dibujo camara

¡Que bien, me toca publicar un lunes a las 8 de la mañana! ¿Cómo, me pregunto, cómo atrapar al legañoso lector y proporcionarles unos minutos de ilusión? ¿Cómo hacerle creer que el finde aun no terminó? ¿Algo sobre sexo, juerga y desenfreno? ¿Mejor quizá proporcionarles ínfulas de libertad, delirios de grandeza? ¡No, lo tengo! Hablemos de documentales… ¡Mejor! Hablemos de documentales interactivos…

Bien, ahora que se han ido todos, podemos continuar.

Me apetecía hablar de webdocs porque es un tema poco tratado en el blog y porque me parecen uno de los formatos (si se les puede aplicar el término) o disciplinas que más está haciendo por innovar en esto del audiovisual. Para los que no tengan mucho idea de qué va esto de los documentales web o interactivos podéis ver una definición sencilla aquí, y otra más extensa a cargo de Philipp Barth, con múltiples ejemplos y cronologías del género, aquí.

No pretendo extenderme ahora con una tipología detallada pero baste decir que la gran mayoría de webdocs que se producen tienen un componente social destacado y que los grandes avances se están promoviendo a menudo desde el mundo del periodismo, con grandes reportajes multimedia (en si mismos pequeños webdocs) que están demostrando que la profesión está muy viva y es más que capaz de ofrecer información, análisis y opinión de manera plenamente actual a su público. Hasta el momento las grandes impulsoras del género están siendo las TV públicas y las cadenas de contenido más social. Destaca enormemente la labor pionera del National Film Board of Canada (NFB), con más de 13 mil producciones premiadas en más de 5 mil ocasiones, y el canal Franco-Alemán ARTE. Aquí en España se comenzó hace un par de años a producir docuwebs desde el ente público a través del aclamado Lab de RTVE, cuyas obras pueden disfrutarse en el anterior enlace. Por desgracia en futuro del Lab está en vilo tras la reciente destitución de Ricardo Villa, director de Medios Interactivos, y auténtico impulsor de la brutal evolución vivida en la web de la cadena (junto con otros, como nuestro compañero Francisco Asensi).

Lo que más me atrae de un webdoc es su transmedialidad intrínseca, el hecho de que el relato se expanda a través de múltiples formas que pueden ir desde el video (casi siempre fundamental), la fotografía, el comic y la ilustración, la prensa, el audio, la poesía, el diseño gráfico, etc. y cómo esta variedad de contenidos permiten al usuario jugar con la historia, componerla a su modo y manera profundizando tanto como desee, alterando el orden de la narración o poniendo el foco en el aspecto que le interese, por muy secundario que pudiera ser para el autor. El documental interactivo ofrece grandes dosis de libertad y ello se traduce en satisfacción e implicación por parte de la audiencia.

Esto que acabo de contar es más o menos común a casi cualquier contenido transmedia bien ejecutado, pero los webdocs tienen algo que les hace peculiares, distintos a otros storytellings, y que a mi forma de ver resulta todo un acierto: los documentales web siempre se presentan en una plataforma on line que aloja todos los contenidos y se los ofrece al usuario de manera conjunta. Un único lugar al que acudir para disfrutar de la obra, una sola dirección web en la que entrar y a partir de ahí eres libre de hacer lo que quieras y moverte por donde quieras. Simple y efectivo, sin hacer a tu público que se desplace de una plataforma a otra, sin fases temporales distintas, sin tener que abrir una red social para continuar disfrutando de la historia, etc.

Muchas narraciones transmedia usan estos elementos y muy bien, ojo, no los estoy denostando. Son herramientas y formas de componer la historia tremendamente jugosas y útiles para según que material, pero también los hay de otro tipo en los que no son necesarias. Y lo que es más importante, hay una clase de público que disfruta de la interacción, la libertad y la multimedialidad pero que, bien por falta de tiempo bien por falta de ganas, se les hace más cuesta arriba estar pendiente de una historia que se desarrolla en múltiples plataformas y a lo largo de un periodo de tiempo. Lo digo porque a mí mismo me ha sucedido, me he encontrado empezando según qué historia transmedia, participando en ella pero la cosa se ha vuelto más complicada de la cuenta, o no me ha enganchado lo suficiente o me era imposible sacar el tiempo que hacía falta dedicarle… En definitiva, veo los webdocs como un producto ideal para el público 2.0 más sosegado y para los neófitos en las nuevas formas de narración, que podrían perderse con otras propuestas más complejas.

carteles webdoc

Y por eso les veo un tremendo potencial aun no del todo explotado. A priori puede parecer que, como con cualquier documental, los interactivos son un negocio un poco ruinoso, el empeño de un autor por contar una pequeña realidad desconocida, algo para un público minoritario con pocas posibilidades de obtener un retorno económico. Parece aceptado que es tontería meterse en un docuweb de entidad sin subvenciones o el apoyo de una de estas televisiones públicas… pero yo creo que esto debe empezar a cambiar. Sea en su forma más pura o sea simplemente replicando el modelo de plataforma online interactiva, pienso que la disciplina tiene muchísimo que ofrecer en el ámbito de la comunicación institucional y de la comunicación de marca.

Imaginemos, por ejemplo, las infinitas posibilidades que pueden conseguirse en el campo de la promoción turística… cuantos monumentos, conjuntos históricos, lugares declarados patrimonio de la humanidad, rutas de interés cultural, etc. podrían beneficiarse de contar con una obra de estas características que acercase al público potencial toda la información y las historias que les atañen de manera poliédrica, rica y variada, atacando todos y cada uno de los puntos desde el que acercarse a ellos (arquitectónico, histórico, paisajístico, religioso, gastronómico, etc.). Exacto planteamiento valdría para fiestas, tradiciones y manifestaciones de folclore popular que derivan en fenómenos turísticos. Y para artistas de fama que atraen visitantes a museos. Y para lugares señeros en la práctica de un determinado deporte. Y para la divulgación gastonómica. Y para…

Mi único acercamiento al género fue una iniciativa de este tipo que, lamentablemente, se quedó a medias: una obra de promoción del Camino Mozárabe de Santiago en la que realizamos un audiovisual con 7 apartados distintos pero al que no pudimos añadirle otros muchos contenidos adyacentes que estaban contemplados en el proyecto (ilustraciones, los textos que dejan los peregrinos en los libros de visita de los albergues, audio de ambiente del camino, las impresiones de los lugareños y su relación con los peregrinos, información de la flora y fauna del camino, guías gastronómicas, etc.). La iniciativa, sin ser completa, resultó interesante y el proyecto estuvo íntegramente financiado por el Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente; y lo que es más importante, fueron ellos los impulsores originales de la iniciativa. Organismos como éste deben y pueden, a todos los niveles (patronatos de turismo, diputaciones, ayuntamientos, cámaras de comercio, fundaciones, consejos reguladores, etc.) promover el conocimiento de los bienes que gestionan de una forma actual y acorde a los tiempos.

La situación es parecida si hablamos de marcas. En este blog, y en medio mundillo del marketing, no nos cansamos de cantar las bondades del branded content; pues bien, estos webdocs podrían ser perfectos ejemplos de cómo una marca consigue articular contenidos en torno a ella, contenidos que estén en sintonía con sus valores, que transiten por su territorio natural de comunicación, que atiendan las necesidades o intereses de sus consumidores. Máxime si consideramos que el documental interactivo en muchas ocasiones va dirigido a un público nicho muy concreto, al igual que muchas marcas que tiene un perfil de usuario muy preciso.

Simplemente pensando en algunos títulos imprescindibles del webdoc en los últimos años, reconocidos en todo el mundo y multipremiados, no resulta complicado imaginar a una marca detrás de su producción (algo que hasta donde yo sé, ha pasado muy pocas veces). Así “The Devil´s toy redux” bien podría haber sido auspiciado por una marca de skates o de ropa para skaters. “The Johnny Cash project” podría tener detrás a una marca de bebida alcohólica relacionada con la música, una empresa de tabaco o a la propia discográfica del cantante. En España tenemos un caso flagrante con “SEAT. Las sombras del progreso” donde se cuenta la historia de la empresa desde su fundación vinculándola a los movimientos de lucha obrera… lamentablemente la compañía nada tiene que ver con el proyecto.

En definitiva, y ta acabo, me gustaría recalcar la idea de que lo que hoy es considerado un género menor bien podría convertirse en una herramienta fundamental de comunicación si entre todos (profesionales, medios, entidades públicas y marcas) sabemos comprender su enorme potencial.

Fotos:

Zhsh y Ch Cariou vía Flick.

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