El triángulo dramático es uno de los recursos clave del storytelling. Oculto dentro de la narración late como el motor de la relaciones entre personajes y colabora en la definición del conflicto en juego (tan bien explicado por B. Santaolla) a la vez que traza sus posibles resoluciones. Los escritores, narradores, guionistas y los creadores más pronto que tarde se topan con los tres vértices de estos agujeros negros. Si se consiguen dominar ayudarán a resolver el conflicto de valor que se pone en juego en cada narración.

El triángulo dramático, fue propuesto en 1968 por Stephen Karpman, psicólogo transaccional, y describe los tres roles psicológicos más habituales que adoptan las personas en sus interacciones sociales: el papel de víctima, el de perseguidor y el de salvador. El rol de perseguidor definido como controlador, opresivo, hostigador, cazador; el rol de víctima como pasivo, indefenso, débil y con padecimiento y el de salvador como rescatador, altruista, dependiente, generoso. En la dramaturgia las interacciones entre P, V y S se desarrollan intentando que los personajes cambien de rol al menos una vez.  

«Un personaje evoluciona en la historia cuando cambia de rol»

Por ejemplo, en Breaking Bad: Walter White, el profesor de química que sufre un cáncer incurable -rol de víctima- se transforma en el líder-rol de perseguidor- de un cártel de drogas.

O, aquel revelador «No, I am your father» de Darth Vader a Luke Skywalker (Star Wars: Episode V – The Empire Strikes Back) es quizás el ejemplo más popular de un personaje que cambia de rol provocando además el efecto ¡Oh! ¡Ah! para alimentar así nuevas estadios dramatúrgicos que incorporen el nuevo valor de la tensa relación paternal.

                       Escenario 1                                                                        Escenario 2

                          

Un personaje puede ejercer el rol de víctima dentro de un determinado triángulo, por ejemplo dentro de su familia, pero a la vez, en su trabajo, el rol de perseguidor. Las historias eligen narrar solo aquellos triángulos de la retícula que mejor les conviene. Según Karpman las personas que predominan en el mismo rol y no rotan de vértice se enquistan de forma patológica. Y aquí es donde llegamos al punto clave.

«Las marcas que no cambian de roles se atrofian»

La mayoría de marcas que ocupan el rol de perseguidor en la comunicación suelen ser percibidas por los clientes víctimas como intrusivas, patológicas y anquilosadas. Al no cambiar nunca su rol el cliente recibe con agobio la clonación del mismo mensajes en nuevos canales y se pierde engagement. Es el momento del bisturí narrativo.  

Cirugía Narrativa

El storytelling estratégico plantea diferentes modelos para evolucionar la comunicación de una marca hacia una nueva relación con el cliente. Uno de ellos es la transformación del rol de la marca:  de perseguidor a salvador.

Es entender al cliente no como una diana móvil del rol perseguidor sino como un sujeto con necesidades y objetivos al que la marca puede acudir en su ayuda. La estrategia de comunicación pasa del “Yo-mi-me” del perseguidor al “te ayudo” del salvador. Cuando este cambio se realiza desde el convencimiento desde dentro de la marca hacia afuera y de forma coherente en todos los canales, a mi modo de ver, mejora la percepción de todos lo stakeholders.

En un mundo donde las personas quieren ser marcas y las marcas quieren ser personas la cartografía emocional de los roles triangulares puede ser de utilidad para asumir puntos de giro conceptuales en el storytelling de una marca.

Llega un momento que el Branding solo puede salvarse con la Cirugía Narrativa del storytelling.

Imagen de Patrick Tomasso on Unsplash

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