Benditos spoilers (No contiene spoilers)

ears

Aunque parezca un término moderno, llevan años acechándonos. Son incómodos, silenciosos y los que más duelen vienen de quien menos lo esperas. Pero los spoilers han hecho más que nadie por la ficción audiovisual.

La pesadilla de cualquier serie o película, cuando se emite por televisión, es coincidir con un partido de futbol de los importantes. El deporte, a priori, podría parecer mucho más simple y aburrido que cualquier pieza audiovisual de ficción, en la que ha sido cuidado hasta el último centímetro de la imagen que aparece en pantalla. Pero tiene un componente contra el que es muy difícil competir, el directo. Cuando algo está pasando a tiempo real, en ese momento, en ese lugar, nadie en el mundo puede saber qué va a ocurrir. Es como un helado que se deshace entre los dedos y tienes que comerlo rápido. Capaz de eliminar cualquier duda existencial sobre a que dedicar la vida en las siguientes dos horas. Se presenta como la cita ineludible a la que no puedes fallar, ahora o nunca.

Me acuerdo del mundial de 2002 en Korea/Japón. Yo estudiaba en la escuela de cine y teníamos exámenes finales. Con la diferencia horaria, algunos partidos coincidían con algún examen. Roberto, un compañero brasileño súper fanático de su selección, tenía un gran dilema: el examen o el partido. Obviamente se decantó por el examen, solo porque era un partido de grupo. Pero pidió a todos, uno por uno, que no le dijéramos nada del resultado del partido. Cuando entregó su prueba, se fue corriendo con los auriculares puestos para intentar aislarse del mundo y ver el partido en diferido como si fuera en directo. ¿Actualmente Roberto tendría alguna posibilidad de poder ver un partido en diferido sin saber nada del resultado? Seguramente se tendría que esforzar mucho más. La verdad es que hoy en día no conozco a nadie que mire los partidos importantes en diferido como si fueran en directo.

A esto juegan sin complejos algunos canales mucho mas allá del deporte. Los eventos en directo, las galas, los concursos donde todo se juega al aquí y ahora, hacen las delicias de los programadores en busca del share más alto. Clausulas millonarias para que los participantes no desvelen nada de los concursos que no son en riguroso directo. Miles y millones de personas en vilo, frente a la pantalla esperando el desenlace final con un imperativo del momento presente.

Así somos los humanos, sin obligación lo dejamos para luego. Allí están esperando su oportunidad: el libro que yace en nuestra mesita de noche in eternum, la serie que nos chifla pero nos quedamos en la tercera temporada encallados, la película que tenemos en nuestra lista de míticas y obligatorias que se tienen que ver antes de morir, pero para eso todavía falta mucho.

Tranquilos, hay una esperanza, en los últimos tiempos ha vuelto nuestro incómodo y viejo amigo. El spoiler ha cogido la fuerza necesaria para salvar la ficción de la pobre y insulsa improvisación de los eventos en directo. Se ha sofisticado y ahora aparece por tierra, mar y twitter. El spoiler es capaz de camuflarse en un tráiler, en un chiste, en una crítica, incluso en una foto. Es el ninja más silencioso y la bomba más devastadora. El miedo irracional que tenemos hacia ellos empuja a la ficción hacía la categoría de imprescindible, imperativa, obligatoria…

Se que a estas alturas todos estáis pensando en lo mismo: Game of Thrones. El buque insignia del escuadrón de la ficción. HBO ha conseguido más abonados gracias a sus amigos los spoilers que por cualquier desnudo de las cinco temporadas. De hecho George R.R. Martín debe la mitad de su fortuna al triángulo vicioso que forman la serie, los libros y los spoilers. Quien domina la información está por encima de los demás y como se gestiona todo este universo narrativo, un verdadero rompecabezas.

Pero remontémonos 18 años atrás y pensemos en la película Titanic ¿Quién no ha visto Titanic? Quien levante la mano está totalmente al margen de la sociedad. La poca gente que no la ha visto no lo confiesa en público. Estamos hablando de la película con segunda mayor recaudación en taquilla de todos los tiempos, solo por detrás de Avatar. Creo que parte de su éxito comercial reside en que contiene lo que para mi es el “El Gran Spoiler”. Todos sabemos cual es, incluso los que no la han visto. Esa Navidad de 1997, el Spoiler de Titanic se paseaba por los pasillos de los institutos, se colaba por debajo de las puertas de los hogares destrozando familias, merodeaba por las esquinas cundiendo el pánico por todo aquel que todavía no había ido a ver la película. Al cabo de una semana de estar en cartelera ya era totalmente lícito que te spoilerearan, no podías enfadarte.

Obviamente estamos hablando de hitos del cine y la televisión. Ficciones que consiguen acaparar el interés de millones de personas, pero que se lo han ganado por mérito propio. Personalmente, creo que la ficción debe crear una necesidad en el espectador. Debe hacerle vibrar hasta el punto que no pueda callarse el gran secreto que desvela en la trama. Es necesario generar el suficiente interés en la comunidad y después no defraudarle. El miedo a los spoilers puede hacer llenar las salas por el temor a no quedarse al margen de la sociedad. La necesidad de ser el primero nos empuja a ver las series y las películas como si fueran eventos en directo, partidos a vida o muerte, algo absolutamente obligatorio, imperdible.

Imagen: sharyn morrow Flickr

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