Llevamos mucho escrito sobre Netflix y otras plataformas.  También sobre cómo están cambiando el cine y su modelo de consumo y, especialmente, las enormes ventajas que esto tiene para el espectador. Pero pocas veces hemos fijado nuestra mirada en las películas y sobre todo en aquellas de producción más independiente o pequeñas.

 

Es evidente el desafío de Netflix con producciones como Okja (Bong Hoo-ho, 2017) donde en su estreno en Cannes revolucionó a la industria hasta tal punto que han cambiado las bases para que solo puedan competir películas con estreno cinematográfico asegurado. O producciones como las de Amazon Studios que son los primeros en ganar un Oscar de la Academia. ¿Pero qué pasa con el resto de las producciones, aquellas que no consiguen destacar tanto o ser la lanza de la polémica?

 

Esta semana se podía leer en el artículo de Borja Terán de La información,  “Netflix: inversión en cine para el olvido“, cómo las películas que consiguen la entrada de Netflix solventan sus problemas económicos rápidamente pero aparecen unos daños colaterales: corta promoción e incluso ninguna en películas de perfil bajo y se pierde la visibilidad extra que tienen las películas en el recorrido por ventanas tradicionales; perder la posibilidad de acceder a premios y menor visibilidad para producciones españolas y nuevos realizadores.

 

La verdad es que, en su alegato, el periodista tiene grandes argumentos, pero nada que no estuviera pasando hasta ahora con la dictadura impuesta por los estudios. Hasta la irrupción de las plataformas (y se sigue manteniendo), las películas con mayor presencia en salas y por lo tanto con impacto mediático, eran los blockbuster, aquellas películas con una alta inversión en P&A (copias y publicidad) que copaban las salas en los primeros fines de semana de su estreno. Y la tendencia es acortar al máximo que permite la ley las ventanas de explotación, para poder saltar a otras ventanas y dejar hueco a un nuevo super estreno y evidentemente recuperar la inversión lo antes posible. Es cierto que aquí el impacto mediático es grande, pero se concentra en las semanas de su estreno y las películas más pequeñas, las independientes, de primeros realizadores y gran parte de la producción española (las no participada por las televisiones) debido a su falta de inversión en P&A quedaban olvidadas al ostracismo, esperando un golpe de suerte o que gracias al boca-oreja la película pudiera mantenerse.

 

Tampoco debemos de olvidar que Netflix y otras plataformas han ocupado el espacio natural que dejó libre el alquiler y venta de DVD para el cual también existían una serie de estrenos y de películas que empezaban su vida en estas ventanas, en su momento se ubicaban en las estanterías de los video clubs esperando ser descubiertas sin apenas promoción, hoy quedan insertadas en la parrilla de recomendaciones de las plataformas, esperando también ser descubiertas.

Es indudable que las nuevas plataformas nos han traído una serie enorme de comodidades y de oportunidades para el espectador. Pero también en cierta parte ha heredado alguno de los fallos del sistema tradicional, y es que al final todo se basa en el principio de Pareto, el 20% de los esfuerzos supone el 80% de los ingresos.

Imagen Jeffrey Smith

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