Autor: Francisco Asensi

  • 5 Cosas Supuestamente Innovadoras Que Volvería a Hacer

    Puede que el título de este post te haya recordado al de ese magnífico recopilatorio de ensayos del desaparecido David Foster Wallace“Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer”-. Más allá del homenaje, el sentido de mi post va en otra dirección, ya que se trata de una especie de resumen de mis actividades (supuestamente innovadoras) a lo largo de 2018.

    Por cierto, aprovecho para recordar que entre los ensayos recopilados en el libro de DFW uno en particular es una profunda reflexión sobre la Televisión. De título “E Unibus Pluram: Televisión y narrativa norteamericana” escrito en 1993 y que es una mirada ácida y crítica sobre el impacto cultural de la televisión en los Estados Unidos con frases memorables del estilo:

    “..la razón de ser misma de la televisión es reflejar lo que la gente quiere ver. Es un espejo”

    “Pasamos tanto tiempo mirando que pronto empezamos a mirarnos a nosotros mismos en el acto de mirar. Muy pronto empezamos a «sentir» cómo sentimos, deseamos experimentar «experiencias»”

    DFW escribía sobre una televisión, la de principios de los 90, que ha sido con el paso de los años profundamente transformada por el impacto de la conectividad y de la tecnología convirtiéndola en un fenómeno multiplataforma que vive en el mundo OTT (Over the Top) o en las redes sociales (Facebook Watch, IGTV, etc). Aún así, en mi opinión, sus observaciones no quedan tan obsoletas como pudiera presumirse. Si él mencionaba a la TV como espejo, hoy hablamos de los numerosos “Black Mirror” en los que nos reflejamos.

    Pero este post no es un comentario sobre un ensayo. Aunque tal vez traer a colación a Foster Wallace a nuestras reflexiones sea una de esas cosas supuestamente innovadoras que deberían contar en mi lista. No era este el propósito inicial como señalé más arriba. Es otro más asequible y de andar por casa: una lista compartida de momentos profesionales. Una playlist, si quieres, porque la música casi siempre me acompaña en todo lo que hago.

    1. Impartir cursos sobre el negocio de Netflix

    Me vi envuelto en esto por mediación de nuestra compañera en Innovación Audiovisual, Elena Neira, mucho más experta que yo en temas relacionados con la plataforma. No era plan quedarse muy por debajo de lo que Elena podría haber relatado así que abordé el reto mediante una inmersión profunda en la información sobre Netflix y una dedicación mayor de lo habitual. Así es como nacieron los cursos sobre el negocio de Netflix de los que he impartido varios a lo largo del año en un recorrido que va desde profesionales de todos los ámbitos de actividad de una cadena de televisión, pasando por profesionales venidos de fuera de nuestras fronteras, hasta a jóvenes menores de 20 años que se están formando en producción audiovisual.

    Aceptar el reto – lo que he de reconocer que hice de forma titubeante al principio – me ha permitido contrastar el verdadero impacto que un plataforma como Netflix está teniendo a todos los niveles. Tanto en lo que representa como modelo de distribución de contenidos audiovisuales, cómo cultural. Más allá de eso, profundizar en aspectos como sus estrategias de comunicación y en su foco en ser una “passion brand”, me han acercado a la realidad de sus efectos en nuestra industria. Pero además, al poner en juego los conocimientos adquiridos en sesiones formativas, he podido abordar en primera línea las dudas, miedos, desconfianzas y esperanzas en la evolución que experimenta nuestro sector.

    2. Impartir formación a menores de 20 años

    Dos de cinco sobre formación. Un reflejo de cuánto ha aumentado mi actividad en este campo a lo largo de 2018. Pero en este caso no lo incluyo en la lista por lo que tiene que ver con la impartición de cursos, sino por el target. Estoy menos relacionado con este tipo de actividades con personas tan jóvenes en comparación con algunos compañeros y compañeras de IA y ha sido todo un baño de realidad. Tener un contacto en directo con personas que demográficamente se sitúan en los límites de la llamada “Generación Z”, es un auténtico Ice Bucket Challenge sobre las neuronas. Casi todo lo que das por hecho, contaminado por los múltiples informes que abordan los patrones de consumo audiovisual en esas edades, se desmorona parcialmente. Crees que tienen unos referentes culturales que, de repente, no son significativos para ellos. Entiendes – o, al menos, lo intentas – por qué “Élite” si y “Skam”, de momento, no tanto. O por qué relatarles cómo hemos llegado de la televisión lineal al mundo OTT no es especialmente interesante sencillamente porque para ellos no hay ninguna distinción: todo es vídeo o contenido audiovisual y no importa el modo de distribución o cómo llegan a él. Porque llegar, llegan. No encontré ningún alumno o alumna en las clases que impartí que no haya visto numerosas series en Netflix aunque los datos de suscripciones «oficiales» no desvelen la profundidad del impacto real. Poco Amazon Prime, algo HBO, no saben por lo general que es Playz, pero si les suena de algo Flooxer. Aunque si que conocen parcialmente lo que sucede en los canales de TV (OT, Gran Hermano…). Son cada vez más conscientes de que el uso de las redes sociales contiene riesgos que deben conocer. Tal vez no sea muy científico y esté sesgado pero me ha abierto a la necesidad de conocer más y entender cómo será el futuro.

    3. Una pequeña parte de Sónar+D

    Quizás no ha sido el gran proyecto, en términos de mi aportación, en el que haya participado en este 2018, pero sin duda Sónar+D es grande en términos de conocimientos y temas que aborda. Tuve la fortuna de que la organización del evento contara conmigo para una pequeña colaboración que me puso en contacto con las intenciones y el objetivo de fondo de este proyecto. El ensanchamiento de mi perspectiva sobre la transformación de la humanidad en general y de las industrias culturales en particular es el gran valor que he extraído de mi paso por este evento. Conecté con el concepto de “antidisciplinariedad” como método para romper con las fronteras entre áreas de conocimiento y para generar nuevas capacidades que permitan enfrentarse con la resolución de problemas complejos. Un concepto cuya semilla estaba en mi pensamiento desde que supe de ese otro concepto que es la “polimatía”.

    Sónar +D me brindó la oportunidad de, por ejemplo, tener cerca y escuchar a las personas que se ocupan del departamento de R&D de la BBC explicando por qué hacen lo que hacen y qué tipo de proyectos abordan. “Keep it Weird” es su curioso lema. Uno entiende que con el tipo de actividades que llevan acabo sigan siendo el referente en innovación entre las televisiones europeas.

    4. 12 meses de eSports

    Aunque he pasado este año 2018 saltando de proyecto en proyecto con características habitualmente diferentes, todos los días de mi tiempo profesional, e incluso personal, han estado tocados por los llamados eSports convirtiéndose en mi actividad principal en diferentes líneas: impulsar una start up especializada, impartir formación sobre el tema, trabajar específicamente en proyectos.

    Sobre lo primero, finalmente crucé la línea que separaba el deseo de hacer algo en esta industria y la especulación teórica para formar parte de proyectos concretos y, tal vez, ser aceptado y considerado como uno más por el propio sector de los eSports. Siempre he participado en las startups de otros y el gran aprendizaje de co-crear aquella en la que formas parte es un aterrizaje, en cierto modo, brusco. Creo que ha sido un salto cualitativo de gran alcance en mi aprendizaje como profesional, una auténtica lección de humildad. Quienes ya conocéis la amargura o las mieles de eso que llaman emprendimiento sabéis muy bien de que va esto. Pero además, involucrarse en la creación de una empresa en un sector inmaduro, en el que todavía -al menos a principios de año – los aires de burbuja especulativa distorsionan la realidad le añade un punto de dificultad. El emprendimiento, lo confieso, me ha pasado como una apisonadora por encima y aún así ha sido un camino fascinante, lleno de giros inesperados y aprendizajes profundos.

    Y en ese viaje, los proyectos, cuya parte más visible es el lanzamiento de la OSL EU, una nueva marca de organización de eventos a nivel europeo y cuyas competiciones fueron emitidas por Atresplayer. Sólo ha sido una primera piedra del edificio. Atrás quedan años de intentos y de predicas en el desierto como algún otro compañero de este blog.

    5. El “networking” y la conversación como fuente inagotable

    Considero que, aunque suene algo desgastado, el llamado “networking”, su práctica real es el origen de muchas ideas innovadoras que al final se convierten en algo tangible. En mi caso es esencial. Lo entiendo en realidad como un proceso conversacional que tiene lugar en cualquier ocasión, a menudo eventos adhoc, con personas que me resultan interesantes, no necesariamente completos desconocidos. Quizá aquí también pueda encontrar un paralelismo “del revés” con ese otro gran libro de Foster Wallace que es “Entrevistas Breves con Hombres Repulsivos”. Ya he mencionado en otras ocasiones lo que valoro el aporte de los demás. De hecho Innovación Audiovisual, nuestro pequeño-gran club de rebeldía audiovisual, tiene mucho que ver con esto en mi opinión. Y no es gente repulsiva, sino todo lo contrario.

    Puede que no te suene demasiado innovador como proceso, pero si te digo que el modo más efectivo de obtener inspiración y de aprender no es Linkedin, ni ninguna red social, sino la escucha en vivo de los profesionales, muchos de los cuales son compañeros y compañeras en IA, que están a la vanguardia de las temáticas que puedan ser de tu interés y la oportunidad de intercambiar pareces de viva voz, igual llegas a la conclusión de que lo que era lo habitual en otros tiempos es ahora rabiosamente disruptivo. Pruébalo

    … y si aún no lo has hecho, lee algo de David Foster Wallace

    Photo Credit: Perfectance Flickr via Compfight cc

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  • El infinito mundo de la Animación

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    Según un artículo publicado recientemente en El País la producción de animación en España está en expansión. La previsión de ingresos para 2017 es de 879 millones de euros lo que supone estar por encima del 50% de crecimiento con respecto al año 2013. Los ingresos se generan fundamentalmente en el exterior y un 90% se generan a través del producto derivado dado que las televisiones pagan cantidades muy bajas por los derechos de emisión.

    Son buenas noticias para el sector, lo que no oculta el hecho de que para un gran número de estudios y creadores independientes es un mercado duro en el que el talento no consigue conectar con el mercado. Un mercado que sin embargo ofrece, gracias al impacto de lo digital, nuevas posibilidades.

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  • FAKE NEWS, FAKE ADS, FAKE CONTENT

     

    Esta es la era VUCA (volatility, uncertainly, complexity, ambiguity), ya se ha dicho hasta la saciedad. El acrónimo, que tiene su origen en el mundo militar referido al escenario posterior a la Guerra Fría, se ha extendido para su aplicación en general al mundo que vivimos. Quizá, para alguno, estos conceptos que se encierran en VUCA sean una especie de nuevos cuatro jinetes del Apocalipsis de baja intensidad – “Apocalipsis” en su sentido de profunda transformación, nada que ver con “The Walking Dead” o narrativas del estilo – o, cuando menos, los cuatro puntos cardinales del mapa de un mundo afectado por la desaparición de los referentes de anteriores épocas. Reglas de juego nuevas, que a veces sólo son comprendidas por iniciados. La “Verdad” (o la veracidad), sea lo que signifique eso, se ha dicho que está en ese contexto en serio riesgo.

    Este tiempo VUCA  parece estar envuelto en papel de celofán marca “FAKE” y con los productos FAKE no están tan claros los efectos como lo estaban con los productos ACME, protagonistas de las historias de El Coyote y el Correcaminos. De estos sabías lo que cabía esperar: el Coyote no saldría muy bien parado pero seguiría una y otra vez empeñado en consumir estos defectuosos productos. Pero nadie está muy seguro de quién sale bien o mal parado con el uso de productos FAKE y a lo peor resulta que somos El Coyote y aún no lo sabemos.

    Breve historia de la Posverdad: HOAX y Fake News

    La Real Academia de la Lengua, acaba de incorporar oficialmente al vocabulario español la adaptación de la expresión “Fake News” con el término “posverdad”. Así que ya es oficial, al menos en términos lingüísticos, que existe una “verdad”, basada en datos objetivos y una alteración de la misma que tiene como objetivo influir en las personas manipulando sus emociones y creencias. Como suele decirse popularmente, para este viaje no hacían falta tantas alforjas.  Hablar de “Verdad” con mayúsculas es un tema lleno de aristas, arduo, polémico, laberíntico, excede a los propósitos de un blog centrado en la industria audiovisual. Industria que, por cierto, tiene como uno de sus pilares a la manipulación  del estado emocional de las personas para mostrar una verdad virtual que vive en la dimensión del entretenimiento. Al fin y al cabo, como cualquier otra actividad artística. Quizás lo que sea necesario resaltar de la posverdad o de las fake news es su intencionalidad, el fin perseguido, y ese fin tiene que ir en contra de los valores comunes, de los derechos de las personas o tiende a menoscabar su bienestar económico, intelectual o físico.  He leído en algún sitio que el adjetivo “fake” para referirse a determinadas noticias, es un dudoso logro del señor Trump, quién comenzó a aplicarlo, siguiendo criterios de su propia cosecha, a aquella información que ponía en cuestión algunas de sus afirmaciones o actuaciones. Si esa es la historia, hay que reconocer que consiguió que el término se viralizase de forma efectiva. Por cierto, la viralización es una parte del mecanismo de funcionamiento de las fake news o de los hoax, como los llamábamos hace no muchas décadas. Tanto éxito ha tenido Mr Trump, que a muchas de sus propias afirmaciones se les ha aplicado el término a cuya fama parece que él mismo contribuyó. Herramientas como el Trump-o-meter de Politifact son un ejemplo de la múltiple oferta en la Red para desenmascarar algunas afirmaciones creativas – manipuladoras, diría alguien – de este señor.

    Este blog ha abordado en otras ocasiones este asunto de la posverdad y la divulgación de bulos. Por Sonia Got en su post sobre bulos en redes sociales y por Montecarlo en su post «Posverdad, mentira y liquidez». Recomiendo la lectura de ambos.

    Nuevos términos para viejas, antiquísimas, prácticas. Representando a nuestra asociación en el Foro Económico de Krynica en Polonia, tuve la oportunidad de abordar – ciertamente por un inesperado cambio de la temática de la ponencia-  el asunto de las llamadas fake news a lo largo de la historia. Suele citarse el tratamiento informativo del hundimiento del Maine en 1898, atribuido a la marina de guerra española y que provocó la guerra hispano-estadounidense, como un ejemplo de manipulación para la creación de opinión pública favorable, en este caso, a la intervención armada. Es solo un caso de los cientos y cientos de ejemplos que siguen un mecanismo muy bien descrito en el libro “Como nos venden la moto”, un mano a mano entre Chomsky e Ignacio Ramonet publicado a finales del siglo pasado. Aunque creo que a nadie se le ha ocurrido decir que el escrito estaba anticipando esto de las fake news. En parte porque no las anticipaba, simplemente confirmaba que existen desde siempre.

    En Krynica me alejé del peliagudo tema de la política para acercarme a algo que considero muy serio: la alteración de los datos científicos a través de informes, investigaciones paralelas, contra-storytelling de todo tipo para demostrar que, por ejemplo, la tierra es plana o que es el Mundodisco de Terry Pratcher. Esto último me resultaría sumamente divertido. Una vez más, creo que en estos casos hay que poner el énfasis en la finalidad perseguida. Alterar la verdad científica puede ser incluso divertido: impagable el documental “Operación Luna” sobre el supuestamente falso aterrizaje del Apolo en la Luna y atribuyéndole a un rodaje realizado por Kubrick en un estudio. Se trata del género llamado “falso documental”, un género que goza de mi máximo respeto. No confundir con “documental falso”. ¿Pero qué se persigue realmente cuando se intenta propagar un bulo seudo-científico?. Dejando de lado oscuras causas provenientes de mentes alteradas, se me ocurre que en muchos casos se trata de sacarle el dinero a alguien,  ponerle en evidencia o de que alguien salga mal parado de alguna manera.  The Great Moon Hoax de 1835, divulgado por The New York Sun, es uno de los ejemplos históricos de este tipo de alteraciones.

    Fake Contents: la credulidad como arma de entretenimiento masivo

    Lo he estado anticipando, cuando el producto “Fake” lo aplicamos en el contexto del entretenimiento, tanto la finalidad como, en teoría, los efectos no son nocivos para empresas o individuos. Digo “en teoría” porque el juego con la realidad ha provocado en ocasiones efectos más allá de lo que tal vez se esperaba. Es parte de la historia de la industria del entretenimiento: la emisión de radio de “La Guerra de los Mundos” de H.G. Wells en 1938 y uno de los ejemplos más citados. La película “The Blair Witch Project” jugueteó durante meses con una historia sobre una misteriosa desaparición generando múltiples piezas de contenido a modo de pistas y pruebas que provocaban la duda entre la audiencia. Todo ello incluso antes del estreno de la película que acabó por convertirse en un hito en taquilla y en uno de los primeros ejemplos modernos de la creación de universos transmedia vinculados a ficción. Estamos hablando de un fenómeno “viral” en la Internet de 1999.

    En el magnífico episodio de celebración del 40 aniversario del programa Saturday Night Live de la NBC, Seth Meyers comenta que el espacio de tratamiento humorístico sobre información de actualidad “Weekend Update with Seth Meyers” provocó numerosos equívocos. Algunas personas creían que estaban ante un verdadero informativo con noticias completamente reales.

    Provocar emociones, o alterarlas, es parte de este juego. El objetivo es entretener y esto es lo que hace de estos formatos de entretenimiento un método de alteración o manipulación de la realidad legítimo: nadie en su sano juicio podría creer que había comenzado una guerra contra alienígenas de turismo en Nueva York. Al menos nadie cuyo estado emocional no hubiera sido previamente conducido a un estado de credulidad. Esa alteración de la percepción de la realidad me recuerda la técnica del denominado “campo de alteración o distorsión de la realidad” que se dice ha sido de uso habitual entre personajes históricos muy persuasivos tipo Steve Jobs. Su uso, básicamente, consiste en que, estamos de acuerdo, esta es la realidad, pero ¿y si fuera de otra manera?, imagínate que no tienes tal o cuál restricción. ¿Qué decisiones tomarías? ¿cómo percibirías esa realidad en ese punto?  El campo de distorsión de la realidad tiene igualmente como objetivo conseguir algo del receptor. En muchos casos, conseguir que haga o sienta algo que no haría ni sentiría en un plano de realidad no alterada.

    Branded Content y Fake Advertising.

    “Pero, ¿Cómo convertir una emoción en un concepto empresarial?”, se preguntan los protagonistas del excelente film “Inception” (Origen) de Christopher Nolan. Es una frase que suelo mostrar en las clases que imparto porque sintetiza muy bien, en mi opinión, el concepto que está en la base del marketing y la publicidad. Al igual que en la televisión, el cine y el entretenimiento en general, la publicidad y el marketing trabajan con las emociones. Con otra finalidad legítima: conectar esas emociones con decisiones de compra. Un formato de televisión o una campaña fracasan cuando no son capaces de llegar a ese punto de conexión. Estos son los básicos que ya conocéis pero que, en muchas ocasiones, se olvidan o no son manejados correctamente.

    Si, todo esto tiene que ver también con el poder del storytelling en general. Casi seguro que lo has pensado ya. No hay que hacer más énfasis en el poder que tiene el relato de historias sobre los seres humanos. En el mundo de la publicidad parece que las historias que se contaban ya no funcionan igual. Simplificando y exagerando mucho, pasamos del vendedor callejero voceando los beneficios de una supuesta pócima curativa a amplificar ese voceo a través de los grandes medios de comunicación para llegar más allá de la plaza. Pero repetir una y otra vez las ventajas de mi producto ya no genera ninguna emoción, es más, genera desconfianza.

    Ese storytelling falseado que, muy a menudo, ha acompañado a la publicidad empezó a ser revisado. La industria creó mecanismos de autocontrol y, en teoría, los medios también: si no se quiere perder reputación como medio, mejor no des visibilidad de productos engañosos. La “publicidad engañosa” es considerada detestable y perjudicial.

    Pero ¿qué ocurre cuando el storytelling publicitario se encuentra con el storytelling del entretenimiento?. Esta es la tendencia. La pérdida de valor como mensaje de las campañas de publicidad, la fuerza de la tecnología y de la conectividad, el alejamiento de las nuevas generaciones de las fórmulas mediáticas tradicionales, ha llevado a un escenario en el que la publicidad emula y explora las fórmulas de los géneros del entretenimiento.

    En ese cruce de caminos me tomo la libertad de crear la distinción entre el branded content y lo que denomino “Fake Advertising”. En ambos casos las marcas se apegan a las reglas del entretenimiento para generar contenidos de interés que, finalmente, sirvan de osmosis del mensaje de marca. Pero cuando me refiero a Fake Advertising, me refiero a llevar las cosas un poco más allá: se trata de generar información falsa a sabiendas para, una vez más, generar un impacto emocional.

    No hace mucho veíamos el ejemplo del falso anuncio de selección de Burger King exigiendo unos requisitos propios de un empleo muchísimo más cualificado. El objetivo se cumplió a lo que parece generando un enorme impacto en redes sociales y un gran debate sobre esta acción. Porque sucede de nuevo lo mismo que con las Fake News y los Fake Contents: hay quién lo toma por algo cierto.

    Uno de los grandes titulares de este pasado año ha sido el término “Brand Safety”. Internet como nuevo medio (de medios, diría yo) ha gozado de una especie de “presunción de inocencia” que ahora comienza a cuestionarse. Se han cancelado campañas en grandes plataformas digitales, se ha mostrado como mensajes publicitarios completamente falsos y engañosos se han difundido sin ningún tipo de control, etc. Todo ello ha dañado la credibilidad de los soportes digitales, pero también de las marcas que se han asociado de manera ignorante con tal y cual «influencer» o en tal o cual lugar. Que quede claro que no cuestiono en absoluto el marketing de influencia y mecánicas por el estilo, sino que llamo la atención sobre la frecuente falta de criterio que nos ha llevado a situaciones no deseables.

    Pero más allá del impacto en marcas y soportes, quién realmente sale perjudicado de lo que llamo “Fake Advertising”, es el consumidor y su perjuicio es lo que deslegitima determinadas formas de hacer y lo que aconseja tomar algún tipo de acción.

    El machacante discurso de los medios tradicionales alegando su supuesto entorno Brand Safe debería, en mi opinión, girar hacia el “Consumer Safe”. Aquél medio que realmente ofrezca al consumidor una oferta publicitaria sobre productos cuyo mensaje acerca de características y cualidades que efectivamente hayan sido previamente verificados tendrá, creo yo, una mayor aceptación entre los usuarios. Desde luego no es algo de lo que se ocupen actualmente plataformas del estilo de Facebook, YouTube, etc.

    Photo Credit: torbakhopper Flickr via Compfight cc

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  • SLOW TV: Cuando la mera contemplación es entretenimiento

     

    De cuando en cuando el tema de la llamada “Slow TV” asoma por medios (recientemente en este artículo de “El País”) , blogs y redes sociales. También lo hemos abordado en algunas ocasiones en este blog, por ejemplo en el post titulado “Slow TV” de Alexa Portillo y en este otro de Pepelu Viñas que nos relató el nacimiento de la Shlow TV, añadiendo conceptos transmedia sin desvirtuar la mera presencia contemplativa del espectador/a, base, como parece que es el consenso, de la identidad de la Slow TV.

    Igual no queda mucho por aportar sobre el tema, pero déjame que intente abordarlo desde un punto de vista tal vez aún más heterodoxo. Porque, al fin y al cabo, la Slow TV lleva mucho tiempo entre nosotros e intuyo que estará mucho más.

    Por ejemplo, introduzcamos un contexto algo más filosófico, por así decirlo, y hablemos de  términos como “velocidad”, “aceleración” y “lentitud”. En cuanto a los dos primeros, se dice que son señas de identidad del sistema económico, especialmente del capitalismo digital y, por ende, de una especie humana en transformación en relación al uso del tiempo. Decía María Zambrano ya en su época, mostrando su gran clarividencia, que la especie humana había pasado de ser una especie que transitaba por el tiempo a una especie que corre aceleradamente al encuentro del futuro, como queriendo encontrarse con él de forma más rápida. Pero es que el futuro se ha convertido en un tren de hipervelocidad que viene hacia nosotros que, simultáneamente, esprintamos hacia él al sentir la vibración de los vagones cercanos. Más recientemente el ensayo “Contra el tiempo. Filosofía práctica del instante” de Luciano Concheiro, nos muestra un análisis desde diferentes vertientes sobre el impacto de la aceleración y la velocidad. Señalando que,  dada la configuración de nuestra existencia actual, ya no se trata de ir a contracorriente con estrategias de lentitud, sino de encontrar momentos de huida de la velocidad.

    Es en esta huida del ruido de una realidad acelerada donde entiendo la existencia parcialmente exitosa del territorio de la Slow TV. Mientras el huracán nos rodea y todo parece estar en una dinámica de evolución exponencial, un oasis de quietud en el que, simplemente, no pasa nada.

    Porque junto a la huida, elemento muy propio de lo que consideramos entretenimiento, otro elemento en mi opinión básico de la Slow TV es la ausencia aparente de un discurso narrativo típico. En realidad, no es que no suceda nada como se ha dicho en alguna ocasión, es que lo que sucede es inevitable. Se trata, en muchos casos,  de una transición muy previsible de un estado a otro que discurre a su propio ritmo,  en etapas cuya secuencia se va alargando.

    Un ejemplo de este tipo de contenidos contemplativos es “Fireplace for your home 4k” de Netflix,  distribuido por la plataforma desde 2015. Un contenido que calificariamos como típicamente “slow” en el que durante una hora vemos arder la leña de una chimenea desde que se prende hasta que se apaga en alta calidad de video y audio. Netflix nunca ha confirmado los datos de visionado de este formato, como suele ser su política, pero intuyo que no son desdeñables porque, como sabemos, Netflix se guía por datos y aprendizajes sobre los mismos y  tras este formato,  ha publicado otros formatos slow incluidas nuevas versiones de “La Chimenea” . Parece ser que el visionado se intensifica durante las navidades con lo que un elemento que podría contribuir a que no se desgaste podría ser la asociación de este contenido a determinadas etapas del año o eventos. Podrá sonar divertido, pero lo que puedo decir es que es el episodio de cualquier cosa que más he visto en Netflix. No suelo volver a ver ningún episodio de una serie por la que ya he pasado, por tanto puedo concluir que he visionado “La Chimenea” más veces que cualquier episodio de Stranger Things, House of Cards, etc. Algo de la historia de cómo llegó este formato a Netflix se cuenta en esta entrevista con su creador en The Independent.  El creador, George Ford, está especializado en este tipo de contenidos. Es, además,  el fundador de una compañía que se dedica a comercializar productos para el entrenamiento en el «habla» y el canto de pájaros -me refiero a pájaros propiamente dichos – de nombre Pet Media Plus. No me queda muy claro como una cosa llevó a la otra.

    No sólo formatos singulares, en este tipo de contenidos encontramos incluso canales de televisión completos como el canal Slow Channel, disponible en Vodafone TV,  pero también distribuido vía OTT por una suscripción de 1,99€ al mes.

    Muy interesante me parece  la oferta de Napflix, un proyecto español que agrega contenidos slow de diferentes categorías. Aquí se va más allá de la contemplación de la Naturaleza, para incluir contenidos más en la línea de lo que se ha abordado en otras ocasiones en este blog y de lo que los medios suelen hacerse eco: viajes en tren, en barco, etc  Incluyo en este espectro de otras tendencias asociadas al “audiovisual slow”  a tendencias como el llamado ASMR (Autonomous Sensory Meridian Response),  que comenzó a alcanzar popularidad y relevancia en YouTube a través de canales dedicados a sonidos relajantes, dónde el visionado del video en sí es secundario. De hecho, como seguro has imaginado, siendo el audio lo prioritario en estos contenidos, los podcast ASMR no han tardado en aparecer.

    El proyecto Napflix, cuyo nombre sugiere algo así como “el Netflix de la siesta”, ha llamado incluso la atención de los grandes medios internacionales de forma amplia,  apareciendo reseñado por la mismísima Oprah Winfrey.

    Y mucho antes de todo esto, un no siempre bien entendido por la audiencia de televisión, cuyo programa es una de las joyas históricas de la televisión pública estadounidense, la PBS, Bob Ross, nos proponía simplemente contemplar durante su labor artístico-pictórica. PBS Digital Estudios, el brazo de producción audiovisual digital de PBS, hizo también de Ross una de sus enseñas:

    Por tanto, vemos convertirse a lo slow como una amplia tendencia que incluiría, por qué no decirlo, a determinadas competiciones deportivas, como la emisión de competiciones de dardos en ESPN o EuroSport (no lo dudes si tienes insomnio) o al cine y las series de televisión. En el caso del cine,  nos llega desde películas dónde el relato enfatiza lo visual sobre el guión como en el caso, en mi opinión,  de directores como Terrence Malick o Kim Ki-duk hasta películas como “Roma” de Cuarón por poner un ejemplo destacado reciente.  En  cuanto a las series de TV, se trataría de aquellas de las que se dice que “no ocurre realmente nada”, entre las que incluiría la primera temporada de “The Girl Friend Experience” o incluso  a “Sharp Objects”.

    También los reality shows, al estilo de “Gran Hermano” podrían considerarse dentro de este género. Y digo esto porque me parece que lo que tienen en común muchos de estos formatos sigue siendo el hecho de ponernos en una posición de «ultra-espectáculo”, me refiero con este término tan bárbaro a que se nos abre una ventana por la que nos asomamos con la sensación de que a través de ella vemos el discurrir del tiempo pura y sencillamente,  lo que nos provoca una satisfacción nueva: percibir el paso del tiempo a un ritmo más pausado, como detenido.

    Así que en lo más antiguo que podamos vincular al entretenimiento, el hecho de sencillamente estar ahí y mirar, estamos encontrando en estos tiempos algo completamente revolucionario, ser capaces, en medio de la aceleración continua de nuestro entorno, de sentir que podemos sentir que un minuto dura más. Hay quién lo llamaría “aburrimiento”. Yo lo llamo “entretenimiento a través de la mera contemplación”.  Alfred Hitchcock preguntado por su definición de «Felicidad», se refirió a ella como un horizonte claro, sin nada de lo que preocuparse,  un  lugar – añado – dónde puede que no pase absolutamente nada.

    Photo Credit: Mike Turner Flickr via Compfight cc

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  • De Mosaic a Tor. Veinte años de una vida digital

    Veinte

    Hace veinte años que comencé a conectarme a Internet de forma mas o menos regular.  No podría señalar la fecha exacta pero lo que es seguro es que alrededor de la primavera de 1995 me conecté a esa cosa llamada Internet con el único modem de 14.4k del que disponía la empresa de servicios IT para la que trabajaba entonces. Este post pretende celebrar estas dos décadas de conectividad y constituye el extracto en exclusiva para este blog de un presunto libro que algún día se me pasó por la cabeza escribir.

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  • Aprendiendo de la Animación

    3DWire

    Este último año he tenido la fortuna de participar en dos eventos imprescindibles relacionados con la animación: 3DWire y Anima’t.  Ambos han supuesto mi más reciente inmersión en uno de los sectores dónde la unión entre universos narrativos, plataformas, interactividad y negocio forman parte de su genética actual. La animación es un entorno del que aprender ya se tenga la intención o no de lanzar un proyecto clásico de animación. La integración de marcas y productos en el storytelling o el llamado «branded content» es posible que fueran inventados aquí.  Creo que no exagero si afirmo que la innovación en el desarrollo de nuevos modelos narrativos se produce de forma contínua. No perdamos de vista que una de los mayores grupos de entretenimiento del mundo es una corporación vinculada a la animación como es Disney. O que Pixar, parte hoy en día de esta corporación, fue el proyecto elegido como «cuartel de invierno» por Steve Jobs en su tiempo en el exilio de Apple y cuyo paso por la compañía marcaría un antes y un después. Tocaba hablar de animación de forma un poco más extensa en un blog que, como es este, se focaliza en la innovación audiovisual y que en el momento de publicar esta entrada solo otra escrita por Matías Dumont esta dedica a este tema aunque algo más específico como es la infografía animada.

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  • La nueva era de YouTube

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    Titulares y artículos en la prensa tradicional, reportajes en televisión, análisis en blogs, etc. ¿Qué está pasando en YouTube para que en este año 2014 próximo a su fin haya sido objeto de tanta conversación?.  La respuesta es: los youtubers, los creadores audiovisuales nacidos en la plataforma convertidos en  nuevas celebrities digitales. ¿Cómo hemos llegado a esto,  a esa especie de «burbuja» que comenta Roger Casas-Alatriste en su post «La Muerte del YouTuber»?.

    No es por casualidad, ni tampoco es un hecho sucedido de forma espontánea.  Si pensamos en su carácter, un youtuber no se parece tanto como podría pensarse a los fans que le siguen suscribiéndose a su canal. O mejor dicho, se parece como una gota de agua en algunos aspectos. Habla el mismo lenguaje. Comparte referentes sociales y culturales. Pero ha dado un paso adelante. No es un mero espectador de la realidad. Tenía la necesidad de contar una historia y compartirla. Y encontró la forma de hacerlo.

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  • ¿Qué es Innovación en Televisión?

    “¿Qué es innovación en televisión?” la pregunta recién salida de mis cuerdas vocales rebota contra las paredes del magnífico Espacio Fundación Telefónica dónde está teniendo lugar el acto de presentación del libro “Tele. Los 99 ingredientes de la televisión que deja huella” de Borja Terán. Junto al autor, Pablo Lara y Maria Teresa Campos. Según he pronunciado la pregunta me ha parecido que se produce un silencio en la sala y algún respingo al escucharla. Intuyo que muchas de las personas que asisten lo hacen seducidos por la presencia de la popular Maria Teresa Campos. Soy consciente de que con esta pregunta rompo un poco el aire de feliz celebración que rodea el acto instalado en la paz de una cierta nostalgia por la televisión de la infancia y juventud de muchos.

    La pregunta tiene un destinatario, Pablo Lara, a quién atribuyo uno de los mejores criterios como creador de contenidos en el estado actual de eso que llamamos televisión. Aunque nos conocemos de sobra persigo sus a menudo inteligentes reflexiones. Pero me encuentro con un boomerang, cuando a su respuesta añade “¿pero tú qué opinas, Paco?

    Me he vuelto un inesperado protagonista efímero en el acto. Me da apuro, porque son Pablo y Borja y a ambos los admiro, los leo y los escucho y no sé si estoy entrometiéndome más allá de lo que debería. Me lo merezco por abrir la boca. Mientras intento responder con algo que no sea demasiado aburrido para los asistentes – que no dejan de mirar a la Campos- y que no incomode al autor, siento que la pregunta va a seguir suspendida en aire y que por muy irreverente que me muestre contra la televisión del pasado, no voy a ser capaz de esbozar una televisión del futuro. Querido Borja, te pido perdón.

    Cuando acabo unas cuantas frases mal hiladas, tengo la sensación de que los minutos han pasado lentamente, aunque en realidad ha durado menos que una story de Instagram. Ahora que lo menciono, ¿puede considerarse innovación a una “televisión de stories”?. 

    El sentido real de toda esta reflexión tiene que ver con que ya no tengo muy claro a que nos referimos cuando hablamos de innovación en televisión. Ya no sé siquiera si estamos persiguiendo este camino y, si lo perseguimos, por qué vías lo hacemos. De hecho, el acto de presentación del libro de Borja, ha comenzado con algo inesperado: en la pantalla del escenario aparece un vídeo de Maria Teresa Campos con unas gafas de realidad virtual. Está probando esta tecnología en uno de sus programas… ¡hace 25 años!.

    Pero la realidad virtual sigue siendo una promesa que va ganando su espacio como medio paso a paso. ¿Una televisión en realidad virtual es innovación?

    Cómo digo, ya no sé a qué llamamos realmente innovación en televisión. ¿Son las plataformas Over The Top de las que tanto hablamos, Netflix, HBO, Hulu, Disney+, etc innovación? ¿o son simplemente el siguiente paso en la distribución audiovisual?. Podría decirse que suponen un cambio tecnológico en la “emisión” adaptándola a las nuevas formas de consumo y que, como consecuencia, han transformado el modelo de negocio. ¿Podemos separar la innovación en televisión de los modelos de negocio?

    ¿Son Facebook Watch, Tik Tok, IGTV, Snapchat los inicios de un modelo televisivo que nace de lo que hemos llamado redes sociales?. A mi me pasa como a Sonia Got, que no puedo despegar la mirada de los vídeos de Tik Tok. Así que, capturan mi atención y esa atención va consumiendo más tiempo de visionado. ¿Acaso no es este el objetivo de la televisión?

    Tenemos plataformas como YouTube y Twitch. Sobre la primera ya he dicho en múltiples ocasiones que me parece la nueva Free TV global y la segunda se impone sobre la primera como plataforma de Live Streaming, es decir, visionado en directo. Ver contenidos en directo, esto era la televisión ¿no?.

    Nos hemos llenado la cabeza de terminología: AVOD, SVOD, TVOD, Addressable TV, etc, etc. todos estos términos parecen vinculados a nuevos modelos de negocio y distribución de contenidos audiovisuales. Son, o al menos eso opino, la forma que paulatinamente toma la televisión en un proceso que se me hace eterno de transformación.

    Mitele Premium, Atresplayer Premium… la televisión en abierto se vuelve híbrida o freemium en digital, y,  tal vez forzada por la necesidad de nuevas fuentes de ingresos – los últimos datos sobre publicidad no han sido muy halagüeños- explora la suscripción como modelo. ¿Reconvertirse en una televisión de pago en Internet es a lo que conduce la innovación?

    Ya sé que no estoy profundizando ni dando respuestas. La pregunta que motiva este post sigue flotando en la sala. Es más, ha salido ya de ella y sigue, inabarcable a lo que parece, viajando por el tiempo y por el espacio. Sólo han pasado unos segundos en realidad desde que la pronuncié, aunque me parezcan minutos, horas, días. Estoy reflexionando en otra dimensión, al estilo de “Interstellar”. 

    25 años de la Campos probando realidad virtual en televisión, 25 años de Gran Hermano, las fórmulas del entretenimiento una y otra vez recicladas… ¿de verdad queríamos innovar?

    Queremos seguir amando a la televisión de los 99 ingredientes de Borja, pero tal vez esa televisión, mirando al futuro, deje de ser finalmente relevante. O tal vez no, realmente no lo sabemos. Porque lo que es cierto es que, sea lo que sea, se asentará sobre los mismos principios: atención, frecuencia, fidelidad, etc. si es que podemos mantener estas cosas vinculadas a los contenidos audiovisuales.

    Pero tú ¿qué opinas?. ¿Cómo responderías a esta incómoda pregunta que regresó a mí y que salió flotando por los ventanales del edificio Telefónica de Gran Vía?. Intenta contestarla en los comentarios a este post. Te reto a que definas que es innovación en televisión. Tal vez des con la tecla… o con el botón del mando.

    Photo Credit: nrtphotos Flickr via Compfight cc

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  • Drones que cuentan historias

     

    Drone Image 2

    Hace apenas dos años los drones no sobrevolaban nuestras conversaciones. Si lo hacían era en su versión menos amable como son las naves militares no tripuladas utilizadas para destruir objetivos en conflictos bélicos en Oriente Medio. Imágenes de destrucción que poco tienen que ver con la otra realidad que emerge del uso de esta tecnología: el uso de drones para construir información y entretenimiento, para confeccionar un nuevo storytelling.

    Cuando gigantes como Google, Facebook y Amazon, con diferentes objetivos respectivamente, muestran interés haciendo importantes inversiones para disponer de sus propias flotas de drones, puede afirmarse que no estamos ante una moda pasajera. Vamos a convivir en un mundo en el que el uso de drones va a ser común de un modo u otro.

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  • Breve historia de los INVI

    Foto excalibur

    En términos numéricos – años cumplidos- creo que soy el colaborador del blog de más edad, por lo que soy al que le corresponde acudir a las «batallitas» de vez en cuando. Al fin y al cabo como alguien dijo (supuestamente Steve Jobs) en ocasiones para innovar hay que mirar al pasado y hacer una nueva interpretación de él en relación con lo que el futuro pueda deparar. Por otro lado tengo que ser sincero: en ocasiones no leo las entradas del resto de colaboradores el día de su publicación. En ocasiones ni siquiera el día siguiente. Pasados varios días leo los post atrasados del tirón, como quién no quiere ir episodio a episodio en una serie de emisión semanal y espera a verla una vez se haya emitido completa dándose un «atracón», el ya famoso binge. Soy de los que vieron House of Cards el mismo día que Canal+ ofrecía la posibilidad de ver todos los episodios de la temporada.

    Todo lo anterior para decir que después del pequeño banquete de post, lo que he leído me ha animado a mirar hacia atrás, como suele decirse, sin ira. Me ha inspirado especialmente el post de Paula Hernández sobre las webseries tema que conoce, como sabéis, profundamente.

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