¿Cuánto pagarías por un móvil?

Vivo en un drama continuo. De hecho algunos de mis allegados me llaman ‘Lady Drama’ no sin razón. Pero a veces esos dramas absurdos de los que adolezco tienen una base. Por ejemplo, mi relación con el móvil. Soy adicta a él. Amante de Android, le fui infiel con un iOS una temporada, y por azares del destino he acabo en manos de un Windows Phone que a pesar de su batería, acrecienta mi úlcera. Pongo un ejemplo: antes lo fotografiaba todo, ahora abrir la app Lumia Camera me supone una media de 6 segundos, 6, 6 segundos. ¿Ven las estupidez de mis dramas? Queda claro.

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Basado en vídeos reales

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Lo admito, mis tíos eran de los que viajaban con la videocámara y nos hacían reportajes infumables que hoy sirven de escarnio en las reuniones familiares. Cualquier habilidad servía para rellenar cintas y cintas de VHS con los ‘Pajaritos a bailar’ de María Jesús y su acordeón, recitales de guitarra, villancicos y espectáculos navideños. Es una pena que allá por los 80 no tuvieran Youtube, Vimeo o Vine… estoy segura de que alguna estrella de las redes sociales nos habría salido en la familia.

Hoy los usuarios usan sus smartphones, cámaras y tablets para grabar sus momentos  de felicidad, sus pasiones, lo que les divierte, lo que aman. Y no hay nada como hacer algo que amas, para que probablemente acabe saliendo bien o construyendo un momento digno de compartir. Las marcas lo saben y por eso aprovechan estas perlas de UGC para su beneficio. Según el último estudio de la consultora Crowdtap, el contenido generado por los usuarios es un 50% más fiable que el de otros medios y además ayuda a favorecer la compra un 20% más que otros contenidos (especialmente en la adquisición de tecnología, vehículos y viajes). Si además atendemos a que las redes sociales más utilizadas o visitadas son Facebook (94%) y Youtube (68%) según el último estudio de la IAB. Tenemos un escenario perfecto.

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