Donde caben un millón de palabras

La máxima ambición de cualquier buen comunicador es la transmisión de un mensaje por muy complejo que sea de la forma más sencilla posible, o lo que es lo mismo, aquella que logre imprimir esa idea en el cerebro del receptor como quien lo hiciera a fuego. El mensaje que permanece es el mensaje bien comunicado o aquel que tiene tanta fuerza por si mismo para entrar en la categoría de los “imposibles de olvidar”. En la comunicación audiovisual todos aspiramos a encontrar ese lenguaje que nos haga mensajeros de oro, los que conseguimos llegar, tocar y remover conceptos de una forma sencilla, ágil y que atrape al receptor.

El lenguaje universal que todos entiendan y que podamos reproducir de forma casi instantánea, mucho más allá de lo veloz. La información que podamos compartir con cualquiera sin tener que añadir ni una explicación más. En la actualidad, la infografía animada se ha convertido en un mensajero rápido y avispado de la comunicación audiovisual. Seduce, divierte, informa, se multiplica y acompaña. Sigue leyendo