Storytelling en los videojuegos: The Game Makers.

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La narrativa en los juegos es importante, no quiere decir que sea imprescindible, pero los videojuegos tienen la capacidad de transmitir historias de una forma única. Estas historias se convierten en el nexo entre lo digital y lo humano, entre lo virtual y la realidad.

Hace unos años, se centraban en juegos mecánicos donde la gente sólo buscaba poner a prueba sus habilidades, pero en los tiempos que corren esto no es suficiente. Hoy en día hay mucha gente que lleva jugando desde hace casi veinte años y que representa un perfil de jugador más maduro que busca experiencias más profundas, sin perder un ápice de diversión e interactividad.

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Streaming, Adblocking & Brands

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¿Cómo vamos a conseguir hacer llegar el mensaje de las marcas a los consumidores en un mundo en que Netflix suma 93,8 millones de suscriptores, y los adblockers se ofrecen gratis a docenas para cualquier tipo de soporte?

La respuesta “produciendo contenido de interés” está ya bastante vista. Al final, hace 5 años que Intel y Semp Toshiba lanzaron “The Beauty Inside” (para los fans – ¡se hace película en Hollywood este año!), que les dio un Emmy y mejoró la imagen de 2 marcas que llevaban su capa de polvo en cima.

O sea, “producir contenido de interés” que trabaje marca / producto y ventas es como decir “comunicarse bien”. Un genérico, que tiene muchísimo curro por detrás. Un contenido bueno tiene, salvo muy pocas excepciones, un coste muy alto de producción.  Y una vez que se hayan producido, hay un coste adicional asociado de promoción. Y no hablemos de virales…al final, hasta los catarros necesitan una base de contaminados “en origen” para hacerse epidemia, así que sin un presupuesto de “seeding”, el éxito es muy complicado.

Como dificultad adicional – encajar la gran mayor parte de las marcas en proyectos de contenido “molones” que además, encajen con la personalidad de las marcas es un trabajo quirúrgico. Y si sumamos que la gran mayoría de los anunciantes llevan sorteando la crisis construyendo marca a través de sus campañas de producto, más.

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Como comunicadores, no nos quedará otra que explicarlo muy bien. Habrá que buscar “El Anunciante Valiente”, llevarle “La Gran Idea” y esperar que tenga el “Presupuesto En Condiciones”.

¿Y a los demás? ¿Les quedará el product placement y los espacios cada vez más rechazados de publi programática?

 

 

“Tarde para la ira”. Bea Bodegas y el storytelling detrás de la película

Hace poco más de 48 horas que una película de presupuesto discreto se alzó como la favorita de los Premios Forqué que concede EGEDA (Entidad de Gestión de los Productores Audiovisuales), para muchos el premio más importante de nuestra industria. Pasó por delante de grandes obras, en el otro extremo de los dineros y las taquillas. Competía nada menos que con ‘Un monstruo viene a verme’, ‘El hombre de las mil caras’, ‘Que Dios nos perdone’, ‘Julieta’ y ‘1998. Los últimos de Filipinas’. El premio se lo llevó Bea Bodegas con su productora La Canica Films. Ah, ¿Qué no os lo había contado? Ella es la mujer detrás del título, la productora, la impulsora de un storytelling implacable que ha convertido una opera prima en un fenómeno que, según los augures, se consagrará en los Goya del próximo 4 de febrero, en los que parte con 11 candidaturas.

He querido dedicar esta reflexión a ‘Tarde para la ira’ y a Bea Bodegas porque tuve el privilegio de vivir a su lado el triunfo, de conocer detalles de la producción, de ver cómo su nombre ni siquiera aparece en la mayoría de los pies de foto que la retratan con el equipo. Y sin embargo, lo que sucedió en Sevilla la noche del sábado 14, se debe en gran parte a ella y a su capacidad para crear un entramado fascinante que convirtió en virtudes lo que parecían defectos y en oportunidades lo que se anunciaba como fracaso.

¿Cómo ha llegado ‘Tarde para la ira’ hasta aquí? Sigue leyendo

“POSVERDAD, MENTIRA Y LIQUIDEZ”

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El pasado mes de noviembre tuvo lugar el primer foro de Innovación audiovisual que se celebraba en Barcelona.
El plato fuerte de la sesión (además hacer público que nos constituimos como asociación) fue una serie de diálogos abiertos entre un miembro de IA y una persona “ajena al sector”. Entiéndase que los perfiles de los miembros que firmamos este blog son muy variados, y que existen muchas profesiones que, perteneciendo a otros campos, entrecruzan sus caminos con el nuestro. (Son tiempos líquidos, con el permiso de Zygmunt Bauman, en paz descanse). En cualquier caso, la intención era clara: ofrecer al público asistente una reflexión diferente sobre las cuestiones que habitualmente tratamos, aportando nueva luz de un modo distendido.
Tuve el placer de romper el hielo entrevistando a Mando Liussi (@mandomando), gran profesional, excelente conversador y mente lúcida donde las haya.
La necesaria brevedad del encuentro hizo que pasáramos por encima de muchos temas que se merecen la suficiente atención como para volver sobre ellos.
De todo lo que allí se habló, tal vez el asunto de mayor actualidad sea el de la posverdad, concepto elegido por el Oxford Dictionary como palabra del año 2106, y término del que nos cansaremos de oír hablar antes de que finalice este 2017.

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Una vieja definición explica que “moda es lo que pronto pasa de moda”. Sea porque hemos hecho extensiva la definición a otros aspectos de la vida, sea por el hábito que hemos adquirido de demandar nuevos estímulos continuamente, sea porque alguien quiere hacerse con el título de creador del concepto más novedoso del momento o sea porque ciertas palabras poseen una viralidad incontenible, el concepto de posverdad nos acompaña desde hace algún tiempo, impregnando titulares, noticias, comentarios y todo aquello con lo que se cruce.
Periodistas y tertulianos lo han adoptado, y parece irremediable que su presencia habitual nos lleve a no plantearnos qué quiere decir. Sí, la cotidianeidad tiene estas cosas: confundimos la proximidad con el conocimiento.
No le demos más vueltas, posverdad es un eufemismo. Y entiéndase bien: un eufemismo mojigato y malintencionado.
Desgraciadamente, no es un caso único. ¿Qué decir de la expresión “políticamente correcto”? O del insultante (para el que lo escucha o lee) “encausado” que ha venido a sustituir a “imputado”, para que nadie se sienta herido (entre los que se sienten en el banquillo).

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Si esos términos se imponen es, entre otras cosas, porque son un reflejo de los tiempos que vivimos.
La etimología de las palabras ya no cuenta para nada. Sin ir más lejos, “políticamente correcto”, que se remonta al siglo XVIII (y que posteriormente haría suyo el Marxismo-leninismo), no se aplicaba del mismo modo en que se hace hoy en día. Olvidada durante un tiempo, la expresión reapareció con un significado ligeramente diferente. Ya no era una simple etiqueta: era una manera de hacer y decir las cosas y, sobre todo, era un veto.
Ahora se considera inaceptable “llamar a las cosas por su nombre”. Dicho de otro modo: no se puede hablar claro porque la claridad, más que comprensible, resulta ofensiva.
Pero… ¿Por qué? Pues bien, porque aún tenemos un resquicio de consciencia que nos recuerda lo que fuimos, lo que queríamos ser, lo que soñamos y por lo que luchamos (nosotros y nuestros ancestros).
Pero tranquilos, eso es fácil de solucionar. Sólo tenemos que darles el suficiente tiempo y recursos y los que obtendrán beneficios de nuestro olvido y estupidez se harán cargo de la situación. Fantástico, ¿no? No más preocupaciones, obligaciones, responsabilidades…

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Creedme o no, pero cuando Aristóteles dijo aquello de que “es más importante ser verosímil que ser cierto”, no existía Internet, ni la posverdad ni se habían formulado las teorías de la complejidad . (Me remito un post que escribí en este mismo blog hace unos meses).
Tampoco existían periódicos en aquella época, y lo de “contrastar la información”, por muy vital que fuera, no creo que figurara en el código deontológico de nadie. Veinticinco siglos después, no sólo vivimos en la era de la inmediatez, también es la era de la estupidez.
Como suelo decir, no quiero que se me malinterprete. No es nostalgia: en todas la épocas se ha manipulado la opinión pública (de un modo u otro, con mayor o menor fortuna). Hoy la tecnología que utilizamos es digital, especialmente representada por Internet. ¿Le vamos a echar la culpa de todo?
¡Qué tentador! Pero no. Permítaseme ser políticamente incorrecto: “La vida, la verdad, es a veces poco consecuente con las estadísticas y menos con los cuentos que pretendidos gurús nos intentan inculcar”.

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La posverdad no es más que una manera ridícula y políticamente bien pensante de decir: “tengo miedo”. O debería decir: otros dieron sus vida para que yo, sin levantar mi culo del sofá, tenga derecho a voto, a una sanidad pública y a otras muchas cosas. La posverdad es la historia que otros (los que se aprovechan) hacen el viaje en mi nombre. Una mordaza que no me enmudece, sino que me convierte en altavoz de mis opresores.
La posverdad, antes repudiada y llamada mentira, a día de hoy se alza y reclama su validez (al fin y al cabo ha sufragado los gastos de la operación “limpieza de cara”). Si queremos tener la conciencia tranquila, ¿qué es más importante? ¿Tener la verdad o la versión pública-oficial? ¿Y si queremos tener el bolsillo lleno? Es una pregunta retórica, claro. La respuesta nos la dará cualquier banco.
¿Qué necesito para ser creíble? ¡Fluidez, fluidez, fluidez!
En conclusión: no podemos fiarnos de todo, y mucho menos de lo que nuestros sentidos nos dicen. Como apuntaba al inicio, vivimos tiempos en los que todo, absolutamente todo, es líquido. Incluso el agua. O eso dicen.

(NOTA: todas las imágenes de este artículo han sido extraídas de la red. Autoría desconocida).

Los Villanos de las Marcas

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Los Villanos de las Marcas

La talla de una historia se mide por la dimensión de su villano. El villano entendido como la representación material de aquellas corrientes oscuras que colisionan en un conflicto. Y allí es donde la verdad de una historia juega al póker con su audiencia buscando  interés, identificación, emoción y prestigio. Por eso, una de las tareas del storytelling es encontrar los villanos de las marcas.

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Yo inventaré el futuro por ti

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Y lo haré útil y emocionante.

Necesitamos que nos cuenten historias, pero también necesitamos creérnoslas. Justo ahí, la Inteligencia Artificial se enlaza con la innovación y las emociones. Y empezamos a hablar de coches, cohetes y hasta películas.

Pero antes de todo esto, llegó El Turco.

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Fashion Films: cuando la moda cobró movimiento. ¿Y volumen?

Esta semana he tenido sesion intensiva de fashion films y – como suele pasar en estos casos –  he tenido tiempo más que de sobra para reflexionar entre rodaje y rodaje. Y, mientras veía como el fotógrafo pasaba su cámara del modo disparo a la ráfaga y la grabación, me venía a la mente cuánto ha cambiado el mundo de la moda con el boom del vídeo.

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La salud de las historias

 

Storytelling, eSalud, eHealthLas marcas utilizan el Storytelling con enfoques que buscan conectar con un valor o una causa social. El sector de la salud y el bienestar, en su sentido más amplio (Pharma, Health & Wellness), es uno de las categorías que por su propias características de estar centradas en las personas necesitan explorar enfoques innovadores para diferenciarse.

Uno de los retos a superar es que la obsesión por imponer premisas positivas a una campaña publicitaria puede apelmazar el conflicto inherente al tema tratado. Cuando las historias chocan con lo políticamente correcto solo crece la inverosimilitud, o peor aún, la ñonería seguida de desinterés.

El humor combinado con la valentía de mostrar un tema sin filtros es una de las formas de conjurar esos males: Campaña #TetasXTetas

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Storytelling, Metáforas y Comunicación de Empresa

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Ilustración de Rea Irvin

No toda nuestra comunicación tiene forma de relato, aunque inconscientemente tendamos a dársela, puesto que de las muchas maneras y formas de comunicar, el Storytelling no es sólo la más antigua, también es la más eficaz. Según demuestran estudios recientes, nuestro cerebro está preparado para almacenar la información en forma de relato.

Nos contamos historias por muchos motivos, aunque uno de los más importantes es “imaginar el mundo”: darle un sentido a nuestro entorno y a lo que nos sucede.
Para ello a menudo utilizamos metáforas, imágenes que ilustran y hacen más comprensible y memorable la explicación.
Aunque toda metáfora es una traducción simplificada de la realidad, cumple su función. Digamos que estamos dispuestos a perder parte del contenido en aras de que el mensaje sea comprensible. Sigue leyendo

Yo quiero ser moderno, moderno quiero ser,…

 

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Cuando dejarán las marcas de “medirse” las campañas y compararlas con otras marcas,.. “tengo más fans que tú en Twitter y conseguí 50.000 en Facebook en un día”,…. los tiempos cambian, existen nuevas tecnologías que abren las compuertas al océano de posibilidades para los creadores (para todos), y sabemos que es lo que les gusta y lo que no les gusta a los fans (algunos mejor que otros).

Términos para definir estos cambios aparecen y desaparecen sin dar tiempo a ver que es lo que significan en realidad. La verdad es que es un poco rollo y empiezo a estar harto de toda esta movida, ¿porqué no puede ser más sencillo?, ¿ o por lo menos más emocional y directo? Sigue leyendo