No le digas a mi madre que soy Community Manager

Chiste

“Odio el término Community Manager. Me sugiere trabajo de aficionado” decía hace unos días un compañero que prefiere que nos llamemos Editores de Medios Sociales. Probablemente no haya otra profesión que haya conseguido tal nivel de descrédito en tan poco tiempo de existencia ¿Por qué? Pues seguramente por un exceso de expectativas y por la falta de profesionalidad de algunos de los CM que aún hoy están en el mercado. Pero los Community Managers o Editores de Medios Sociales o como queramos llamarlos son un puesto clave en muchas empresa y afortunadamente tienen un perfil cada vez más completo. Las ofertas de empleo de los grandes medios exigen para esa posición licenciados en periodismo, comunicación o publicidad, con dominio de gestión de todas las redes sociales, conocimiento de herramientas analíticas, edición de foto y vídeo, creatividad y, por supuesto, dominio del inglés. Aquí un ejemplo en esta oferta reciente de The Objective.

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¡LA TELE ES VIRGEN!

La tele es virgen. Concibe contenidos de entretenimiento por la gracia de las productoras pero… no hay padre. A las teles se les aparece un mensajero, generalmente en una empresa de producción audiovisual, con un mensaje divino (el proyecto) y tras unos meses de producción,  se estrena un nuevo programa que tendrá mejor o peor fortuna en la vida.

Recojo el testigo de Javi Jáuregui sobre el tema de El arte de pasarse al autor por el forro… Aquí me voy a ceñir al entretenimiento televisivo. Como autora tengo la sensación, decía, de que los formatos de televisión surgen por generación espontánea. Si, así os lo digo. No hay autor que conciba, elabore y desarrolle propuestas de formato. Las ideas, los proyectos son de las productoras de contenidos pero no hay autor.

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Bueno algunos si tienen autor. Por ejemplo: El Hormiguero de Pablo Motos, Gran Hermano de John de Mol. Pasapalabra: Rebecca Thornhill, Mark Maxwell-Smith, Andrew O’Connor. Late Motiv: El terrat Pero eso son programas, obras audiovisuales producidas. Y esos autores son dueños de las productoras que los producen. Qué coincidencia.

Los canales de televisión nutren sus parrillas de contenidos audiovisuales. Y todo lo que no es ficción se mete en el saco de “entretenimiento televisivo”: Los programas de actualidad, los concursos, los programas divulgativos, los dating, los realities, los coach…. Alguien se ha tomado la molestia en el sector de clasificar los programas por géneros y subgéneros. Así que algo debe existir susceptible de merecer tal estudio pero solo si llegan a la pantalla. Antes de convertirse en obra audiovisual, parece que no tienen entidad como ideas. Esa construcción intelectual que puede llegar a ser una obra audiovisual protegida, está absolutamente desprotegida.

Los formatos televisivos son uno de los mecanismos más utilizados en la industria audiovisual. Su protección por el derecho de autor es un tema de mucho debate académico y técnico que se refleja en la diversa jurisprudencia internacional y nacional que existe sobre la materia.

Gisela Gaffoglio (Argentina) define al formato televisivo como: «un documento escrito en el cual se indican las principales características de un programa de televisión: mecánica, ambientación, escenografía, vestuario, coreografía, musicalización, etcétera, de modo tal que aquel que tenga acceso al formato pueda llegar a crearse una impresión bastante precisa del mismo».

Algo así son los documentos que presentamos, los creadores (quizá suena pretencioso), los guionistas (técnicamente no son guiones) o los autores (que oficialmente no existimos) a los responsables de entretenimiento de las cadenas cuando queremos vender un proyecto de programa de televisión. Pues ese documento en el que un creador individual o colectivo plasma su idea y refleja la conceptualización de la misma, el desarrollo del contenido y los elementos de su propuesta que considera más relevantes para su interlocutor (concepto, estructura, presentadores, perfiles protagonistas, narrativa visual, estructura, duración, estilo…), no se puede proteger legalmente. Tal y como está hoy por hoy, redactada nuestra Ley de la Propiedad Intelectual ese documento no sirve para proteger esa propuesta, “el formato”. Lo que registra un autor es la literalidad, la redacción del documento, negro sobre blanco, sin apoyo ninguno de material gráfico pero no el proyecto que podría llegar a ser.

Así las cosas, si un autor quiere proteger su proyecto de formato, Julia Gil desde Bloguionistas nos recomienda los siguientes pasos: 1) Registro, 2) una presentación en la que quede clara el concepto estructura y formato del programa, 3) un documento de entrega y 4) en caso de interés por parte del receptor HAY QUE PACTAR UN PAGO Y UN PLAZO en el que el proyecto se realizará.

Parecen unas medidas preventivas muy razonables. Por favor, dejad vuestra experiencia al respecto en los comentarios.

¿Registras tus proyectos antes de llevarlo a una productora o televisión?

¿Exiges acuse de recibo de los proyectos que presentas?

¿Pactas habitualmente un pago y un plazo tras el cual recuperarás el formato?

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En España, la Academia de Televisión ofrece a sus miembros la posibilidad de registrar formatos entregando el documento impreso que el autor estime oportuno como proyecto. En este caso los creadores audiovisuales son libres de incluir en este documento los elementos que estimen oportunos. Llegado el momento, si es necesario se podrá recurrir a ese proyecto registrado que podrá contener más elementos que el texto literal que es lo que nos permite, por ahora el Registro de la Propiedad Intelectual.

Y ¿qué sucede con los guionistas que están contratados por una productora para desarrollar formatos? ¿Renuncian a su autoría a cambio de un sueldo?

No amigos, aunque algunos contratos de guión o desarrollo recojan en alguna cláusula que el guionista renuncia a determinados derechos, se trata de derechos irrenunciables.

La legislación española es claramente defensora de los derechos morales, reconocidos para los autores y para los artistas intérpretes o ejecutantes. Estos derechos son irrenunciables e inalienables, acompañan al autor o al artista intérprete o ejecutante durante toda su vida y a sus herederos o causahabientes al fallecimiento de aquellos. Entre ellos destaca el derecho al reconocimiento de la condición de autor de la obra o del reconocimiento del nombre del artista sobre sus interpretaciones o ejecuciones, y el de exigir el respeto a la integridad de la obra o actuación y la no alteración de las mismas.

No está todo perdido. Pero necesitamos reconocer que el formato existe como obra registrable. Si no hay formato no podemos defender el proyecto y la obra, el programa audiovisual producido es propiedad de la productora o del canal que lo emite.

Pues bien, en España a día de hoy, son pocas la productoras que reconocen la autoría de los formatos de la única manera que se puede reconocer, reflejándola en los títulos de crédito. Se podría reconocer de muchas más maneras, la más inmediata es otorgarle un valor económico, pero también se podría garantizar el empleo del creador como director, productor ejecutivo o guionista del programa.

Me alegraría bastante lograr cierto consenso al respecto entre nosotros, innovadores, y me gustaría proponer un debate al respecto. Los autores estamos absolutamente desprotegidos. Pasamos años creando en la soledad de nuestra pantalla al son de nuestros teclados. A veces no tan solos, una firma colectiva merece un reconocimiento también y son tan pocas las veces que suena la flauta que deberíamos ponernos de acuerdo y consensuar unos mínimos derechos sobre nuestras obras.

He estado muy tentada de añadir jurisprudencia pero hay otros colaboradores de este blog muchísmo más autorizados para eso que yo. Fuese cual fuese la sentencia, por ejemplo, sobre el posible plagio de “Españoles por el mundo” a “Madrileños por el mundo” está claro que era una buena idea y que una productora o dos y dos canales tienen ganancias gracias a esa idea original.

Me ilustraba para escribir este post Concepción Cascajosa, Profesora de Universidad y Experta en formatos de Televisión, y me ponía de ejemplo la situación de los creadores de comics de la factoría Marvel que no vieron reconocidos sus derechos de autor hasta la década de los 60 o 70. Stan Lee encargaba personalmente los guiones y tramas a los empleados que desarrollaban ideas y tramas. Los trabajadores de Marvel (freelancers o en nómina) cobraban por página de guión o dibujo y jamás recibían royalties, hasta que décadas después de que sus obras triunfaran lograran finalmente, un reconocimiento formal como creadores de las historias, personajes y sagas de la casa.

Algo así pasa en las productoras con los equipos de desarrollo. Alguien lanza un titular: “¡Quieren un dating!” y un guionista o un equipo desarrollan un proyecto que se presenta a una cadena. Si el proyecto gusta y se vende, en el mejor de los casos los guionistas serán contratados para trabajar en la producción. A veces, seguirán desarrollando nuevos proyectos en el anonimato. Y en este caso ¿cómo se reconoce la autoría de ese formato? Si la autoría es un derecho irrenunciable, no debería, al menos reflejarse siempre quién es el creador del programa.

“El problema aquí”, dice Cascajosa en su post, “es la situación en la que un profesional debe ir a un tribunal para que se reconozca su trabajo porque la industria en la que trabaja carece de los mecanismos para defenderlo”.

La industria no es un ente abstracto, la industria la formamos todos los que estamos en ella. Guionistas, realizadores, trabajadores del audiovisual, productoras, canales, broadcasters, distribuidores. Borja Terán, comentaba al respecto de esta industria la especificidad de nuestro mercado hispánico, que tiene ciertas diferencias con respecto al latino pero tampoco es similar al del resto de Europa. En vista de la grave crisis de creatividad apuntaba en uno de sus artículos que “las cadenas prefieren esperar al éxito o fracaso de producciones de otros países antes de confiar en la creatividad patria: que hay mucha y muy buena”.

Pues tal vez la creatividad patria, necesite una oportunidad, un reconocimiento. Y tal vez en nuestra industria sea urgente activar mecanismos que defiendan al creador. Si se están multiplicando los canales para los contenidos audiovisuales, no perdamos el tren de la innovación.

Innovemos un poco, reconozcamos los formatos como obras y a sus creadores como autores.

 

 

Innovación en la comunicación. Comunicación para la innovación.

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Photo Credit: igo.rs Flickr via Compfight cc

Parece que estos últimos días nos ha dado por reflexionar en este blog sobre la comunicación. Quizá sean por estos cafés de espuma cuquis que dice Cris Merino, pero a mí también me pilla este post dándole vueltas  y pensando en la relación que existe entre comunicación e innovación.  Sigue leyendo

Si el contenido es el Rey y el contexto es Dios, la experiencia es la Reina

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Desde que Bill Gates publicara en enero de 1996 el célebre artículo “El contenido es el rey” han pasado más de 20 años y este mantra que tanto nos ha taladrado en cientos de ponencias sigue estando vigente. Lo curioso es que de esto se diera cuenta un tipo que se ha convertido en la mayor fortuna del mundo (con permiso de Amancio Ortega) creando aparatos y tecleando 1 y 0. En estos años no solo se ha cumplido esta predicción suya (entre muchas de las que hizo), sino que nos hemos encontrado un crecimiento exponencial de los contenidos gracias a la globalización, la consolidación de Internet y, por supuesto, la aparición de los smartphones y todas esas maquinitas que que cada día usamos para escribir, fotografiar, captar vídeo o audio o un sinfín de acciones.

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Palabra de adolescente: Instagram killed the Snapchat star

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Solo lo padecemos de verdad quienes tenemos hijos en “edad”: la chicharra insoportable del altavoz del móvil, sea una canción, un vídeo o un audio de whatsapp. Un sonido infernal que aparece de repente, al fondo del pasillo, a tu lado en el sofá, o detrás de la puerta del baño. Una emisión imposible que siempre viene acompañada de una imagen, tal vez la que mejor representa al ser humano de este principio de siglo: la de un adolescente bailando los pulgares sobre la pantalla de su teléfono a treinta centímetros de sus ojos.

El universo entero se concentra en esas pocas pulgadas de pantalla. Una mirilla de ida y vuelta, donde asomarse al alma ajena y esperar a que los demás acaricien la tuya, también con el pulgar, pero esta vez, firme y hacia arriba. Una religión que tiene sus ritos y sus liturgias y cuyos templos para los que tienen menos de quince años conocemos todos: Snapchat e Instagram. De Facebook y Twitter ni hablamos. El correo electrónico, ni está ni se le espera. Es en estos espacios virtuales donde sucede todo. Y los que crecimos en el mundo analógico llenamos páginas y páginas analizándolos, repasando estudios y estadísticas, buscando razones y monetizaciones, preguntándonos por qué son capaces de reunir a tantos nuevos (y jóvenes) feligreses año a año y, al instante, crear tanto fervor.

He logrado despegar los pulgares de una adolescente primeriza de la pantallita y preguntarle por qué a ella, lejos de cualquier interferencia adulta. Así, de paso, he acallado de una vez la chicharra diabólica del altavoz de su móvil.

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Conteni-dos de pecho

Hoy propongo una reflexión para creadores.

Content is King…el contenido es el Rey”, se escucha desde hace más de veinte años y en alguna que otra reunión. Sigue siendo cierto. Pero ahora que la oferta audiovisual se ha multiplicado por mil, es mil veces más real, y la tecnología permite crear cada vez más fácilmente. Un buen ejemplo divertido:

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¿Compartir es mejor que poseer?

“En EEUU existen aproximadamente unos 80 millones de taladros domésticos, cada uno de los cuales tiene un uso medio de unos 13 minutos a lo largo de su vida útil” Brian Chesky, CEO de AirBnb

De esta premisa nacen brillantes ideas de negocios como AirBnb que triunfan llegando a tener previsión de colaborar con Amadeus.

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Búsqueda de “Sharing economy” según Google Trends desde 2004 hasta hoy

En esta prehistoria de Internet asistimos al nacimiento de nuevos modelos de negocio, como la economía colaborativa, que nos cambian la manera de entender el consumo.
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Destapando los secretos “Tekis” de Mr. Robot

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Seguramente hayas visto MR Robot y te ronde una pregunta en tu cabeza, ¿Son ciertas las técnicas de hackeo de Elliot en MR Robot?

Por lo que esta serie nos ha enganchado a miles de seguidores “Tekis” es por el enorme  realismo al ejecutar las tareas de Hacking que realiza Eliot, aunque algunas no son herramientas que existan tal cual, si son técnicamente posibles y el funcionamiento de muchas de ellas es idéntico a las que de verdad si existen.

En este articulo destriparemos algunas de ellas y os explicaré curiosidades sobre las mismas.

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Interferencias

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“La mente es como un paracaídas, no sirve si no está abierta”. Frank Zappa

La de hoy es una fecha cantada. El 7 de Septiembre. Sonora más bien. Las efemérides del calendario dicen que hoy, 7 de Septiembre, además, es el día que nació Chrissie Hynde, cantante de Pretenders. Como habréis registrado este día además dio título a una hermosa y conocida canción de Mecano que rendía homenaje a los amores que no terminan, ni con los aniversarios, incluida en aquel álbum Aldalai en los inicios de su etapa “mística”. El 7 de Septiembre fue también la fecha para el primer concierto de presentación en UK de Led Zeppelin. Esta conjunción creativa, artística, astronómica, calendárica… me da pié para iniciar este post con algunos comentarios sobre qué nos está pasando con la música en directo. Sigue leyendo