Hace menos de 3 años, en diciembre de 2014, se publicaba el que hasta ahora es el post más leído de la historia de nuestro blog. Se trataba de una oportuna entrevista que realizó Paula Hergar a los creadores de series.ly el mismo día del cierre de su popular página.

Hace menos de 3 años, la cultura mayoritaria de la sociedad Española en lo referente a contenidos audiovisuales premium era simple y llanamente el robo. Lo queríamos todo, lo queríamos ya y lo queríamos gratis.

¿Qué ha pasado para que en los dos últimos años el uso de plataformas legales haya pasado, no sólo a ser algo normalizado sino a algo de lo que presumir o sacar pecho ante amigos y conocidos?

Vamos a analizar algunas causas de que España haya evolucionado de ser uno de los países donde la piratería digital era más fuerte a tener un consumo mucho más responsable, legal y variado.

1. EL DESEMBARCO

En otoño de 2015 llegaba Netflix. Y con ellos se abría la puerta del mercado español a los grandes conglomerados internacionales. Si la empresa que estaba revolucionando la forma de consumir y rentabilizar series se fijaba en este país es que algo tendría, por muy inmaduro y poco propicio que pudiera parecer su ecosistema de OTT. Detrás de Netflix han ido llegando uno tras otro HBO, Amazon prime video o Sky. El operador nacional dominante, Movistar, se ha tenido que poner las pilas y lanzarse a producir ficción propia de primer nivel.

Resulta evidente que el espectador de series, películas y documentales tiene ahora muchísima oferta legal a su disposición y eso hace que la consuma. El poder acceder a un amplio catálogo provoca que la gente abrace el sistema legal. Antes, había que conformarse con la oferta de Yomvi y las escasas aportaciones de Filmin o Wuaki TV; eso o esperar a que alguna cadena en abierto programase mal y tarde una serie de éxito. Y lo cierto es que, aunque no lo justifican, el bingewatching y la ansiedad por consumir los productos extranjeros nada más estrenarse explicaban parte del pirateo patrio que imperaba hace unos años.

2. RECUPERACIÓN A MEDIO GAS.

El panorama económico de buena parte de la sociedad española es mejor en 2017 que en 2014. Pero tampoco para tirar cohetes. Una oferta variada y que oscila en torno a los 10 euros mensuales ofreciendo cientos de horas de contenido se ha convertido en la favorita de muchos ciudadanos que antes no tenían presupuesto para ocio cultural y ahora si que pueden permitirse gastar algo en ello.

Ni el cine, ni el teatro, ni los conciertos, ni salir a cenar o tomar copas pueden competir en la relación calidad/precio de las plataformas de vídeo. Eso no las convierte en mejores opciones, que hay tiempo pa´to…, pero si que ha asentado el número de abonados de las distintas empresas.

3. JAMÓN MEJOR QUE MORTADELA.

Resulta evidente que el salto de calidad en el consumo que ofrece la oferta legal es un gran atractivo. Contenidos en HD, reproducción simultánea en varios dispositivos, modo sin conexión, experiencia de usuario personalizada, recomendaciones de contenidos, etc. todo ello supone una mejora clara frente al consumo pirata (calidad de imagen baja, esquivar banners y publicidad invasiva, redirecionamientos a webs dudosas, etc.).

Usuario intentando la descarga pirata del último de “Breaking Bad”

Consumir series ilegalmente era un poco como cuando Indiana Jones cogía el ídolo al comienzo de “En busca del Arca Perdida”: un camino lleno de obstáculos y trampas. Sin embargo consumir series en plataformas legales es más bien como “Paseando a Miss Daisy”: un cómodo viaje en el confortable asiento de tu cochazo.

4. ESTO NO ES SOLO COSA DE MILLENIALS

Según mi experiencia personal y directa, hay abonados a plataformas OTT en España en prácticamente todas las franjas de edad y en todas las capas sociales. Los nuevos modos de consumo audiovisual han calado hondo en nuestra sociedad y parece que lo han hecho de forma bastante uniforme.

Solemos pensar que, siendo formas y empresas nuevas, su público inmediato son los jóvenes; esto es verdad sólo en parte, ya que un porcentaje de los chavales están más a otras historias (Youtube, e-sports, etc.). Sin embargo el público tradicional de TV (padres jóvenes con poco tiempo libre, mujeres de mediana edad, jubilados, etc.) está abrazando esta nueva oferta mucho más fácilmente de lo que pensábamos.

5. ANCHA ES CASTILLA

Tenemos televisores más grandes y conectados, mejor capacidad de ancho de banda, móviles o tabletas más rápidos y con mejores pantallas, etc. Ver contenido de vídeo está cada vez más a huevo y nos ofrece soluciones que hasta hace bien poco eran impensables.

¿Quién no ha ido a comer a un restaurante y se ha encontrado a niños viendo tranquilamente dibujos en el móvil mientras sus padres y el resto de mesas comen en paz? ¿Quién no se ha montado en metro o autobús y ha tenido a alguien al lado viendo un capítulo en lugar de leyendo un libro o escuchando música, como se hacía hasta hace bien poco?

La confluencia de todas estas circunstancias eclosionan en un sexto motivo. Quizá sea el menos racional de todos y, precisamente por ello, es sin duda el más poderoso:

6. POSTUREA QUE ALGO QUEDA

El ser humano (en general), la sociedad occidental (en particular) y el españolito medio (muy especialmente) es muy dado a presumir, comparar y aparentar, a sumarse con fervor a cualquier fenómeno que le coloque, aparentemente, en un status superior a sus congéneres o le haga miembro de un club algo más selecto. La sociedad de consumo y la publicidad refuerzan esta conducta hasta el punto de crear individuos que no alcanzan la felicidad si no sacian ese ansia de pertenencia exclusiva. Unos por crear la tendencia y ser admirados por ello y otros por miedo a quedarse atrás y ser señalado como inadaptados… el caso es que, de tanto en tanto, nos tiramos de cabeza a una de estas piscinas poco profundas que denominamos moda.

Hace poco más de una década todos teníamos que saber de Fórmula 1 para poder pegarnos el pisto en las charlas de barra de bar; hace un lustro nos sacamos el doctorado en gin tonics; y últimamente parecemos monjes trapenses con una pequeña destilería de cerveza artesanal en casa… pues ahora le ha tocado a las series.

Si no estás a la última en todos los estrenos no das la talla. Si no eres, al menos, de Netflix y HBO no mereces que te miren a los ojos. Si no ves las series en versión original no eres nadie. Si sólo ves un capítulo al día de una serie, eres un fósil. Si no llegas al trabajo con ojeras por la falta de sueño, los demás te mira raro.

Lo que pasa si no ves un capítulo el día de su estreno

Por inverosímil que parezca, en menos de 3 años hemos pasado de presumir de los teras de series y películas que habíamos descargado por la patilla a proclamar con orgullo que pagas 4 suscripciones al mes . Y en gran medida esto es así porque los servicios de TV on demand han sabido situarse en la complicada esfera de lo aspiracional; la gente habla de ser de Netflix con la misma satisfacción con la que se muestra el último Smartphone de Apple, un bolso de Channel u un recién estrenado BMW.

Como conclusión, decir que este último fenómeno resulta interesante en tres niveles de lectura distintos:

A nivel sociológico dice mucho de nosotros y la manera en que funciona nuestra organización social.

A nivel de negocio televisivo da unas pautas estupendas de lo que se puede conseguir explotando el concepto premium y dando servicio de calidad en fondo y forma, frente a otra TV más de entretenimiento fácil, consumo rápido y valores dudosos.

A nivel de marketing y comunicación supone una valiosa lección para todo tipo de marcas, demostrando el nivel de identificación y penetración que se consigue ofreciendo a los consumidores contenidos relevantes para sus vidas; contenido que no sólo les fascina si no que pagan gustosamente por disfrutarlo.

 

Photo Credits:

Mike McKenzie (vía Flickr) Dominic Smith (vía Flickr), Paramount Pictures, HBO.

 

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