Cortesía de Netflix

 

Advertencia: este post contiene spoilers

Sigo la serie ‘Black Mirror’ desde el principio de sus tiempos allá por 2011. La distopía ideada por el británico Charlie Brooker, ganadora de dos premios Emmy, se ha convertido en todo un fenómeno de la considerada modernidad audiovisual. Para los no iniciados en el título, valga esto: si no sabes qué significa el término ‘singularidad’, esta serie lo explica.

Cada nueva temporada de ‘Black Mirror’ es esperada con inquietud. ¿Qué nuevas historias habrán tramado esas mentes perversas e hiper tecnologizadas? Y rara vez decepcionan. Constituida por episodios auto conclusivos e independientes, la serie ofrece en cada una de sus entregas una reflexión en torno a un mundo futurista en el que ser humano y tecnología se han fundido en una sola cosa. Es como ver las historias del porvenir, con tramas impensadas en nuestro tiempo, con personajes que pertenecen a otro mundo. Es precisamente en este último apartado en el que la cuarta temporada de la serie ha sorprendido al descubrirnos seis narraciones protagonizadas por mujeres. Algo nunca visto en una serie que no tiene el mundo femenino como tema central.

Estrenada en Netflix en diciembre de 2017, los seguidores devoramos la T4 casi sin respirar. Al principio no noté nada raro. Veía un episodio tras otro sin pensar más allá de la trama o la invitación a replantearme mi relación con la tecnología. Consumidos los seis episodios, caí en la cuenta de que todos ellos estaban protagonizados por mujeres. Los días siguientes dejé deslicé la observación entre amigos fans ‘¿te has dado cuenta…?’. No habían caído en ello, ‘pero ahora que lo dices…’. Cuando busqué información sobre el tema supe que ni siquiera su productora ejecutiva Annabel Jones había pensado en ello. Sin embargo, ¡estaba ahí!, como podéis ver en el tráiler.

He asistido a más de una discusión entre guionistas acerca de la insoportable masculinidad de la narrativa. La costumbre, la imposibilidad de imaginar mujeres en ciertos roles, la falta de audacia, el miedo a romper patrones, la sospecha de que sus guiones no encontrarán interés… todos estos argumentos han ido apareciendo, junto a otros menos correctos políticamente.

El caso es que esta temporada cuarta de ‘Black Mirror’ podría estar marcando un antes y un después no solo en la consideración igualitaria de géneros sino también en el enriquecimiento argumental de un audiovisual plagado de lugares reconocibles que necesita renovarse.

Las protagonistas de ‘Black Mirror’ son mujeres activas, son heroínas de acción, son fuertes, son inteligentes y son poderosas. En ‘USS Callister’ Nanette (Cristin Milloti) lidera una rebelión contra un abusivo jefe que la ha secuestrado junto a sus enemigos en otra dimensión. Es ella quien demuestra la astucia y el liderazgo necesario para dar la vuelta a la situación.

En ‘Arkangel’, dirigida por Jodie Foster, Marie (Rosemarie DeWitt) y Sara (Brenna Harding) son una madre e hija desunidas por una tecnología de vigilancia tremendamente intrusiva. Una historia, esta sí, plenamente femenina desde su ADN de relación madre-hija, y que necesita de la voluntad de cada una de ellas por imponerse a la otra para generar el conflicto.

‘Crocodile’ , sin embargo, fue concebida con protagonista masculino hasta que la actriz Andrea Riseborough hizo una prueba y resultó que ese cambio de sexo aportaba una dimensión mucho más rica al episodio (además de una estupenda interpretación). Por fin vemos a una actriz en uno de esos roles de caída libre en desgracia tras desgracia, con arrebatos de violencia incluidos, que tan bien describía Patricia Highsmith.

En ‘Hang the DJ’, Amy (Georgina Campbell) y Frank Joe (Cole) ponen en escena una historia de amor filtrada por una aplicación de citas. En este relato ella vive sus relaciones personales y sexuales -sobre todo- con total naturalidad, sin censuras y sin sometimientos a prejuicios.

‘Metalhead’ es una película de acción de las buenas. Con sus persecuciones, tiros, vehículos a toda velocidad, y una heroína interpretada por Maxine Peake, que tiene todas las habilidades necesarias que se presuponen a un protagonista masculino de los habituales del género.

Laetitia Wright es Nish en ‘Black Museum’, una historia de terror que conecta el universo ‘Black Mirror’ para recordarnos que estamos instalados en un espacio-tiempo improbable pero con sus propias y coherentes leyes.

Pido disculpas por los spoilers y confío que, a pesar de ellos, os haya despertado en interés por ver esta cuarta temporada.