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  • Felipe García: «Hay que darle al usuario un retorno de la inversión que hace en su vida online»

    felipe garcia

    Hoy realizamos una entrevista a Felipe García; Felipe es CEO de Knowdle, una asociación empresarial que busca el desarrollo sostenible de negocios a través de la aplicación del conocimiento abierto bioinspirado e inteligencia colectiva. Felipe es el impulsor del Congreso Nacional de Conocimiento Abierto Bioinspirado e Inteligencia Colectiva, que celebró su cuarta edición el pasado 12 de noviembre, con la presencia de algún miembro de Innovación Audiovisual entre los ponentes. Podéis ver el video del evento completo aquí.

    Felipe es uno de esos tipos al que nada más oírle hablar ya sabes que piensa de manera diferente, innovadora. Tiene un discurso que mezcla la programación, la física o la biología con la semiótica, la filosofía y la sociología. Tuve la oportunidad de conocerle en una charla organizada por el Málaga Valley y, picado por el gusanillo del aprendizaje, volvimos a quedar ya en Madrid para realizar esta entrevista. Nada más apropiado que reunirnos en una librería; hablar sobre conocimiento en una fuente del mismo… durante la charla tratamos temas tan diversos e interesantes como la inteligencia colectiva, los contenidos interactivos, las segundas pantallas o las nuevas formas de publicidad y marketing. Espero que disfrutéis de la entrevista.

     

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  • Black friday no more

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    El día de Acción de Gracias es una celebración que reúne a la familia entorno a una mesa para dar gracias por lo recibido. La fiesta llegó a América desde Europa y debe ser de las pocas que no ha vuelto. Desde Florida hasta Terranova casi cada pueblo de la costa atlántica reclama su paternidad. Pero es en Plymouth donde se forja la leyenda del encuentro armónico entre el viejo y el nuevo mundo, tan bien narrada por Terrence Malick en El Nuevo Mundo, una especie de bucle espacio-tiempo. Hoy en día la magia de ese fraternal momento se rompe por completo a las 48 horas con la llegada del Black Friday y la posterior maratón navideña. Pasando del compartir al consumir en un abrir y cerrar de ojos.

    Hasta la semana pasada a mí, todo esto, me importaba más bien poco la verdad. Mientras que en América el Black Friday dura eso, un viernes, aquí se nos ha ido de las manos. Oficialmente comenzó el 27 y terminó el 30. Pero si le sumamos los días de promoción previos la fiesta ha durado más que el rosario de la aurora, o eso me ha parecido a mí.

    Que conste que celebro las ventas y los ingresos que generan pero, una vez más, ha sido a costa de demostrar nuestra debilidad como consumidores. El país entero ha sufrido un ataque súbito de amnesia y lo que ayer era precariedad esta semana pasada ha sido bonanza a raudales. Es una fiesta bien planeada y el coste oportunidad actúa como acelerador de la ventas fundamentada en golosos descuentos. Así que, si no has podido resistirte lo entiendo, porque a mí me ha costado no participar de la fiesta. De los cuatro newsletter que recibo diariamente todos contenían algún mensaje relacionado con el Black Friday. A esto hay que sumarle los mensajes recibidos vía apps, por supuesto cualquier página de internet, las vallas en el metro, las cuñas de radio… no ha habido categoría o producto que se haya librado del Black Friday ni espacio sobre la tierra en el que poder esconderse.

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  • Un brindis de navidad

    Siendo niño visitaba en vacaciones el pueblo de mi madre, Siruela, en Extremadura. Guardo vivos esos recuerdos de pantalón corto y juegos en las calles empedradas, donde el eco de las pisadas de las caballerías creaba un ambiente de cuento en el acontecer cotidiano. Las escenas de jinetes vividas desde mi mirada de niño resultaban un elixir excitante de la imaginación.

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    Foto del autor. Linares de la Sierra, Huelva, España. Agosto 2015.

    Las vacaciones en Siruela también regalaban mis oídos con palabras extrañas, nuevas en su vejez, de esas que no se oían en el patio del colegio o en las calles de mi ciudad, Madrid. Mis amigos extremeños decían “viajera” al autobús, “pellica” al abrigo, “albañal” al desagüe, “borras” a las ovejas … Había una palabra especial, “alberca”, para denominar la pileta que embalsaba las aguas de riego en las huertas, donde siempre había un abuelo comprensivo que nos dejaba aliviarnos de los calores del estío.

    Hace unos días, cuarenta años después de esos chapuzones, he tenido ocasión de descubrir el parentesco etimológico entre “alberca” y “baraka”, un término de la cultura árabe que encontraremos traducido como bendición y también como suerte.

    La sabiduría árabe denominó “alberca” a ese lugar donde el agua reposa y es bendecida antes de fluir y regar con su suerte el vientre de los campos. Una auténtica pila de agua bendita. Hoy, cuando brindamos, hacemos justamente eso, invocamos nuestra suerte en el líquido –no se brinda con carne o pescado o con arroz- y ponemos en juego esa bendición, confiando que surta efecto o celebrando su logro.

    Por eso, en esta alberca llamada Innovación Audiovisual, quiero hoy invocar mi deseo con todos vosotros: brindo porque contemos historias a los niños, pues al hacerlo estamos regando con imaginación la vida que nos nutre.

    Baraka!

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  • FAKE NEWS, FAKE ADS, FAKE CONTENT

     

    Esta es la era VUCA (volatility, uncertainly, complexity, ambiguity), ya se ha dicho hasta la saciedad. El acrónimo, que tiene su origen en el mundo militar referido al escenario posterior a la Guerra Fría, se ha extendido para su aplicación en general al mundo que vivimos. Quizá, para alguno, estos conceptos que se encierran en VUCA sean una especie de nuevos cuatro jinetes del Apocalipsis de baja intensidad – “Apocalipsis” en su sentido de profunda transformación, nada que ver con “The Walking Dead” o narrativas del estilo – o, cuando menos, los cuatro puntos cardinales del mapa de un mundo afectado por la desaparición de los referentes de anteriores épocas. Reglas de juego nuevas, que a veces sólo son comprendidas por iniciados. La “Verdad” (o la veracidad), sea lo que signifique eso, se ha dicho que está en ese contexto en serio riesgo.

    Este tiempo VUCA  parece estar envuelto en papel de celofán marca “FAKE” y con los productos FAKE no están tan claros los efectos como lo estaban con los productos ACME, protagonistas de las historias de El Coyote y el Correcaminos. De estos sabías lo que cabía esperar: el Coyote no saldría muy bien parado pero seguiría una y otra vez empeñado en consumir estos defectuosos productos. Pero nadie está muy seguro de quién sale bien o mal parado con el uso de productos FAKE y a lo peor resulta que somos El Coyote y aún no lo sabemos.

    Breve historia de la Posverdad: HOAX y Fake News

    La Real Academia de la Lengua, acaba de incorporar oficialmente al vocabulario español la adaptación de la expresión “Fake News” con el término “posverdad”. Así que ya es oficial, al menos en términos lingüísticos, que existe una “verdad”, basada en datos objetivos y una alteración de la misma que tiene como objetivo influir en las personas manipulando sus emociones y creencias. Como suele decirse popularmente, para este viaje no hacían falta tantas alforjas.  Hablar de “Verdad” con mayúsculas es un tema lleno de aristas, arduo, polémico, laberíntico, excede a los propósitos de un blog centrado en la industria audiovisual. Industria que, por cierto, tiene como uno de sus pilares a la manipulación  del estado emocional de las personas para mostrar una verdad virtual que vive en la dimensión del entretenimiento. Al fin y al cabo, como cualquier otra actividad artística. Quizás lo que sea necesario resaltar de la posverdad o de las fake news es su intencionalidad, el fin perseguido, y ese fin tiene que ir en contra de los valores comunes, de los derechos de las personas o tiende a menoscabar su bienestar económico, intelectual o físico.  He leído en algún sitio que el adjetivo “fake” para referirse a determinadas noticias, es un dudoso logro del señor Trump, quién comenzó a aplicarlo, siguiendo criterios de su propia cosecha, a aquella información que ponía en cuestión algunas de sus afirmaciones o actuaciones. Si esa es la historia, hay que reconocer que consiguió que el término se viralizase de forma efectiva. Por cierto, la viralización es una parte del mecanismo de funcionamiento de las fake news o de los hoax, como los llamábamos hace no muchas décadas. Tanto éxito ha tenido Mr Trump, que a muchas de sus propias afirmaciones se les ha aplicado el término a cuya fama parece que él mismo contribuyó. Herramientas como el Trump-o-meter de Politifact son un ejemplo de la múltiple oferta en la Red para desenmascarar algunas afirmaciones creativas – manipuladoras, diría alguien – de este señor.

    Este blog ha abordado en otras ocasiones este asunto de la posverdad y la divulgación de bulos. Por Sonia Got en su post sobre bulos en redes sociales y por Montecarlo en su post «Posverdad, mentira y liquidez». Recomiendo la lectura de ambos.

    Nuevos términos para viejas, antiquísimas, prácticas. Representando a nuestra asociación en el Foro Económico de Krynica en Polonia, tuve la oportunidad de abordar – ciertamente por un inesperado cambio de la temática de la ponencia-  el asunto de las llamadas fake news a lo largo de la historia. Suele citarse el tratamiento informativo del hundimiento del Maine en 1898, atribuido a la marina de guerra española y que provocó la guerra hispano-estadounidense, como un ejemplo de manipulación para la creación de opinión pública favorable, en este caso, a la intervención armada. Es solo un caso de los cientos y cientos de ejemplos que siguen un mecanismo muy bien descrito en el libro “Como nos venden la moto”, un mano a mano entre Chomsky e Ignacio Ramonet publicado a finales del siglo pasado. Aunque creo que a nadie se le ha ocurrido decir que el escrito estaba anticipando esto de las fake news. En parte porque no las anticipaba, simplemente confirmaba que existen desde siempre.

    En Krynica me alejé del peliagudo tema de la política para acercarme a algo que considero muy serio: la alteración de los datos científicos a través de informes, investigaciones paralelas, contra-storytelling de todo tipo para demostrar que, por ejemplo, la tierra es plana o que es el Mundodisco de Terry Pratcher. Esto último me resultaría sumamente divertido. Una vez más, creo que en estos casos hay que poner el énfasis en la finalidad perseguida. Alterar la verdad científica puede ser incluso divertido: impagable el documental “Operación Luna” sobre el supuestamente falso aterrizaje del Apolo en la Luna y atribuyéndole a un rodaje realizado por Kubrick en un estudio. Se trata del género llamado “falso documental”, un género que goza de mi máximo respeto. No confundir con “documental falso”. ¿Pero qué se persigue realmente cuando se intenta propagar un bulo seudo-científico?. Dejando de lado oscuras causas provenientes de mentes alteradas, se me ocurre que en muchos casos se trata de sacarle el dinero a alguien,  ponerle en evidencia o de que alguien salga mal parado de alguna manera.  The Great Moon Hoax de 1835, divulgado por The New York Sun, es uno de los ejemplos históricos de este tipo de alteraciones.

    Fake Contents: la credulidad como arma de entretenimiento masivo

    Lo he estado anticipando, cuando el producto “Fake” lo aplicamos en el contexto del entretenimiento, tanto la finalidad como, en teoría, los efectos no son nocivos para empresas o individuos. Digo “en teoría” porque el juego con la realidad ha provocado en ocasiones efectos más allá de lo que tal vez se esperaba. Es parte de la historia de la industria del entretenimiento: la emisión de radio de “La Guerra de los Mundos” de H.G. Wells en 1938 y uno de los ejemplos más citados. La película “The Blair Witch Project” jugueteó durante meses con una historia sobre una misteriosa desaparición generando múltiples piezas de contenido a modo de pistas y pruebas que provocaban la duda entre la audiencia. Todo ello incluso antes del estreno de la película que acabó por convertirse en un hito en taquilla y en uno de los primeros ejemplos modernos de la creación de universos transmedia vinculados a ficción. Estamos hablando de un fenómeno “viral” en la Internet de 1999.

    En el magnífico episodio de celebración del 40 aniversario del programa Saturday Night Live de la NBC, Seth Meyers comenta que el espacio de tratamiento humorístico sobre información de actualidad “Weekend Update with Seth Meyers” provocó numerosos equívocos. Algunas personas creían que estaban ante un verdadero informativo con noticias completamente reales.

    Provocar emociones, o alterarlas, es parte de este juego. El objetivo es entretener y esto es lo que hace de estos formatos de entretenimiento un método de alteración o manipulación de la realidad legítimo: nadie en su sano juicio podría creer que había comenzado una guerra contra alienígenas de turismo en Nueva York. Al menos nadie cuyo estado emocional no hubiera sido previamente conducido a un estado de credulidad. Esa alteración de la percepción de la realidad me recuerda la técnica del denominado “campo de alteración o distorsión de la realidad” que se dice ha sido de uso habitual entre personajes históricos muy persuasivos tipo Steve Jobs. Su uso, básicamente, consiste en que, estamos de acuerdo, esta es la realidad, pero ¿y si fuera de otra manera?, imagínate que no tienes tal o cuál restricción. ¿Qué decisiones tomarías? ¿cómo percibirías esa realidad en ese punto?  El campo de distorsión de la realidad tiene igualmente como objetivo conseguir algo del receptor. En muchos casos, conseguir que haga o sienta algo que no haría ni sentiría en un plano de realidad no alterada.

    Branded Content y Fake Advertising.

    “Pero, ¿Cómo convertir una emoción en un concepto empresarial?”, se preguntan los protagonistas del excelente film “Inception” (Origen) de Christopher Nolan. Es una frase que suelo mostrar en las clases que imparto porque sintetiza muy bien, en mi opinión, el concepto que está en la base del marketing y la publicidad. Al igual que en la televisión, el cine y el entretenimiento en general, la publicidad y el marketing trabajan con las emociones. Con otra finalidad legítima: conectar esas emociones con decisiones de compra. Un formato de televisión o una campaña fracasan cuando no son capaces de llegar a ese punto de conexión. Estos son los básicos que ya conocéis pero que, en muchas ocasiones, se olvidan o no son manejados correctamente.

    Si, todo esto tiene que ver también con el poder del storytelling en general. Casi seguro que lo has pensado ya. No hay que hacer más énfasis en el poder que tiene el relato de historias sobre los seres humanos. En el mundo de la publicidad parece que las historias que se contaban ya no funcionan igual. Simplificando y exagerando mucho, pasamos del vendedor callejero voceando los beneficios de una supuesta pócima curativa a amplificar ese voceo a través de los grandes medios de comunicación para llegar más allá de la plaza. Pero repetir una y otra vez las ventajas de mi producto ya no genera ninguna emoción, es más, genera desconfianza.

    Ese storytelling falseado que, muy a menudo, ha acompañado a la publicidad empezó a ser revisado. La industria creó mecanismos de autocontrol y, en teoría, los medios también: si no se quiere perder reputación como medio, mejor no des visibilidad de productos engañosos. La “publicidad engañosa” es considerada detestable y perjudicial.

    Pero ¿qué ocurre cuando el storytelling publicitario se encuentra con el storytelling del entretenimiento?. Esta es la tendencia. La pérdida de valor como mensaje de las campañas de publicidad, la fuerza de la tecnología y de la conectividad, el alejamiento de las nuevas generaciones de las fórmulas mediáticas tradicionales, ha llevado a un escenario en el que la publicidad emula y explora las fórmulas de los géneros del entretenimiento.

    En ese cruce de caminos me tomo la libertad de crear la distinción entre el branded content y lo que denomino “Fake Advertising”. En ambos casos las marcas se apegan a las reglas del entretenimiento para generar contenidos de interés que, finalmente, sirvan de osmosis del mensaje de marca. Pero cuando me refiero a Fake Advertising, me refiero a llevar las cosas un poco más allá: se trata de generar información falsa a sabiendas para, una vez más, generar un impacto emocional.

    No hace mucho veíamos el ejemplo del falso anuncio de selección de Burger King exigiendo unos requisitos propios de un empleo muchísimo más cualificado. El objetivo se cumplió a lo que parece generando un enorme impacto en redes sociales y un gran debate sobre esta acción. Porque sucede de nuevo lo mismo que con las Fake News y los Fake Contents: hay quién lo toma por algo cierto.

    Uno de los grandes titulares de este pasado año ha sido el término “Brand Safety”. Internet como nuevo medio (de medios, diría yo) ha gozado de una especie de “presunción de inocencia” que ahora comienza a cuestionarse. Se han cancelado campañas en grandes plataformas digitales, se ha mostrado como mensajes publicitarios completamente falsos y engañosos se han difundido sin ningún tipo de control, etc. Todo ello ha dañado la credibilidad de los soportes digitales, pero también de las marcas que se han asociado de manera ignorante con tal y cual «influencer» o en tal o cual lugar. Que quede claro que no cuestiono en absoluto el marketing de influencia y mecánicas por el estilo, sino que llamo la atención sobre la frecuente falta de criterio que nos ha llevado a situaciones no deseables.

    Pero más allá del impacto en marcas y soportes, quién realmente sale perjudicado de lo que llamo “Fake Advertising”, es el consumidor y su perjuicio es lo que deslegitima determinadas formas de hacer y lo que aconseja tomar algún tipo de acción.

    El machacante discurso de los medios tradicionales alegando su supuesto entorno Brand Safe debería, en mi opinión, girar hacia el “Consumer Safe”. Aquél medio que realmente ofrezca al consumidor una oferta publicitaria sobre productos cuyo mensaje acerca de características y cualidades que efectivamente hayan sido previamente verificados tendrá, creo yo, una mayor aceptación entre los usuarios. Desde luego no es algo de lo que se ocupen actualmente plataformas del estilo de Facebook, YouTube, etc.

    Photo Credit: torbakhopper Flickr via Compfight cc

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  • Yo no hablar máquina

    andy_wilkinson

    El entorno tecnológico de hoy en día supone lidiar con cantidades masivas de datos y, como el Big data y sus posibilidades podemos aplicarlo a todas las industrias, muchas son las áreas transversales que cruzan y muestran datos: publicidad programática, analítica web, predicción de consumo de contenidos, etc. Realmente, las máquinas nos hablan y nos dicen datos, y cifras. Nosotras, las personas, no los entendemos y necesitamos ciertos traductores, eso es el terreno de la visualización de datos y nos va a permitir encontrar la utilidad en la información. Si hiciéramos una comparación, sería como dar un lienzo a una máquina para que pintara un cuadro con sus datos, contando historias con imágenes claras, entendibles y, a veces, muy bonitas.

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  • Las audiencias mienten. Fox lo sabe y ha dicho basta

    Logo fox

    Es una constante en cualquier profesional, y aficionado, de la televisión. Cada mañana, casi antes de desayunar, vamos corriendo a mirar la audiencia del día anterior. Espectadores, share, curva de audiencia… son términos que, en algunos casos, dan grandes alegrías a las televisiones, y en otros, enormes disgustos.

    Tendemos a medir el éxito de una serie o un programa de televisión por la audiencia que ha tenido dicha emisión en televisión. La audiencia es soberana y en su mano, o mejor, en su mando, está el poder de renovar, o no, un producto televisivo.

    Y la pregunta es… ¿Hasta cuando será así?.

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  • SLOW TV: Cuando la mera contemplación es entretenimiento

     

    De cuando en cuando el tema de la llamada “Slow TV” asoma por medios (recientemente en este artículo de “El País”) , blogs y redes sociales. También lo hemos abordado en algunas ocasiones en este blog, por ejemplo en el post titulado “Slow TV” de Alexa Portillo y en este otro de Pepelu Viñas que nos relató el nacimiento de la Shlow TV, añadiendo conceptos transmedia sin desvirtuar la mera presencia contemplativa del espectador/a, base, como parece que es el consenso, de la identidad de la Slow TV.

    Igual no queda mucho por aportar sobre el tema, pero déjame que intente abordarlo desde un punto de vista tal vez aún más heterodoxo. Porque, al fin y al cabo, la Slow TV lleva mucho tiempo entre nosotros e intuyo que estará mucho más.

    Por ejemplo, introduzcamos un contexto algo más filosófico, por así decirlo, y hablemos de  términos como “velocidad”, “aceleración” y “lentitud”. En cuanto a los dos primeros, se dice que son señas de identidad del sistema económico, especialmente del capitalismo digital y, por ende, de una especie humana en transformación en relación al uso del tiempo. Decía María Zambrano ya en su época, mostrando su gran clarividencia, que la especie humana había pasado de ser una especie que transitaba por el tiempo a una especie que corre aceleradamente al encuentro del futuro, como queriendo encontrarse con él de forma más rápida. Pero es que el futuro se ha convertido en un tren de hipervelocidad que viene hacia nosotros que, simultáneamente, esprintamos hacia él al sentir la vibración de los vagones cercanos. Más recientemente el ensayo “Contra el tiempo. Filosofía práctica del instante” de Luciano Concheiro, nos muestra un análisis desde diferentes vertientes sobre el impacto de la aceleración y la velocidad. Señalando que,  dada la configuración de nuestra existencia actual, ya no se trata de ir a contracorriente con estrategias de lentitud, sino de encontrar momentos de huida de la velocidad.

    Es en esta huida del ruido de una realidad acelerada donde entiendo la existencia parcialmente exitosa del territorio de la Slow TV. Mientras el huracán nos rodea y todo parece estar en una dinámica de evolución exponencial, un oasis de quietud en el que, simplemente, no pasa nada.

    Porque junto a la huida, elemento muy propio de lo que consideramos entretenimiento, otro elemento en mi opinión básico de la Slow TV es la ausencia aparente de un discurso narrativo típico. En realidad, no es que no suceda nada como se ha dicho en alguna ocasión, es que lo que sucede es inevitable. Se trata, en muchos casos,  de una transición muy previsible de un estado a otro que discurre a su propio ritmo,  en etapas cuya secuencia se va alargando.

    Un ejemplo de este tipo de contenidos contemplativos es “Fireplace for your home 4k” de Netflix,  distribuido por la plataforma desde 2015. Un contenido que calificariamos como típicamente “slow” en el que durante una hora vemos arder la leña de una chimenea desde que se prende hasta que se apaga en alta calidad de video y audio. Netflix nunca ha confirmado los datos de visionado de este formato, como suele ser su política, pero intuyo que no son desdeñables porque, como sabemos, Netflix se guía por datos y aprendizajes sobre los mismos y  tras este formato,  ha publicado otros formatos slow incluidas nuevas versiones de “La Chimenea” . Parece ser que el visionado se intensifica durante las navidades con lo que un elemento que podría contribuir a que no se desgaste podría ser la asociación de este contenido a determinadas etapas del año o eventos. Podrá sonar divertido, pero lo que puedo decir es que es el episodio de cualquier cosa que más he visto en Netflix. No suelo volver a ver ningún episodio de una serie por la que ya he pasado, por tanto puedo concluir que he visionado “La Chimenea” más veces que cualquier episodio de Stranger Things, House of Cards, etc. Algo de la historia de cómo llegó este formato a Netflix se cuenta en esta entrevista con su creador en The Independent.  El creador, George Ford, está especializado en este tipo de contenidos. Es, además,  el fundador de una compañía que se dedica a comercializar productos para el entrenamiento en el «habla» y el canto de pájaros -me refiero a pájaros propiamente dichos – de nombre Pet Media Plus. No me queda muy claro como una cosa llevó a la otra.

    No sólo formatos singulares, en este tipo de contenidos encontramos incluso canales de televisión completos como el canal Slow Channel, disponible en Vodafone TV,  pero también distribuido vía OTT por una suscripción de 1,99€ al mes.

    Muy interesante me parece  la oferta de Napflix, un proyecto español que agrega contenidos slow de diferentes categorías. Aquí se va más allá de la contemplación de la Naturaleza, para incluir contenidos más en la línea de lo que se ha abordado en otras ocasiones en este blog y de lo que los medios suelen hacerse eco: viajes en tren, en barco, etc  Incluyo en este espectro de otras tendencias asociadas al “audiovisual slow”  a tendencias como el llamado ASMR (Autonomous Sensory Meridian Response),  que comenzó a alcanzar popularidad y relevancia en YouTube a través de canales dedicados a sonidos relajantes, dónde el visionado del video en sí es secundario. De hecho, como seguro has imaginado, siendo el audio lo prioritario en estos contenidos, los podcast ASMR no han tardado en aparecer.

    El proyecto Napflix, cuyo nombre sugiere algo así como “el Netflix de la siesta”, ha llamado incluso la atención de los grandes medios internacionales de forma amplia,  apareciendo reseñado por la mismísima Oprah Winfrey.

    Y mucho antes de todo esto, un no siempre bien entendido por la audiencia de televisión, cuyo programa es una de las joyas históricas de la televisión pública estadounidense, la PBS, Bob Ross, nos proponía simplemente contemplar durante su labor artístico-pictórica. PBS Digital Estudios, el brazo de producción audiovisual digital de PBS, hizo también de Ross una de sus enseñas:

    Por tanto, vemos convertirse a lo slow como una amplia tendencia que incluiría, por qué no decirlo, a determinadas competiciones deportivas, como la emisión de competiciones de dardos en ESPN o EuroSport (no lo dudes si tienes insomnio) o al cine y las series de televisión. En el caso del cine,  nos llega desde películas dónde el relato enfatiza lo visual sobre el guión como en el caso, en mi opinión,  de directores como Terrence Malick o Kim Ki-duk hasta películas como “Roma” de Cuarón por poner un ejemplo destacado reciente.  En  cuanto a las series de TV, se trataría de aquellas de las que se dice que “no ocurre realmente nada”, entre las que incluiría la primera temporada de “The Girl Friend Experience” o incluso  a “Sharp Objects”.

    También los reality shows, al estilo de “Gran Hermano” podrían considerarse dentro de este género. Y digo esto porque me parece que lo que tienen en común muchos de estos formatos sigue siendo el hecho de ponernos en una posición de «ultra-espectáculo”, me refiero con este término tan bárbaro a que se nos abre una ventana por la que nos asomamos con la sensación de que a través de ella vemos el discurrir del tiempo pura y sencillamente,  lo que nos provoca una satisfacción nueva: percibir el paso del tiempo a un ritmo más pausado, como detenido.

    Así que en lo más antiguo que podamos vincular al entretenimiento, el hecho de sencillamente estar ahí y mirar, estamos encontrando en estos tiempos algo completamente revolucionario, ser capaces, en medio de la aceleración continua de nuestro entorno, de sentir que podemos sentir que un minuto dura más. Hay quién lo llamaría “aburrimiento”. Yo lo llamo “entretenimiento a través de la mera contemplación”.  Alfred Hitchcock preguntado por su definición de «Felicidad», se refirió a ella como un horizonte claro, sin nada de lo que preocuparse,  un  lugar – añado – dónde puede que no pase absolutamente nada.

    Photo Credit: Mike Turner Flickr via Compfight cc

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  • La sombra de Fallon es alargada.

    Para mí al menos era inevitable abordarlo. Desayunando el otro día con la triste noticia del fallecimiento de Pat Fallon –un publicitario que a los 70 años se encontraba entre la ley de vida y el valor de ley– me asaltó la necesidad de recordar y revisar la enorme y perdurable influencia que ha ejercido en nuestra profesión.

    Basta con googlearlo someramente para ver cómo, sobre todo desde finales de los 90 -con el desembarco de su agencia en Europa- hasta bien entrado el milenio y su segunda revolución industrial digital, su trazo indeleble nos regala pequeños hitos de la comunicación comercial: desde los archiconocidos Balls y Gorilla de Juan Cabral para Sony y Cadbury, hasta los pretéritos éxitos de relumbrón como Cat Herders de HP para la Superbowl o, el que ahora mismo nos ocupa, The Hire para BMW.

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  • XR o Realidad Extendida: ¿una realidad para gobernarlas a todas?

    ¿Qué es la XR? Puede que sea la primera vez que veais estas siglas o ya os suenan gracias a la zona dedicada a ella en el Espacio Telefónica de Madrid. La XR es lo que se conoce como eXtended reality o Realidad Extendida. En este maremágnum de realidades, quizá sea un buen momento para reflexionar sobre ellas.

    Hace ya un tiempo que hablamos de la fórmula de la inmersión, y ya por entonces mencionamos cuatro realidades: la realidad aumentada (AR), la realidad virtual (VR), la realidad alternativa (ARGs) y la realidad representada. Se nos quedó entonces una realidad en el tintero, que ha ido cobrando fuerza en los últimos tiempos: la realidad mixta (MR).

    Esquema continuo de la virtualidad

    La realidad mixta, según la definieron Paul Milgram y Fumio Kishino en 1994 es todo aquello que se encuentra entre los extremos del continuo de la virtualidad. Es decir, todo lo que existe entre el mundo más tangible y el mundo completamente virtual, con todos los diferentes gradientes intermedios de combinación entre ambas.

    Sin embargo, el concepto de realidad mixta, viene usándose últimamente con una definición distinta, como una combinación entre realidad aumentada y realidad virtual. Esto se debe al lanzamiento de tecnologías como Microsoft Hololens, Magic Leap One o MetaVision Meta 2, unos dispositivos en forma de gafas o cascos que permiten hibridar la realidad, utilizando el entorno real para convertirlo en semi-virtual. Esta tecnología nos permite ir más allá de la realidad aumentada, que solamente superpone capas de objetos virtuales sobre la realidad. Este concepto de realidad mixta permite incluir objetos virtuales dentro de la realidad, atendiendo a dos elementos clave: la renderización del espacio real (el objeto virtual se acopla al espacio en el que está, en cuanto a dimensiones e iluminación, por ejemplo) y la oclusión (los objetos virtuales son ocultados si un objeto real obstaculiza su visión).

    Por lo tanto, la realidad mixta se ha convertido en algo muy concreto, que se aleja de su connotación original que cubre todo el espectro entre lo real y lo virtual. Así surge el concepto de Realidad Extendida (XR), en un nuevo intento de encontrar una terminología que las englobe a todas.

    Sonido binaural: Una XR más allá de los ojos

    Si nos paramos a analizar todas estas realidades, en la mayoría, el papel predominante para la inmersión es la generación de un entorno visual para generar la inmersión. Y aunque esto es lógico ya que la vista es el sentido en el que más se apoya el ser humano para comprender lo que le rodea, el concepto de realidad extendida nos permite ir más allá de la inmersión que se puede provocar a través de los ojos.

    El sonido binaural trata de generar un espacio sonoro 360º, en el que los sonidos llegan al oyente desde diferentes puntos a su alrededor. Esta sensación de atmósfera sonora envolvente se genera imitando la manera que tenemos de percibir los sonidos. Nuestras orejas filtran el sonido según su origen en el espacio, y esto permite a nuestro cerebro identificar la procedencia. Esto mismo se reproduce con el sonido binaural: o bien grabado con dummy heads que recrean esa escucha humana del sonido, o bien editado para recrear estas filtraciones.

    El sonido binaural es uno de los grandes responsables de la inmersión en los videojuegos o en las experiencias de realidad virtual, pero también tiene entidad por sí mismo. En España es destacable la iniciativa de Lab RTVE, PlayZcast, una plataforma de ficción sonora binaural.

    También se ha experimentado con el sonido binaural en combinación con un espacio físico y un evento en directo. La compañía de teatro Complicité ya experimentó en The Encounter con el uso del sonido binaural en vivo, en el que Simon McBurney hablaba directamente al oído de todos los espectadores que le acompañaban en la sala.

    Simon McBurney creando espacios sonoros binaurales en «The Encounter». Imagen de Broadwaybox

    Pero ¿cómo podemos usar el sonido binaural como una aliado para generar una realidad extendida en el espacio real?

    En los prototipos de Retrotopía o cómo morir de nuevo, tratamos de llevarnos lo mejor de la realidad virtual al espacio real: conseguir que el espacio sonoro, ya binaural, además se adaptara al movimiento de los espectadores. Gracias a una tecnología como el head-tracking, conseguimos que el diseño sonoro binaural se adaptara al movimiento de la cabeza de aquel que lleva el auricular, de modo que el sonido se mueve contigo. Esta experiencia, combinada con la sincronización del sonido con una puesta en escena inmersiva nos lleva a encontrar un nuevo tipo de realidad extendida.

    Pero la experimentación no ha hecho más que empezar. ¿Y si conseguieramos que el sonido no solo se mueva, sino que además se modifique con el comportamiento de un espectador en un espacio físico concreto? Balizas bluetooth, internet de las cosas, machine learning… Todas estas tecnologías están cada vez más al alcance para la investigación y la creación de nuevas posibilidades dentro del paraguas de la realidad extendida. XR, VR, AR, MR, ARG… Preparaos para lo que viene, esto no ha hecho más que empezar. El lío de siglas va a ser monumental.

     

    Imágenes: Wikimedia, Broadwaybox y Pixabay

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  • Media Psychology: la TV en el diván

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    «In Treatment», HBO

    Después de los ataques terroristas de París, Jorge Guillén García publicaba el post Blackout informativo en el que mostraba su asombro por la incapacidad de las antenas “grandes” de televisión convencional españolas para informar y dar respuesta a la actualidad de los acontecimientos en la capital francesa. Lamentablemente, no es la primera vez que pasa.

    Ahora bien, estos temas, que en principio tendrían que cambiar nuestras vidas, como si se tratara de arte de magia aparecen y desaparecen: ahora #todossomosparis, la semana pasada era la crisis de los refugiados, y hace un mes el Ébola. En unas semanas, nadie se acuerda de nada. Los medios, para mantener el interés de su audiencia, miran hacia otro lado buscando nuevos temas. ¿O es al revés? ¿Producto del cambio de foco de los medios, la audiencia pierde el interés en estos temas?

    Tanto monta, monta tanto, pero más allá del huevo o la gallina podríamos preguntarnos si podríamos saber algo más sobre estas incoherencias que forman parte de nuestro día a día mediático.

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