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  • El cine frente al Covid19


    En estos días raros de cuarentena es evidente que se ha trastocado los cimientos de muchos sectores, hoy yo quiero centrarme en el caso del cine. Mientras algunas plataformas están aprovechando para crecer y aumentar sus cuentas de resultados, y el ejemplo lo tenemos en Disney + que ha alcanzado rápidamente la suma de 50 millones de abonados y ha disparado su acciones, otras en cambio han visto todas sus previsiones anuales tiradas por los suelos, son los exhibidores y distribuidores que han visto paralizados sus negocios.

    Ya desde el origen de la pandemia, algunas distribuidoras veían venir la catástrofe y decidieron ir aplazando sus grandes estrenos. En España el caso más sonado ha sido por ejemplo la película de Carlos Therón, Operación Camarón, y a nivel internacional ejemplos como James Bond, Mulán así como otros muchos. Por supuesto, las medidas de confinamiento han afectado a los rodajes,  los cuales han dejado paralizados la industria, con todo lo que ello supone para los trabajadores y las productoras con calendarios planificados.

    Pero centrémonos en el sector de la distribución y los riesgos que algunos actores están asumiendo. Hemos visto cómo aquéllos más conservadores han reagendado sus estrenos, esto va a suponer una concentración de estrenos para la última mitad del año, cuando habrá más competencia para el mismo público. Pero también puede incluso que esa audiencia sea menor, dependiendo de las medidas que iremos progresivamente adaptando para salir del confinamiento y que pueden exigir a los espacios públicos reducir aforo para así mantener las distancias de seguridad. Por otro lado, algunas distribuidoras han aprovechando la ocasión para ir rompiendo reglas establecidas en el sector, este es el caso de la ruptura del flujo de las ventanas de explotación, donde se respeta la exclusividad de la proyección en salas durante las primeras 12 semanas hasta saltar a la siguiente ventana de explotación.  Este acuerdo ha sido una de las grandes disputas del sector, pareciendo que ha saltado por los aires. Recordemos cómo Netflix quiere estrenos simultáneos que nos son respaldados por los exhibidores y les limita considerablemente su proyección en salas (tenemos reciente el caso de El irlandés o Roma).

    Ante esta nueva situación,  el artífice ha sido Universal con el lanzamiento de Trolls Wolrd Tour, disponible on line por 19,99$ durante 48 horas. Esta película es probablemente el estreno más grande que se salta la protección de ventanas, lo que supone una prueba real para Universal para conocer si existe un mercado lo suficientemente maduro y dispuesto a pagar esa cantidad (que duplica al coste de una plataforma mensual) por tener un estreno de primera magnitud en su casa (recordemos la cantidad de familias encerradas en casa deseosas de ver algo nuevo, una variable que puede evidentemente alterar los resultados, ya que no es para nada una circunstancia normal). El resultado de esta acción puede suponer abrir una nueva opción de estrenos y distribución para películas concretas como lo son las sagas o las destinadas a públicos infantiles. Aunque tengo dudas respecto a si podremos obtener los datos de recaudación reales ya que Comscore a diferencia de la taquilla en cine no computa estos datos en otras plataformas.

    En paralelo en España ha surgido una oportuna propuesta de mano de la distribuidora Acontracorriente: ante la situación de que muchas películas se encontraban en pleno proceso de distribución o en ciernes de ser programadas para estrenar en estas fechas, han creado una acción donde la sala te lleva la película a casa, esto es la Sala Virtual de Cine donde por un precio de 7,99 € (6,95 € si tienes cupón descuento de tu sala de cine habitual) puedes ver títulos que teóricamente deberían de estar en cartelera o son estrenos exclusivos. Algunos de estos estrenos es cierto que ya han pasado a la siguiente ventana del home video, en plataformas como Rakuten, Movistar o Vodafone, como por ejemplo Vivarium, por lo que no deja de ser una competencia entre plataformas, pero lo curioso es ver cómo distribuidoras como Acontracorriente y determinadas salas de cine que se añadieron a su propuesta buscan abrazarse a nuevos modelos de negocio.

    ¿Será esto una eventualidad o es el camino para empezar a crear distintos niveles de distribución para una película, las que van a salas tradicionales y las que pasan directamente a estos espacios compartidos? ¿Encontraremos un circuito de salas B, con precios flexibles para el espectador?

    Otro de los cambios los hemos visto en los festivales de cine, mientras que algunos han apostado por seguir celebrando el festival aunque sea on-line, llegando a acuerdos con plataformas como es el caso de SWSW con Amazon. Otros se mantienen fieles a su estilo más tradicional como lo han ido demostrando hasta la fecha, este es el caso del Festival de Cannes que nunca se convertirá en un festival on line. Estos acuerdos hace algunos años eran inimaginables y ahora se abren nuevas puertas de colaboración que revelan como evidente que los más beneficiados podrán ser los amantes del cine y especialmente de los festivales, en los que podrán participar si estar allí presentes.

    Pero en el entorno de los festivales y para no paralizar los eventos de las industria, son muchos los que ven opciones a esta situación y prosiguen con su actividad. Este es el caso de La Marche du Film, el evento más importante del mundo y que se realiza en paralelo al Festival de Cannes ha anunciado su aplazamiento a Junio pero ya ha apostado también por una versión on line del mercado . Y podemos destacar la iniciativa del Mercado de Festival de Málaga (MIFF) que ha aunado fuerzas en esta ocasión con la plataforma Filmarkethub para poder realizar un mercado también virtual.

    Todos los terremotos traen consecuencias, y este no será menos para la industria, lo que sí parece claro es que supondrá un paso hacia la digitalización y acelerará algunos cambios que son inevitables, y es que el Covid 19 ha hecho más por la digitalización del sector que cualquier programa gubernamental.

    Foto: Shawn Nystrand

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  • El prime time español se desangra y nadie hace nada.

    Siempre he sido consumidor de TV nacional. En parte porque trabajo en ella y en parte porque me gusta. Desde hace años me esfuerzo por seguir las series españolas ya que, como guionista, necesito estar al día de lo que se produce, de lo que funciona, de lo que patina, de cómo compañeros mejores que yo bregan con tramas, personajes y conflictos. Con los programas de entretenimiento me pasa algo parecido: cuando he trabajado en humor había que ver lo que hace la competencia para no pisarte, para innovar… y además me reía con muchos con esos programas. En el caso de los shows y realities de gran formato, aunque no me van mucho, de tanto en tanto sigo alguno. Bajo ningún concepto se me ocurriría sentarme a ver alguno de esos programas en sus ediciones americanas, inglesas u holandesas… pero la española si. Es el poder de lo indentitario.

    Y sin embargo ya no veo series españolas. De hecho no veo TV nacional pasadas las 21:45 de la noche, salvo muy raras excepciones. Y lo digo con tristeza, porque no es una decisión que haya tomado voluntariamente, no. Me han empujado a ello las cadenas y sus estrategias de programación. Y como a mí, a millones de españoles.

    La temporada de otoño ha constatado lo que es un secreto a voces: los españoles cada vez ven menos televisión en consumo lineal. Los motivos son muchos, desde los demenciales horarios de la franja de noche al aumento del consumo on demand gracias a la creciente oferta de plataformas OTT. Aunque las triquiñuelas de las cadenas han permitido maquillar algo los números de la cuota de share de sus contenidos (aquí hablamos desde retrasar la hora de inicio de los programas estrella a partir los programas e informativos en dos con falsos avances), todos los canales saben que en el dato del número de espectadores, el que más importa a los anunciantes (y, por tanto, a su modelo de negocio) no hay trampa ni cartón.

    Una serie de éxito promediaba hace sólo un año unos 3 millones y medio de espectadores por emisión, con picos de 4 en el caso de estrenos o contenidos muy afianzados. No hablo ya de los tiempos (ahora tan lejanos) en los que un “Águila Roja” te hacía 6 millones de espectadores… son datos de hace 365 días. Hoy, por contra, rara es la serie que logra romper el techo de los 3 millones, las que andan entre 2 y 2´5 millones se consideran éxitos y muchas sobreviven en parrilla con datos inferiores a los 2 millones (cifra que aseguraba la cancelación o la no renovación hace bien poco). Paradójicamente esto sucede en el momento en que la gente más enganchada está a las series y cuando las ficciones nacionales son mejores productos, en forma y fondo.

    Con los programas de entretenimiento pasa un poco lo mismo: el regreso triunfal de Operación Triunfo, por ejemplo, se está moviendo en 19% de share y menos de 3 millones en sus emisiones más exitosas. Las galas de hace años cosechaban 4 millones y pico semana tras semana. Incluso la desastrosa edición cancelada de 2011 logró una audiencia media superior a la que tiene, hasta ahora, OT 2017. Más allá del hundimiento de GH (sobre todo por desgaste y saturación), otros referentes como “Tu casa es la mía” o “Masterchef celebrity” también se han movido en números malos respecto a temporadas anteriores.

    En términos medios, el prime time de las cadenas generalistas en abierto ha perdido en sólo un año unos 800 mil espectadores. Esto supone un tercio del total de su audiencia, en los casos de programas de mayor audiencia. Hace bien poco sucedió que, por primera vez, ninguna de las grandes cadenas alcanzase el 10% de cuota de pantalla diaria…

    Si en cualquier empresa de otro sector se perdiera un 33% de sus clientes en un año y las perspectivas fueran a peor, os digo yo que rodaban cabezas y había catarsis del modelo de negocio… pero en la TV no. Ni hay cese de directivos, ni fichajes de nuevas cabezas pensantes, ni modificación de horarios, ni nuevas estrategias de programación.

    Para ellos la solución pasa por una nueva triquiñuela con la que enmascarar datos de audiencia gracias a la conveniente inclusión de los “invitados” en sus audímetros (de este tema me gustaría hablar en un próximo post) y por una errática y poco consecuente labor de desarrollo de su presencia digital y del consumo bajo demanda de sus productos. Algo, esto último, que tampoco es fácil que sirva de nada mientras trufen la emisión de 2 o 3 anuncios que se repiten hasta el aborrecimiento, mientras la reproducción en streaming falle más que un motor Honda de fórmula 1, mientras la duración de sus series siga siendo de 20 minutazos más que toda la inmensa oferta con la que compiten y mientras continúen apareciendo series españoles muy atractivas (con presupuestos holgados, 50 minutos, creadores de renombre) producidas por las propias plataformas de pago.

     

    Queremos volver a pegarnos a la pantalla de TV como antes.

     

    Yo quiero volver a ver programas y series españolas. Muchos cientos de miles de espectadores lo queremos. Pero no estamos dispuestos a hacerlo en determinadas condiciones. Las soluciones, nada novedosas, pasan por aceptar de una vez la realidad del nuevo usuario, su poder y sus gustos de consumo. Y esto significa afrontar, al menos, estos hechos:

    1) La eliminación del acces prime time tal y como lo conocemos. Los programas estrella deben empezar a las 21:30 como muy tarde. Esto sólo deja hueco para espacios muy cortos antes del horario de máxima audiencia y siempre y cuando se cumpla el punto 2. Los formatos que actualmente dominan con éxito la franja de mal llamado acces (ya que es el verdadero prime time y logra el minuto de oro cada noche) deben reconvertirse a un formato de 1 o 2 emisiones por semana ocupando el prime time de esos días.

    2) Reducir la duración de los informativos de noche. Gran parte de este problema de horarios comenzó cuando, hace años, TVE alargó el Telediario para rentabilizar su alta audiencia y detrás hicieron lo mismo las privadas. Casi siempre el informativo de la noche es un calco del de mediodía, por lo que una versión más sucinta ayudaría a encajar los horarios. De la cobertura deportiva ya ni hablamos…

    3) Potenciar el prime time hacia contenidos-evento. Aquí caben galas de talent-show, retransmisiones deportivas, estrenos de series que después pasan al on demand o últimos episodios con interacción de la audiencia, etc. El contenido debe justificar muy mucho (cada día más) que obligues al espectador a sentarse a verlo cuando tú dices en lugar de cuando a él le da la gana.

    4) Fortalecer en serio sus plataformas web para ver contenidos. Mitele o Atrespayer no pueden seguir funcionando cómo lo hacen, ni técnica ni conceptualmente. Los grandes y bien dirigidos esfuerzos que se están haciendo con la creación de Playz o Flooxer tienen que integrase en las plataformas “madre” y ayudar a impulsarlas con sus contenidos originales y su público más joven. No hay que ceder a la tentación de desarrollar una marca nueva para atraer a los chavales, hay que lograr reposicionar la tuya para que pasen a verla como algo atractivo en lugar en un plomazo.

    5) Acomodar la duración de ciertos contenidos de una vez por todas. Basta ya de series de 70 minutos y programas de humor de 120. Hay que dejar de mear con el viento en contra y asumir que los ingresos no han de llegar de hacer malabarismos con los datos de audiencia a costa de empeorar el producto.

    6) Invertir, financiar y apoyar con decisión todas las tecnologías e iniciativas dirigidas a acomodar los anuncios a los gustos del usuario. Si no podemos evitar que la publicidad en el consumo lineal sea intrusiva, al menos trabajemos para que sea lo más personal e interesante posible para cada espectador. Y aquí caben muchos caminos a recorrer en los televisores conectados (desde anuncios segmentados por localización geográfica a publicidad adecuada al tiempo meteorológico que hace en ese momento).

    Son sólo algunas líneas de actuación, pero creo que todas están llenas de sentido común. Así que señores directivos y programadores de canales de TV en abierto, por favor, considérenlos seriamente y devuélvannos el placer de ver las series y programas que nos gustan en unas condiciones dignas y acordes al año 2018.

    Gracias.

    Imagen by Diari La Veu y Stef Lewandowsky vía Flick.

     

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  • A great time to be a TV fan

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    En estos tiempos de acelerada explosión del audiovisual, sobre todo en su vertiente del entretenimiento, que es la que ocupa más horas de mi día, hay tres aspectos que me interesan especialmente. Voy a exponerlos aquí, con más afán de reflexionar en alto que de soltar grandilocuentes titulares. Así que antes de empezar, una única frase lapidaria que sólo pretende ser una declaración de intenciones y que descaradamente le robo a Todd VanDerWerff de su reciente artículo publicado en vox.com al hilo del final de Mad Men: this is a great time to be a TV fan.

    Los dos primeros asuntos que me inquietan están unidos inexorablemente: los públicos minoritarios y la medida del éxito. Es evidente que la multiplicación de soportes, formatos, hábitos de consumo, dispositivos, etc, ha multiplicado a su vez la producción de contenido. No voy a entrar en quién va a ganar la batalla, en qué formatos están o estarán más de moda, o en cuáles serán verdugos de otros. Me interesa más lo que se cuenta que dónde o cómo se cuenta, que dónde o cómo se consume. Hay miles de líneas escritas cada día sobre esto último, como referencia enlazo un par de artículos recientes que creo que resumen bien por dónde andan las cosas, por lo menos para los próximos meses, ya no se puede ir más allá en la predicción viendo lo rápido que va todo. La realidad es que todo esto ha derivado en una carrera apasionante por producir contenido, a la que no es ajena la industria televisiva, una de las que más, por no decir la que más, cambios y evolución está experimentando. Natalia Marcos en El País.com recogía hace poco reflexiones muy interesantes al respecto sobre esto mismo en este artículo a propósito del boom seriéfilo. Para seguir con la reflexión me quedo con conceptos clave como competitividad constante, innovación, transgresión, nicho, complejidad, ambición… Si alguien no se apasiona con esto es que es de hielo. (más…)

  • Conciertos digitales, música y realidad virtual

    Tres de agosto de 2021, un día más en la nueva normalidad, mi hermana pequeña, de 19 años me dice que va a asistir a un concierto. No me preocupa lo más mínimo. No me malinterpretéis, el virus sigue entre nosotros, pero sé que ella no se refiere a un concierto como los de antes, donde el contacto humano, los codazos, y los pisotones estaban tan a la orden del día tanto como el corear juntos los mejores estribillos, subirnos a hombros de los compañeros, y botar con desconocidos en un éxtasis de comunión musical entonando los himnos de nuestra vida…eran buenos tiempos. 

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    La experiencia de los conciertos ha cambiado mucho en poco tiempo, y en realidad todas las experiencias en vivo masivas: los eventos, los partidos, las obras de teatro, o los museos. La digitalización nunca fue más importante y necesaria que cuando llegó el covid. Y de hecho, aceleró muchas industrias, a la vez que dejaba paralizadas a otras.

    Ahora sí, mi hermana va a entrar al concierto, y se dispone a ponerse las gafas de realidad virtual, una de esas industrias que presentaba las ventajas necesarias para tener un foco extra de atención en tiempos del coronavirus. Ella no quiere llegar tarde, sabe que estas cosas también tienen sus normas, no puede volver y verlo luego. Hay un momento y hay un lugar: el metaverso.

    Además, no le ha dado tiempo a personalizar su nuevo avatar y sus amigos estarán esperándola en el hall social, preparados para comentar las últimas novedades de la semana, eso sí, cada uno desde su casita, como permiten las plataformas de realidad virtual social. Se asegura de tener el dispositivo cargado, y haber configurado correctamente “el guardián” para evitar chocar contra los objetos de la sala, que creedme, puede pasar cuando estamos inmersos en un mundo virtual, y especialmente, si es un concierto. De hecho, estos días se está celebrando el festival de Burning Man en el mundo social de VR Altspace VR (Microsoft), como podéis ver en el tweet de aquí abajo.

    Por  lejano que parezca este micro-relato futurista, no se trata de algo que no podamos hacer hoy, un 3 de agosto de 2020. Por cierto, esto me trae el recuerdo de que el primer post que escribí para Innovación Audiovisual fue también en este mes, el año pasado, por lo que si os gusta el transmedia storytelling, la realidad extendida y Stranger Things os lo dejo por aquí por si os da curiosidad leerlo luego. Pero volviendo a nuestro tema (ya paro con los saltos espacio-temporales), como os comentaba en el año 2020 gente como mi hermana ha podido asistir a experiencias colectivas musicales desde casa, y en realidad, no serían necesarias unas gafas de realidad virtual.

    Me voy a permitir un salto más para explicaros esta frase, nos vamos al 25 de abril de 2020, día en el que el exitoso mundo de videojuegos Fornite, celebraba un evento sin saber lo lejos que iba a llegar. Si en este punto no sabes que te hablo del concierto de Travis Scott en la plataforma de Epic Games, es que realmente estabas en un búnker por la cuarentena por aquel entonces, porque fue tan épico que todos los medios se hicieron eco de él, y no es para menos, porque tuvo unos 45,8 millones de espectadores en directo a lo largo y ancho de los 5 continentes. Epic Games, en colaboración con Travis Scott, organizó un viaje musical único inspirado en las influencias del artista y creado desde cero dentro del mundo del videojuego Fortnite: Astronomical. Planeó una gira con varias fechas y con varios horarios para que  jugadores de todo el mundo pudieran asistir desde sus consolas, y no perderse la experiencia, incluida una canción de preestreno mundial. 

    El artista estadounidense atrajo a millones de personas, muchas de ellas sintonizaban el evento a través del juego, y otras tantas lo veían a través de otras plataformas de transmisión de video como Youtube y Twitch. La audiencia promedio de minutos (AMA) para este evento en el canal oficial de Twitch de Epic Games alcanzó un total de 4.7 millones,  y aproximadamente la mitad (2.3) eran espectadores en vivo en el evento inaugural. 

    Las redes sociales también se hicieron oír, así en Instagram y Facebook, los contenidos relacionados con el evento publicado fueron más de 5.200 con más de 17,9 millones de interacciones. Los resultados hablan por sí solos, pero es que además según el estudio de Nielsen Sports Digital, generaron un valor de compromiso de 320.000  dólares. Nada desdeñable para un solo evento, y en línea con las cifras del juego que ganó 1.8 billones en 2019.

    Respecto a la aparición de marcas en este evento sin precedentes, Nike fue sin duda la mayor protagonista, y su valor de exposición fue calculado en 518.000 dólares, porque adivinad qué zapas llevaba el cantante en este concierto virtual. Sí, unas Jordans gigantescas. 

    Lo que también ocurrió en 2020, y esto sí implica realidad virtual, fue el concierto del cantante John Legend en la plataforma The Wave. No es casualidad que Wave consiguiera una inversión de 30 millones de dólares justo después de que Epic Games anunciase el éxito de su concierto en vivo con el rapero Travis Scott en Fortnite. Pero dejadme explicaros un poco mejor en qué consiste esta plataforma.

    La empresa WAVE, fundada en 2016, es una plataforma que utiliza tecnología de transmisión y videojuegos para crear actuaciones de artistas que se convierten en en avatares digitales a través de técnicas de motion capture y que les permite actuar en vivo y en directo en un mundo virtual inmersivo y personalizado para su show en vivo. Estos conciertos, son las llamadas waves (que no raves) y son una ola de innovación para las plataformas sociales y el arte audiovisual. No hay más que ver los vídeos de lo que fueron los conciertos de Tinashe, Galantis, Jauz o Lindsey Stirling.

    En concreto el concierto de John Legend, se trató de una experiencia que buscaba recaudar fondos para la asociación del propio cantante llamada Free America, centrada en para amplificar el creciente movimiento para terminar con el encarcelamiento masivo en América. Los donativos salían en este mundo virtual de todas las formas imaginables, tanto dentro del contenido en forma de flores y cometas, como en forma de los avatares dueños de los usuarios que habían hecho los donativos más generosos, dentro del propio escenario, con el avatar del cantante.

    El propio John Legend ha subido a su canal de Youtube el vídeo de la experiencia, que tiene más de 735.000 visualizaciones y que contó con varias donaciones a lo largo de su concierto. Aquí podéis ver cómo se veía la experiencia, en 2D.

    Flipante, ¿verdad?. Es interesante cómo esta plataforma distribuye el contenido en diferentes medios como YouTube, Twitch, Facebook, canales digitales y de juegos, y a través de la aplicación Wave disponible para Steam y Oculus, es decir, para realidad virtual, dando opciones a más personas de poder vivir el evento. Más interesante aún me parecen las opciones de monetización que presentan este tipo de formatos, y oportunidades para las marcas. Por ejemplo, se pudo ver el piano Yamaha que tocaba el artista. Pero si pensamos más allá, ¿os imagináis lo cómodo (y seguro) que sería para un artista interactuar con su fan número 1 en este tipo de plataformas? ¿Y para el propio fan lo que significaría? Para los artistas puede ser una opción hasta más rentable, y para los fans una experiencia diferente y genial.

    Si tenéis la oportunidad, os animo a asistir o al menos ver uno de estos conciertos virtuales. El próximo es el 8 de agosto, y se podrá ver desde Tik Tok al cantante The Weekend, aunque este contará con realidad aumentada.

    Espero que este post despierte en vosotros la curiosidad por la realidad virtual y por los nuevos formatos que se están creando. Y tomándome la licencia de robarle el slogan a The Wave, que el show no continúe, sino que vaya, más allá. ¡Nos vemos en el metaverso!

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  • ¡Onda Vaselina! A la venta en farmacias

    Siempre me he sentido atraído por la magia; ¡Pero nunca he sabido hacerla! Seguramente por egoísmo emocional. Si controlase todos los trucos dejaría de experimentar lo que me hace sentir un efecto pequeño de sala o uno grande. Sin saber cómo, no me ha importado hacer que sientan eso otras personas; pero sin renunciar a dejar de experimentar esa estupefacción y permitirme una vuelta a la infancia siempre que quiera. El contar historias, el jugar con las imágenes, VFX y música se ha convertido en mi truco personal; pero cada función es un nuevo show, un efecto diferente en el que cada vez es más difícil sorprender.

    Esta vez me han llamado para una función nueva, una que nunca había realizado, con público muy exigente, en la que el efecto a conseguir era de un gran show; pero el presupuesto para hacerlo era el de una comida en el chino de debajo de casa. ¡Este número se iba a llamar videoclip! Me dejó tan asombrado y paralizado lo que escuchaba, que durante días no le pude dar vueltas a otra cosa.

    Y eso que soy un tío capaz de apuntarme a un bombardeo, de dar la nota en cualquier escala en un sitio en el que ni salga mucho el SOL, como Galicia (la tierra que me vio nacer – que bonito par die-).

    Pero aún así esta vez mi cerebro estaba cargado de preguntas….

    ¿Cómo es posible que una discográfica quiera potenciar a sus artistas con esas cifras de inversión en el producto? ¿Cómo puede alguien de la profesión ganarse la vida con esto? ¿Deberíamos contribuir los profesionales con este juego? ¿Tenemos que demostrar a estas alturas tanto? ¿Estamos haciendo que otras empresas se enriquezcan con esta precariedad…? Ésta y otras preguntas no dejaban de martillar mi cabeza, así que decidí descolgar el teléfono y llamar a Santiago Secades, gran amigo mío y experimentado productor y músico de este país y el Founder y Ceo de Una Décima de Segundo Producciones. También llamada obligada por ser el culpable de meterme en este sarao.

    El caso es que quise reflexionar con él, sobre la actualidad del videoclip y cómo los mismos profesionales que un día tienen un caché de 1.500 €/día, son capaces de trabajar en estas condiciones para un gigante. Es como si un grupo de adolescentes los llamasen para ayudarles a producir su corto. Así que después de un WTF****** y muchas cosas más, dejándome a punto de un petamiento cerebral total, esto fue lo que escuché:

    RESPUESTAS DE SANTIAGO SECADES:

    Dos hechos a nivel mundial cambiarían el devenir de la industria musical para  siempre: INTERNET y la PIRATERÍA.

    Desde el año 2000 aproximadamente se establece una nueva forma de comunicación y de relacionarnos; y también como no, del consumo del ocio. Desde un ordenador, desde cualquier parte de mundo, se puede acceder a todo tipo de contenido “gratuitamente” (lo que te costara la ADSL) y unos años después por un bajo coste en páginas oficiales (iTunes, Spotify, etc.). La legislación, como muchas veces ocurre, iría por detrás a la hora de legislar la correcta y legal utilización del contenido audiovisual en la Red. Mientras tanto, durante años (incluso hasta hoy) millones de personas comenzaron a descargarse música gratuitamente y/o comprar discos a un precio ridículo en los famosos “top manta”, sin retorno alguno para los propietarios y autores de dichas canciones.

    Por esas mismas fechas (2001) en España, aparece un acontecimiento social que también afectaría de manera directa el funcionamiento de la industria fonográfica de nuestro país: el programa televisivo OPERACIÓN TRIUNFO. Programa destinado a formar a una serie de jóvenes intérpretes con talento para cantar. El éxito del programa no tiene precedentes. Superan con creces cualquier expectativa y a partir de ese mismo año y siguientes, cualquier joven del programa se convierte en un grandísimo negocio para las compañías discográficas ya que, con toda la promoción hecha en televisión, no hace falta invertir gran cantidad de dinero en posicionar al artista.

    Operación Rentable – Operación Triunfo.

    Más allá de la crisis financiera que sufre occidente de casi una década (desde el 2009), la industria discográfica entra en su propia crisis producida principalmente por estas tres circunstancias que hemos comentado y con ello la gran bajada de ventas de discos. Se producen despidos en cadena de su personal y muchas casas discográficas, tanto multinacionales como independientes, echan el cierre o se fusionan o son absorbidas (Belter, Columbia, BMG, Ariola, Virgin, EMI).

    Comienza la ventura de adaptarse “a los nuevos tiempos”. Lo analógico queda atrás, llega la era digital, el streaming, el consumo online, etc. y con ello la lucha y supervivencia de las discográficas en reconvertirse a las nuevas vías de negocio musical, sin saber muy bien como hacerlo.

    Las multinacionales necesitan recortar sus dinosaurias estructuras y sus “elevados” presupuestos. Estos recortes afectan a diferentes sectores: estudios de grabación musical, copias de discos, etc. y como no podía ser menos, al sector del VIDEOCLIP. Uno de los sectores más perjudicados en cuanto a presupuestos se refiere. Y se establece un nuevo invento: el LOW COST.

    Por otro lado, al imponerse la era digital, la tecnología se abarata (tanto en el sector visual como sonoro) y los home-studio comienzan a proliferar. Con una pequeña inversión, uno puede grabar un disco o rodar y postproducir un videoclip. Las dos caras de la moneda: por un lado aparece gente talentosa que con pocos medios y recursos puede desarrollar su trabajo y mostrarlo, pero por contra se tiran los precios y el sector se impregna de un elevado intrusismo. Ya no importa los años de profesión, la fidelidad de proveedor-cliente, la confianza, la solvencia, la experiencia. Lo que importa es que hacer un videoclip cueste muy poco dinero. Y por supuesto con una calidad de diez. En resumidas cuentas: se piden peras al olmo.

    Las compañías son conscientes de todo esto y de que hay multitud de jóvenes recién salidos de las escuelas y universidades, plenamente dispuestos y con ganas de hacer cosas gratis o prácticamente gratis con tal de tener trabajos que enseñar. Necesitan tener producciones en su reel.

    Todos estos mágicos ingredientes logran que el sector del videoclip no sea rentable. Queda el amor al arte, el hacer curriculum, el pasar un buen rato (a veces no tanto). Discográficas multinacionales, que en muchos casos, pagan 2k, 3k, 4k por hacer un videoclip profesional de gran nivel con lo que todo eso conlleva (pagar a un equipo de 10 o 15 personas, seguros, alquiler de cámara, luz, localizaciones, transportes, comidas, vestuario, atrezo, permisos, postproducción, etc.).

    Para los que nos apasiona el mundo del videoclip, amamos la música, dedicamos horas y horas de nuestro tiempo a la profesión audiovisual y llevamos muchos años en esto, cada vez se nos hace más inexpugnable poder desarrollar dignamente nuestro trabajo.

    Lástima que hayamos llegado a esta situación (aparentemente sin retorno). Adaptarse a los “nuevos tiempos” no debería confundirse con trabajar en pésimas cifras presupuestarias o lo que viene siendo lo mismo: trabajar prácticamente gratis.

    Malos tiempos para la lírica. Malos tiempos para el videoclip.

    Y yo añadiría al testimonio de Santi, ¡MALOS TIEMPOS PARA LA CREATIVIDAD! Pero ¡MUY BUENOS PARA LA PRECARIEDAD!

    Fundido a negro.

    Imagen| Gkushagra-kevat

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  • La industria musical en busca de sentido

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    Los últimos meses están resultando muy activos en lo que a noticias sobre el negocio y actividad de las ofertas de streaming musical se refiere. En cierto sentido esta situación recuerda la historia de aquel Vasco que todos los días se subía al monte Artxanda y a la pregunta de porqué lo hacía, el responde: “para ver como está Bilbao sin mi”.

    Parece que aquí nadie quiere verse fuera, que el espejo le devuelva una imagen en la que no aparece, un escenario del que ya no forma parte, ha sido expulsado, o al que se ha visto obligado a renunciar. Por los movimientos que estamos siguiendo, vemos que 2015 se presenta como “el año del Streaming de Música”. El momento para el gran salto en estos servicios, tanto en términos de volumen de usuarios, accesos, etc. como en lo relativo al modelo de negocio y generación de ingresos, principal reto de esta actividad. Las inercias son complejas y las fuerzas que están impulsando cambios poderosas. Hoy podemos ilustrar esto con la canción de Antonio Vega, Lucha de Gigantes. (más…)

  • SLOW TV

    Trenino Rosso del Bernina - Rhätische Bahn

    #SlowTv: ¿Aburrida, divertida o adictiva?

    En estos días de voracidad y apetito insaciable, de audiencias algo compulsivas ante un buffet infinito de productos audiovisuales, en soportes múltiples y de todos los formatos posibles cada vez más escuetos, me he dado de bruces con la slow tv.

    El término nos remite al movimiento slow surgido en la Plaza de España en Roma (Italia) en 1986 cuando el periodista  Carlo Petrini  se topó con la apertura de un restaurante  McDonald’s en este enclave histórico de la capital italiana. Consideró que se estaban traspasando los límites de lo aceptable y predijo los peligros que se cernían sobre los hábitos alimentarios de los europeos, empeñados en imitar los dictados del otro lado del Atlántico. La respuesta no se hizo esperar, fundándose la semilla del movimiento Slow Food. (más…)

  • El dilema del streaming de eventos

    En los más de siete años que llevo dedicado profesionalmente a los servicios de videostreaming con mi empresa Agora News hay una constante que suele acompañar a los promotores de eventos profesionales antes de tomar su decisión: ¿es bueno para mi evento retransmitirlo gratuitamente en streaming?

    Es comprensible el dilema que se plantea el profesional de los eventos: ¿se reducirán los asistentes a mi evento ante la posibilidad de consumirlo en remoto? Más aún cuando se trata de un evento de pago: ¿quién comprará su entrada cuando puede disfrutar del contenido gratis? (más…)

  • Dinero y Podcast

    Reconozco que el título engancha. Hay miles de personas tratando de unir esas dos palabras todos los días. Cuesta, pero no es en absoluto imposible.

    Antes de nada es importante aclarar que centraremos el tiro en analizar cómo va la relación amorosa entre dinero y podcast “nativos”, es decir, no emisiones de programas de radio volcadas en la red.

    Hace casi tres años ya de “Podcast busca patrocinador”, post escrito por alguien tan amante de la radio, los medios y las redes (o sea, del podcast) como Sonia Got. En él se planteaba la inteligente pregunta, no escasa de deseo, de si veríamos el “fenómeno podcast” de forma paralela al de Youtube, y por fin se verían correr ríos de dinero medidos en K por entre los audios. En estos mil días ¿podemos hablar de fenómeno? Pues (yo creo que) sí. Aunque quizá no de la forma en la que imaginábamos.

    Hay un boom de contenidos que, es cierto, no viene fácilmente con un pan bajo el brazo.

    La oferta temática se ha multiplicado por dos dígitos, hay podcast de prácticamente todo. En este tiempo se ha notado el tirón de la radio convencional apostando por él (Podium) y convirtiendo “podcast” en una de las palabras más pronunciadas en las grandes cadenas. Vale, ha tenido que venir la radio convencional a popularizar el término para las masas, pero hasta Spotify ha abierto la veda, y no hay grupo de aficionados a una materia que no haya pensado en sentarse para hablar de ello con su propio programa. Ya se vierten cientos (miles) de horas cada día de audios en español en todas las plataformas.

    Pero aquí hemos venido a hablar de dinero. Y no está pasando lo de Youtube.

    Al escribir esto, puedo sentir en en mi nuca la amenaza de algunos. Disclaimer: yo mismo fui de los primeros en introducir en mis podcast a marcas como Microsoft o Vueling en aquellos locos años de la precrisis. Sí, cuando las cosas se hacían por el dinero que valían.

    Me considero de los primeros en defender que existe una rentabilidad, pero no soy de los primeros en decir que no está siendo fácil. En ese sentido fué muy controvertido el artículo de la sección de economía de El País llamado “Del podcast no vive nadie

    No sé si sorprendió más por el título, o porque venía del grupo editorial que más apostó por el podcast cuando llegó el ex director de la SER Vicente Jiménez de escuchar “The Serial” en NYC.

    Quizá sea un buen momento para recordar la famosa secuencia de “Jerry Maguire”:

    Yes. Show me the Money. ¿Hay más intención que realidad?

    Hay casos tremendos como el de Todopoderosos, que tras varios años de incremento constante en el número de usuarios, ya goza de patrocinios y publicidad sin estrecheces.

    Pero no puede ser ejemplo una excepción. Hay cientos, miles de personas que se pelean cada día por sacar adelante sus proyectos sonoros, y en algún caso se alegran por “no perder mucho” al conseguir algo de financiación. Me cuenta Alex Fidalgo con ilusión que gracias a donaciones sencillamente “le cuesta menos dinero” hacer realidad su proyecto “Lo que tú digas”. Se recorre este buen hombre la geografía española para entrevistar a personajes como Laureano Oubiña, etc. En el diario El País dejó claro que tarde o temprano, el fenómeno ha de acabar funcionando en España. Como siempre ocurre. Está en fase siembra. A por ello.

    Molo Cebrián es un hombre que siempre amó la radio. Ahora ha conseguido colocar dos productos en posiciones clave del Universo Podcast: El más veterano, «Entiende tu mente» es un programa de mejoramiento personal que ha conseguido ser rentable gracias a las suscripciones. El mérito del contenido de calidad traspasa la barrera de lo gratuito si al otro lado hay algo que sea realmente útil. Un ejemplo muy parecido al anterior de Joan Boluda con su Boluda.com, según el propio Molo afirma, humilde. El más llamativo de sus dos proyectos es “Una a la semana”. Spotify ha llegado a un acuerdo con él para que produzca un contenido. Atención. Un medio que no es una radio está pagando a un equipo de personas para que haga un programa. Es un síntoma claro de que algo está sucediendo.

    Imposible en este punto no recordar cuando allá por 2015 Ivoox confió en mí a la hora de producir podcast y financió buena parte de la producción del serial “Ellos Están Aquí”, cuyos beneficios están yendo a parar a proyectos de Save The Children. Por primera vez un programa de radio genera dinero para una ONG con tan solo escucharlo. Todo un hito. Pero volvamos al tema económico fundamental: hacer viables, sostenibles y hasta rentables los proyectos de sonido en internet.

    Para analizar la relación entre dinero y podcast nos sentamos el pasado 6 de junio en una mesa de la Universidad Complutense de Madrid algunos de los principales actores de una secuencia similar a la de la película: ¿Dónde está el **** dinero?

    Al evento, organizado por BCMA Spain (¿aún no eres socio?) le llamamos BRAND PODCAST. En un lado, plataformas como Ivoox, Podium y Cuonda. En el otro lado, marcas que SÍ habían decidido dar un paso al frente como Endesa y BBVA. Nada menos.

    Exacto. Ahí está la primera conclusión. Ya hay marcas concretas e importantes que han dado un paso al frente y están creando contenidos en podcast. Y personas que viven de ello (¡sí!), entre muchas otras, las que puedes ver sentadas a mi derecha. Existen. Son reales.

    Ya es un presente. Es real. Empieza a entrar el dinero.

    ¿Qué está animando al mercado? Hitos claros como The Serial y Podium. Nota: ojo que estoy hablando de dinero. No de éxito. Las admirables y envidiadas demostraciones de fuerza que pueden hacer La Cafetera o Carne Cruda no vienen al caso. En el ejemplo de The Serial, se estiman ganancias de seis cifras. Podium ha atacado fuerte a los clientes de PRISA usando su maquinaria comercial y ofreciendo packs que incluyen (claro) presencia offline en la radio de siempre, pero ya le salen las cuentas.

    Segunda conclusión que sacamos en aquel encuentro: Estados Unidos sigue siendo el referente. Sí, los mismos de la película Jerry Maguire, los que supieron salir de la crisis del 29 y los que nos enseñan a todos en su mayor industria, después de la armamentística: el entretenimiento. Allí se le ha sabido sacar partido al podcast desde el principio. Te recomiendo un post interesante llamado “11 maneras de rentabilizar un podcast” en el que el autor describe cómo a base de intercambios con ahorros en sus tarifas de móvil y otros anuncios de marketing de afiliados, la cosa le compensa.

    Quizá el quid de la cuestión monetaria esté en otra de las conclusiones que pudimos sacar de aquel encuentro. El verdadero valor del podcast no está en los millones de oyentes que, sean amas de casa o vendedores ambulantes, escuchan las noticias cada mañana. La ventaja de este canal está en su ADN. Es un fenómeno online, y por lo tanto, de nicho.

    El oro del podcast es su valor cualitativo, mucho más que el cuantitativo.

    ¿De qué me sirve pagar una campaña de publicidad en un medio generalista si lo que me interesa es que me escuchen los que necesitan mis servicios o productos? La eterna pregunta que hace que crezca la inversión en medios online cada año.

    Fran Izuzquiza es otro apasionado de la radio y, por extensión, de su futuro en la red. Él ve que la rentabilidad llegará tras aprender de los errores de otros países gracias a la integración con los contenidos. “El podcast es un medio en el que el locutor tiene un gran poder de prescripción, y eso permite que la publicidad sea de calidad y sea interesante para sus oyentes”. Claro, son parroquia.

    Un oyente de podcast es capaz de aguantar introducciones de más de cinco minutos y tostones personales de los participantes, si el tema le interesa. No le falta mérito, pero ahí le tienes, y con los auriculares puestos. En atenta escucha. Y eso vale dinero. Perfectamente “targetizado”, listo para ser entregado a las marcas. Incluso ya hay iniciativas por las cuales el oyente puede elegir la publicidad que quiere escuchar.

    En este punto cabe preguntarnos ¿y por qué no estaban sentadas en aquella mesa las grandes agencias publicitarias? ¿Quizá porque no les interesa? Si viven precisamente del modelo anterior, ¿qué necesidad tienen de dedicar esfuerzo a unos audios que van a escuchar con suerte algunas decenas de miles de personas, pudiendo dedicarse a los grandes magazines radiofónicos de siempre?

    La respuesta a las grandes agencias es que las marcas tienen mucho que contar que jamás podrán decir en veinte segundos.

    Las grandes cadenas siguen explorando el mundo de los contenidos, como ya comenté, apuestan por el podcast y hasta crean programas que solamente pueden escucharse online. Las marcas se observan unas a otras para ver qué movimientos hacen. Desde que apareció el podcast de BBVA, puedo decir que he recibido peticiones de información de unas cuantas entidades bancarias sobre el tema. Se vigilan.

    Y es que estamos ante un arma interesante: el podcast ha demostrado ser capaz de acercar la marca al público y hasta cambiar la percepción que se tiene de ella para las (sí) cientos o miles de personas que lo escuchan.

    Podcast + móvil = dinero

    Es un campo creativo, tanto en guión como en realización. Y, por lo tanto, rico. Lleno de posibles estímulos. Como en todo, hay buenos y malos. Podcast de una hora de gente charlando por skype y auténticos seriales escalofriantes producidos por maestros. Pero todos ellos tienen un alto componente de creación personal, casi “de autor”.

    El mensaje es la clave para la rentabilización.

    Y ha demostrado ser mucho más importante que el “envoltorio”. Ha habido experimentos preciosos de una enorme producción costosisima a la altura de los mejores programas radiofónicos convencionales con mucho menos éxito que el podcast “micro en mano” de un gurú del mejoramiento personal. Ahorrar en la producción es lo mismo que ganar en su comercialización. No nos confundamos.

    Arturo Paniagua, otro de los eternos navegantes en aguas interactivas y gran conocedor del mundo de la música en la red me hizo en una ocasión un buen resumen de la situación. “En el podcast se suele ganar más por lo que rodea al propio podcast que por lo da de dinero directamente. Si pusiéramos números a los valores colaterales veríamos como muchos de ellos son más rentables de lo que parece”.

    Algo en lo que todos los expertos coinciden es que otra de las características diferenciadoras de esta herramienta con respecto a todas las demás es que, a diferencia de la radio de siempre, los contenidos de un podcast permanecen en el tiempo. No se evaporan.

    Esta simpática novedad ha demostrado ser útil en formación, ha potenciado algunas intranet de las empresas motivando al personal y hasta tiene una enorme proyección como arma B2B.

    La llegada de los altavoces inteligentes va a dar más protagonismo al sonido como soporte de contenidos, y por lo tanto, de publicidad.

    No puedo decir que no hay piedras en el camino. La legislación es lenta y restrictiva, las discográficas a nivel mundial no están interesadas en diversificar sus puntos de contacto con los oyentes, y, sobre todo, hay un problema de estandarización de las métricas. Las agencias actualmente se basan en un EGM realizado mediante encuestas pero no se aceptan las descargas o reproducciones como escuchas, ni existe un estándar para transformar datos técnicos en oyentes o, dicho en lenguaje online, usuarios.

    Por mi experiencia personal, uno de los principales problemas que tiene el mercado español es el enorme desconocimiento de marcas y agencias por este fenómeno, que está demostrando ser una herramienta útil, si se afila bien la flecha y se lanza justo en el momento oportuno. Que empieza a serlo.

    Mensaje a navegantes: será lento, pero es imparable.

  • Contenidos culturales y TV: un matrimonio en crisis

    Programa "Arts i oficis" Canal 33
    Programa «Arts i oficis», Canal 33

     

    Pasan los años y la televisión es incapaz de acomodar correctamente los contenidos culturales en sus estrategias de programación. Ya sea por el tipo de contenido o por el formato, este tipo de programas cada vez pintan menos en el imaginario de la audiencia española.

    Antiguamente hubo casos de éxito, aunque fuera solo por las particularidades de sus presentadores (todos hemos imitado a Punset), por los colaboradores (ahí está Garci y la tropa del humo) o por histrionismo puro (viva Fernando Arrabal y su milenarismo). Por qué los contenidos culturales pintan tan poco en la TV

    También disfrutamos de contenidos culturales por su calidad y seriedad en las épocas en las que los canales temáticos ejercían como tales, e incluso hubo un momento en el que el deseado Canal Cultura parecía ser una realidad… que se esfumó. Eran épocas en las que mirábamos el Canal Arte con el mismo empeño con el que nuestros abuelos se escapaban a Perpiñán a ver películas subidas de tono.

    No me malinterpreten. No estoy diciendo que hoy en día no haya programas culturales de calidad en nuestras televisiones, sino que son pocos y con poco impacto.

    (más…)