De cuando en cuando el tema de la llamada “Slow TV” asoma por medios (recientemente en este artículo de “El País”) , blogs y redes sociales. También lo hemos abordado en algunas ocasiones en este blog, por ejemplo en el post titulado “Slow TV” de Alexa Portillo y en este otro de Pepelu Viñas que nos relató el nacimiento de la Shlow TV, añadiendo conceptos transmedia sin desvirtuar la mera presencia contemplativa del espectador/a, base, como parece que es el consenso, de la identidad de la Slow TV.

Igual no queda mucho por aportar sobre el tema, pero déjame que intente abordarlo desde un punto de vista tal vez aún más heterodoxo. Porque, al fin y al cabo, la Slow TV lleva mucho tiempo entre nosotros e intuyo que estará mucho más.

Por ejemplo, introduzcamos un contexto algo más filosófico, por así decirlo, y hablemos de  términos como “velocidad”, “aceleración” y “lentitud”. En cuanto a los dos primeros, se dice que son señas de identidad del sistema económico, especialmente del capitalismo digital y, por ende, de una especie humana en transformación en relación al uso del tiempo. Decía María Zambrano ya en su época, mostrando su gran clarividencia, que la especie humana había pasado de ser una especie que transitaba por el tiempo a una especie que corre aceleradamente al encuentro del futuro, como queriendo encontrarse con él de forma más rápida. Pero es que el futuro se ha convertido en un tren de hipervelocidad que viene hacia nosotros que, simultáneamente, esprintamos hacia él al sentir la vibración de los vagones cercanos. Más recientemente el ensayo “Contra el tiempo. Filosofía práctica del instante” de Luciano Concheiro, nos muestra un análisis desde diferentes vertientes sobre el impacto de la aceleración y la velocidad. Señalando que,  dada la configuración de nuestra existencia actual, ya no se trata de ir a contracorriente con estrategias de lentitud, sino de encontrar momentos de huida de la velocidad.

Es en esta huida del ruido de una realidad acelerada donde entiendo la existencia parcialmente exitosa del territorio de la Slow TV. Mientras el huracán nos rodea y todo parece estar en una dinámica de evolución exponencial, un oasis de quietud en el que, simplemente, no pasa nada.

Porque junto a la huida, elemento muy propio de lo que consideramos entretenimiento, otro elemento en mi opinión básico de la Slow TV es la ausencia aparente de un discurso narrativo típico. En realidad, no es que no suceda nada como se ha dicho en alguna ocasión, es que lo que sucede es inevitable. Se trata, en muchos casos,  de una transición muy previsible de un estado a otro que discurre a su propio ritmo,  en etapas cuya secuencia se va alargando.

Un ejemplo de este tipo de contenidos contemplativos es “Fireplace for your home 4k” de Netflix,  distribuido por la plataforma desde 2015. Un contenido que calificariamos como típicamente “slow” en el que durante una hora vemos arder la leña de una chimenea desde que se prende hasta que se apaga en alta calidad de video y audio. Netflix nunca ha confirmado los datos de visionado de este formato, como suele ser su política, pero intuyo que no son desdeñables porque, como sabemos, Netflix se guía por datos y aprendizajes sobre los mismos y  tras este formato,  ha publicado otros formatos slow incluidas nuevas versiones de “La Chimenea” . Parece ser que el visionado se intensifica durante las navidades con lo que un elemento que podría contribuir a que no se desgaste podría ser la asociación de este contenido a determinadas etapas del año o eventos. Podrá sonar divertido, pero lo que puedo decir es que es el episodio de cualquier cosa que más he visto en Netflix. No suelo volver a ver ningún episodio de una serie por la que ya he pasado, por tanto puedo concluir que he visionado “La Chimenea” más veces que cualquier episodio de Stranger Things, House of Cards, etc. Algo de la historia de cómo llegó este formato a Netflix se cuenta en esta entrevista con su creador en The Independent.  El creador, George Ford, está especializado en este tipo de contenidos. Es, además,  el fundador de una compañía que se dedica a comercializar productos para el entrenamiento en el “habla” y el canto de pájaros -me refiero a pájaros propiamente dichos – de nombre Pet Media Plus. No me queda muy claro como una cosa llevó a la otra.

No sólo formatos singulares, en este tipo de contenidos encontramos incluso canales de televisión completos como el canal Slow Channel, disponible en Vodafone TV,  pero también distribuido vía OTT por una suscripción de 1,99€ al mes.

Muy interesante me parece  la oferta de Napflix, un proyecto español que agrega contenidos slow de diferentes categorías. Aquí se va más allá de la contemplación de la Naturaleza, para incluir contenidos más en la línea de lo que se ha abordado en otras ocasiones en este blog y de lo que los medios suelen hacerse eco: viajes en tren, en barco, etc  Incluyo en este espectro de otras tendencias asociadas al “audiovisual slow”  a tendencias como el llamado ASMR (Autonomous Sensory Meridian Response),  que comenzó a alcanzar popularidad y relevancia en YouTube a través de canales dedicados a sonidos relajantes, dónde el visionado del video en sí es secundario. De hecho, como seguro has imaginado, siendo el audio lo prioritario en estos contenidos, los podcast ASMR no han tardado en aparecer.

El proyecto Napflix, cuyo nombre sugiere algo así como “el Netflix de la siesta”, ha llamado incluso la atención de los grandes medios internacionales de forma amplia,  apareciendo reseñado por la mismísima Oprah Winfrey.

Y mucho antes de todo esto, un no siempre bien entendido por la audiencia de televisión, cuyo programa es una de las joyas históricas de la televisión pública estadounidense, la PBS, Bob Ross, nos proponía simplemente contemplar durante su labor artístico-pictórica. PBS Digital Estudios, el brazo de producción audiovisual digital de PBS, hizo también de Ross una de sus enseñas:

Por tanto, vemos convertirse a lo slow como una amplia tendencia que incluiría, por qué no decirlo, a determinadas competiciones deportivas, como la emisión de competiciones de dardos en ESPN o EuroSport (no lo dudes si tienes insomnio) o al cine y las series de televisión. En el caso del cine,  nos llega desde películas dónde el relato enfatiza lo visual sobre el guión como en el caso, en mi opinión,  de directores como Terrence Malick o Kim Ki-duk hasta películas como “Roma” de Cuarón por poner un ejemplo destacado reciente.  En  cuanto a las series de TV, se trataría de aquellas de las que se dice que “no ocurre realmente nada”, entre las que incluiría la primera temporada de “The Girl Friend Experience” o incluso  a “Sharp Objects”.

También los reality shows, al estilo de “Gran Hermano” podrían considerarse dentro de este género. Y digo esto porque me parece que lo que tienen en común muchos de estos formatos sigue siendo el hecho de ponernos en una posición de “ultra-espectáculo”, me refiero con este término tan bárbaro a que se nos abre una ventana por la que nos asomamos con la sensación de que a través de ella vemos el discurrir del tiempo pura y sencillamente,  lo que nos provoca una satisfacción nueva: percibir el paso del tiempo a un ritmo más pausado, como detenido.

Así que en lo más antiguo que podamos vincular al entretenimiento, el hecho de sencillamente estar ahí y mirar, estamos encontrando en estos tiempos algo completamente revolucionario, ser capaces, en medio de la aceleración continua de nuestro entorno, de sentir que podemos sentir que un minuto dura más. Hay quién lo llamaría “aburrimiento”. Yo lo llamo “entretenimiento a través de la mera contemplación”.  Alfred Hitchcock preguntado por su definición de “Felicidad”, se refirió a ella como un horizonte claro, sin nada de lo que preocuparse,  un  lugar – añado – dónde puede que no pase absolutamente nada.

Photo Credit: Mike Turner Flickr via Compfight cc

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