En su versión original permitieron un acceso a la música a precios más populares que los vinilos, si bien con inferior calidad de sonido, lo cual no era un detalle menor en aquellos años. Por otro lado, las cintas vírgenes de 60, 90 y 120 minutos, almacenaban en el menor espacio, la medida de tiempo ideal para que una buena Selección Musical o lista clave en recomendación triunfe, también en nuestros días.

Así las cassettes vírgenes con un volumen de ventas superior a las cintas originales, sirvieron para que cada uno pudiera crear y recopilar ¡por primera vez! sus selecciones “favoritas”, sus canciones preferidas, “las canciones que me acompañan siempre”. Cientos de cintas para utilizar en los momentos, situaciones o estados de ánimo más apropiados; fiestas, reuniones de amigos, citas románticas y especialmente largos viajes por carretera. También servían para que los aficionados a la música pudieran hacer copias de aquellos vinilos que compraban “otros”, o que no podían conseguir en las tiendas por descatalogación, mala distribución, etc., en este sentido fueron el origen de un primer modelo de piratería musical.

Los coches estaban llenos de cintas de casetttes que solo han desaparecido, a medida que los reproductores se han eliminado del equipamiento de los automóviles y de los hogares, hecho que también ha pasado desapercibido para los aficionados a la música. Nadie lo comenta y nadie lo reclama, ya no se venden coches con reproductores de cassettes. ¿Podría suceder algo parecido con la FM en el futuro, y sin darnos cuenta?

Posteriormente los cd´s sustituyeron el fenómeno de las cassettes vírgenes, poniendo de moda, ya en la era digital, la creación de cd´s recopilatorios, hasta el momento actual en el que se presentan en forma de Playlist a través de equipos conectados o sistemas en movilidad en diferentes formas de compartir música y gustos.

Así las cassettes fueron el antecedente de una nueva actividad muy relevante en nuestros días: la creación de Listas de Reprodución o Playslist se ha convertido en una actividad cotidiana, al alcance de todos y resultan indispensables para entender los nuevos modelos de consumo. Las llamadas Playlist o listas de reproducción, como nueva gran plataforma de acceso y distribución de la música. El próximo año 2017 hablaremos mucho de Playlist.

Las playlist podrían guardar alguna similitud con la radio, en cierto modo también las cintas grabadas en el pasado se pudieron parecer a programas de Radio musical o fragmentos de estos, emisiones de FM en archivo repetible, el antecedente del podcast.

Algunas fuentes hablan de más de 1000 millones de Playlist en el mundo. El nuevo gran escaparate para el consumo de música. Si bien podemos decir que hay diferentes tipos de Playlist. Refiriéndonos a las Playlist profesionales, cuyo objetivo principal es generar seguidores, streams, estas son fuente imprescindible en la promoción y el lanzamiento de nuevos artistas, que han hecho que la promoción y el acceso a la nueva música también se haya diversificado por múltiples fuentes.

Compañías discográficas, artistas, nuevos lanzamientos, se pelean por conseguir que sus canciones figuren en la mayor parte de Playlist, como en el pasado luchaban por colocar sus discos en todas las emisoras, en un mercado cada vez más multiexpresivo.

Fiestas privadas, bares, tiendas, personajes conocidos y otros no tanto, marcas comerciales, compañías discográficas, plataformas de streaming como generadores más relevantes y por suspuesto miles de aficionados a la música, se afanan en la creación de las Playlist más exitosas, más atractivas, más interesantes, más influyentes, con más seguidores y reproducciones.

Este fenómeno ha dado lugar a una nueva actividad profesional, la de Curador de Playlist, Creador de Playlist, o revisor de listas de reproducción, que no dista mucho del trabajo de los programadores en la Radio Musical, en cuanto a los propósitos de uno y otro, sin embargo en las formas de trabajar, en el cómo, se muestran como actividades muy distintas.

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El Curador de Playlist, también llamado Content Curator, curador de contenidos, (una vez más el inglés impone sus conceptos en los nuevos entornos profesionales). He de confesar que esta denominación, sea en inglés o su traducción en castellano, me resulta poco afortunada, y desde luego difícilmente refleja lo digno, creativo y bello del trabajo de un programador de música, que es lo que en el fondo da sentido a este nuevo trabajo, en realidad. El curador de contenidos, o el Curador de Playlist es ya una nueva profesión para el futuro del audio digital. Veremos donde queda en la Radio.

El nuevo acceso ilimitado a la música, a todo tipo de contenidos, hacen de esta tarea un reto apasionante. Y, ¿cómo curar contenidos musicales?

Si la curación de contenidos sirve para buscar, agrupar, recopilar, seleccionar, mejorar y filtrar contenidos, ¿no ha sido esto parte esencial del oficio de periodista desde siempre?

¿Será que Content Curator, apela a una nueva necesidad?, ¿curación, presupone que están los contenidos enfermos?, ¿por exceso?, ¿por reiteración?, ¿por falta de veracidad?, ¿de verificación?, ¿de ética? ¿de valor intelectual? ¿de profundidad? ¿cuál es la enfermedad de los contenidos?

Y si están los contenidos enfermos, ¿será esta una nueva enfermedad del siglo XXI?

Para curar contenidos es necesario un profundo conocimiento del medio y los soportes en los que se va a exponer, en el caso de la Radio, requiere dominar su narrativa, el lenguaje y el sonido. Un texto debe ser escrito para ser escuchado, no solo leído, como bien sabe cualquier guionista. El curador de contenidos es el que se encargará de estimular los sentidos, hacer que a uno se le hiele la piel cuando le están describiendo un paisaje de invierno. ¿O no es así?  ¿Solo filtra, selecciona y comparte? En el caso de las Playlist de música además es necesario aportar creatividad.

En una investigación sobre consumo de música que pude realizar hace ya algunas décadas, se reveló como de manera más o menos consciente, muchos aficionados jugaban a hacer sus programas de radio en las listas de sus cassettes.

Hoy las playlist figuran entre las actividades de los grupos de amigos, se comparten en cenas y eventos. Nuestras listas de reproducción son una fuente de satisfacción escuchando y compartiendo la música. Es posible que en cierto sentido también los usuarios ahora estén manteniendo este ejercicio de programador de Radio, adaptado a los nuevos tiempos, afectado por el carácter y la influencia social de este cometido.

En el pasado las Listas de Emisión fueron la base de la programación musical en las emisoras de radio, como decimos podrían guardar alguna similitud con la actual creación de playlist. Pero las playlist son de usar y tirar, la Radio busca otros ámbitos de relación.

La Radio musical, todavía, sigue siendo medio principal para descubrir nuevas canciones y para el consumo general de música para la mayor parte de los usuarios, si bien nunca el único. Cada vez es más compartido y necesitado de ratificar su rol y su presencia en los diferentes cauces del entorno digital. Y así las Playlist o listas de reproducción son otra fuente de atención y competencia para la Radio.

La Radio persigue ser algo más que una lista de reproducción. Las listas de emisión en la radio son mágicas. La radio crea modelos de programación al servicio de los oyentes, la radio persigue crear relaciones desde una personalidad, unos valores y unos vínculos más allá de lo que el consumo puntual o el disfrute que una selección de canciones pueda generar. En la capacidad de hacer de esto una fuente de valor está el poder de la radio para adaptarse y convivir con los nuevos modelos de consumo de música.

Es el momento de fortalecer las propuestas y formatos de música, de dotarlos de elementos de identificación únicos que permitan una competencia vivaz  y creativa.

Las cassettes vírgenes dieron origen a una tendencia que el mundo digital convirtió en universal, la música se vende en forma de canciones, temas aislados, no todas las canciones de un disco son mis favoritas.

La Radio es el gran especialista en crear listas de canciones con acento humano.

Me resisto a cerrar, sin una breve alusión a los datos del último EGM de Radio que se acaban de conocer. Esta vez el EGM más que una estimación de audiencias, ha resultado sobre todo una buena revelación sobre la fortaleza de las marcas en Radio.

FELICES FIESTAS Y FELIZ AÑO 2017

 

Imágenes: Flirkc

@KnowMediaLab