Leía este 2 de mayo, como siempre con detenimiento y entretenimiento, el post de Fernando Santiago Por qué decidí no ver más series y comencé a escribirle un comentario; ha salido un poco extenso y ha terminado como post. Bien cierto es que hoy que me tocaba escribir para el blog; tan cierto como que trato de aprovechar (con todo el morro) el reflujo generado por el estupendo post de Fernando. ¿Que aún no lo has leído…? Pues ya estás tardando.

La idea que defiende Fernando es que “estaba empleando demasiado tiempo en ver serie tras serie, capítulo tras capítulo, aproximando el valor marginal de esta experiencia a cero”. Propone hacer otras cosas, invertir el recurso escaso del tiempo libre de modo diferente, hasta pone en valor el aburrimiento ¡Qué razón tienes, Fernando, y qué poco caso te hacemos! Y así, como en este post, tratamos de justificarnos buscando argumentos, más o menos potentes, para seguir viendo series.

En este Blog hay grandes expert@s en series, en su producción, distribución, marketing, consumo y plataformas; Elena Neira es una autora que puedes revisar aquí, si te interesa profundizar en el tema. Si tocamos el ámbito sociológico será sin querer, de pasada y en modo “de andar por casa”; no toca hablar sobre el papel de las series de ficción como agente socializador, como promotor de valores y actitudes y como causa o efecto de nuevos hábitos de consumo y de soportes. Este post es una cosa sencilla, una visión personal como consumidor de productos audiovisuales y más concretamente de series, siguiendo el cebo que nos facilita el post de Fernando.

Lo confieso, soy consumidor enganchado a las series de ficción, nacionales y extranjeras, en Tv generalista, Movistar+, Netflix y HBO. Y no me estoy quitando. Una declaración de principios matizable, como todas.

Las series unen mucho a las familias y a los grupos de amigos, o eso creo. Puede que existan divergencias en el acuerdo de consumo de contenidos en función de diferencias de edad insalvables o por gustos irreconciliables, que de todo hay. Mi experiencia indica que parejas, solas o con hijos dispersos y amigos/colegas/familias de diferente edad y condición, pueden poner en común experiencias de consumo, recomendar, comentar o criticar presencialmente o por canales privados de comunicación, especialmente por WhatsApp.

Un ejemplo. Durante la emisión de Juego de Tronos 8×03, durante la Batalla de Invernalia (tiene algo de spoiler, aviso) se intercambian mensajes por WhatsApp: #casafamilia2 “no sé qué le pasa a mi tele, lo vemos todo oscuro”; #casafamilia1 “nosotros también, ¿qué ocurre?”; #casaamigos1 “pues nosotros lo vemos bien”; el experto de #casafamilia1 “es un recurso de realización para abaratar costes”; #casafamilia2 “mirar que dramático, cómo se extinguen las luces de los Dothraki”…. Una familia, una serie, compartiendo en tres lugares diferentes.

Observo mucha actividad en Redes Sociales, sobre todo comentando las series de gran tirón de audiencia, no es mi caso. A veces busco información y encuentras comentarios y explicaciones (más o menos solventes) y así te enteras de que has pasado por alto observar un vaso de Starbucks en Invernalia.

Las series no son para el verano, hasta los programadores lo tienen en cuenta. Las series son ese recurso de sofá y mantita, solo o en buena compañía, cuando en la tarde-noche aflora el cansancio o el mal tiempo no te anima a salir de casa, cuando no soportas la verborrea política o la caspa nacional en la TV generalista o cuando visionar una peli completa te resta horas de sueño.

En mi anterior post en este Blog Thriller y novela negra, relatos ficticios que animan al viajero a descubrir paisajes y paisanajes reales”, ya hablaba de la importancia creciente del viajero en busca de localizaciónes reales de sus producciones audiovisuales favoritas y las series son uno de sus principales motores, también en mi caso.

El matiz que me acerca, mucho, a los postulados de Fernando: el pasado y largo puente de mayo he estado en el norte: fiesta, montaña, familia, compras, turismo, amigos y nada de televisión. Cuando hay cosas mejores que hacer, la adicción a las series pasa a “lo dejo cuando quiera” pero de verdad.

Imágen: Buzzfeed.