Así titulé mi tesis doctoral que el pasado 21 de septiembre presenté en la Facultad de Comunicación y Relaciones Internacionales Blanquerna (Universidad Ramon Llull). El título completo del trabajo es algo más largo; respirad y recitad conmigo “Las estructuras como proceso. Anomalías cotidianas: guión audiovisual, cine mutante, narrativas transmedia y teoría de sistemas”. Volved a tomar aire.
Podríamos decir que hoy, con el beneplácito de mis compañer@s de blog, he venido a hablar de mi libro, o al menos a exponer un breve resumen de las conclusiones generales a las que he llegado.
Empecemos.

1.-
En mil ocasiones he recitado el manta de “sólo somos historias” y es que sin relato no hay sentido. Es más, por encima de cualquier otra consideración, podemos asegurar que las historias son visiones del mundo.
Más allá de la tan sobrevalorada trama, más allá del tema, lo que prevalece es eso: una concepción del mundo que impregna todos los elementos constituyentes de la narración. De cualquier narración. Desde las más antiguas leyendas cosmogónicas hasta los relatos transmedia de rabiosa actualidad, todos y cada uno de ellos encierran una determinada concepción del universo.
Entiéndase lo que digo: no hablo únicamente del estado de la sociedad, sino de una visión de la realidad que nos envuelve. El alemán, idioma tan apreciado por los filósofos y que tanta ayuda ha prestado a esta disciplina en su afán de definir con claridad los conceptos, tiene dos palabras que expresan perfectamente lo que digo: Zeitgeist y Weltanschauung. Pues bien, es esta noción de Weltanschauung la que, a mi entender, constituye el ADN de cualquier historia.
Distinguimos tres estadios conceptuales en cuanto a la elaboración de una narración: la historia, el relato y el discurso. (Véase la obra de Gerard Genette y demás pensadores adscritos a la narratología).
Si la primera se corresponde a una simple enumeración de los hechos (una cronología, carente todavía de significado), el segundo presenta una selección y ordenación de los hechos, lo que implica una voluntad narrativa que les dota de sentido, y el tercero otorga la apariencia formal con la que se nos presenta la narración. (Qué y cómo, contenido y forma, en la práctica resultan inseparables, pero puede resultarnos útil hacer la distinción para elaborar un análisis).
Lo dicho es aplicable para todo tipo de narrativas.

2.-
La investigación de mi tesis parte de la comprensión intuitiva de que el tan traído y llevado modelo aristotélico de los tres actos (inicio, nudo y desenlace) no refleja una realidad compleja en la que muchas narraciones se escapan a esa definición y, sin embargo, funcionan como relatos con total validez, tal y como atestigua una audiencia que los acepta y los comparte. (Para no extenderme, y como simple ejemplo, ahí tenemos gran parte del cine asiático, desde los films de Yasuhiro Ozu a las películas de Hou Shiao-shien).
Son esos films que en su día Rosenbaum y Martin bautizaron como cine mutante. Unas anomalías que, por cantidad y por persistencia en el tiempo, tampoco resultan tan raras.

Desde su origen, la industria del cine norteamericano entendió que las narrativas audiovisuales ofrecían un gran poder de comunicación y transmisión de ideas, tanto en su faceta más propagandista como en la de ficción vestida de simple entretenimiento (aunque el entretenimiento conlleva también una ideología).
Ya antes de la Segunda Guerra Mundial se había probado la eficacia de su uso como elemento adoctrinador algo que, con honrosas excepciones (siempre hay voces discordantes), siguió aplicándose de modo generalizado.
Sin embargo fue a finales de los años ochenta, con la aparición de los conocidos como “gurús del guión”, cuando ese mecanismo se expandió aún más y pasó de los productos finales (los films) y los modelos industriales (los sistemas de producción) a la base del cine: los guiones.
Y no sólo a los guiones de la industria norteamericana, sino prácticamente a los de todo el mundo, a través de la venta de best-sellers, conferencias y el adoctrinamiento dócil de las nuevas generaciones de estudiantes (futuros profesionales) que pueden acabar comprando la cosmovisión que encierra el discurso de Hollywood sin darse cuenta de ello.
Tanto como profesional como docente siento que la imposición del modelo hollywoodiense es un refrito de las ideas de Aristóteles combinadas con una lectura sesgada y parcial de las teorías del mitólogo Joseph Campbell y su conocido “viaje del héroe”. No digo que este modelo no pueda ofrecer productos de calidad, pero sí que resulta incapaz de explicar esas otras narrativas, tan válidas o más que las propuestas en los tres actos.

3.-
Entre esas narrativas que no resultan abarcables por el modelo clásico es indudable que se encuentran los relatos transmedia.
Es precisamente la exploración de las características que identifican a este tipo de relatos la que puede llevarnos a adoptar un cambio de perspectiva en nuestro estudio.
El grueso de mi trabajo investiga qué elementos resultan relevantes a la hora de elaborar una narración que admita todo tipo de formulaciones: es decir, qué elementos comunes aparecen en todas las obras.
El trabajo, planteado a modo de diálogo socrático a múltiples voces, recoge opiniones y análisis de todo tipo de autores: filósofos, antropólogos, teóricos de la imagen, cineastas, sociólogos…
Dado lo ingente de la tarea, mi ensayo focaliza su atención en las tareas relacionadas con la elaboración del guión, para finalmente centrarse en las estructuras narrativas.
En ese sentido, y aún sabiendo que el resultado siempre será parcial, he querido abrir una línea de aproximación holística, porque creo que sólo desde la comprensión de la complejidad podemos alcanzar una visión renovada del tema.
Así, la incorporación de conceptos relativos a la teoría de sistemas me permite replantear los elementos fundamentales en la creación de esas estructuras, al tiempo que evidencia que ya, desde esa fase puramente estructural, estamos ofreciendo una Weltanschauung.

y 4.-
Vivimos en un mundo complejo en el que discursos fragmentados y aparentemente desordenados llegan al usuario por los canales más diversos.
El relato lineal en el que hay un origen distinguido, una complicación y una resolución igualmente claras resulta, cuando menos, pobre.
Existen otros modelos de construcción narrativa que, sin duda, expresan mejor el mundo en que vivimos, nuestra visión del mundo. La tesis (y aquí abrevio muchísimo), propone que lo realmente importante es la relación entre los elementos constituyentes, donde el todo es más que la suma de las partes. De ahí el título y la conclusión del trabajo: no debemos interpretar las estructuras como algo rígido e inamovible, sino como un proceso dinámico.

Como señalo al final de mi tesis, no pretendo agotar el objeto de estudio, muy al contrario: creo que hay mucho por explorar, y que el trabajo y la aportación de todos resulta necesaria para avanzar en la construcción y comprensión de narraciones más complejas que nos ayuden a explicarnos el mundo que hemos construido.
Fiel a que el conocimiento de la universidad es patrimonio de toda la humanidad, he licenciado la tesis en Creative Commons para hacerla accesible a aquellas personas que quieran consultarla. (En breve insertaré aquí el enlace en la que se podrá descargar el trabajo).

Quiero despedir este artículo agradeciendo a mis compañeros de Innovación Audiovisual el haberme dejado compartir aquí mis pensamientos, así como expresar mi gratitud a todos aquellos que me han ayudado en estos años de investigación.

 

(NOTA: la imagen que aparece en la cabecera de este post es obra de Simon Cockell, y tiene licencia de reconocimiento. Es la misma que he utilizado para ilustrar la portada de mi tesis doctoral).

 

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