Las predicciones de Innovación Audiovisual para 2017

bola-de-cristalSiempre me ha gustado hacer predicciones… ¿Quién ganará las elecciones, la liga, la copa?… Reconozco que puedo resultar bastante asqueroso a la hora de ver una película conmigo: ¿Quién será el asesino?, ¿cómo acaba la trama? …Me encanta coger un regalo y pensar qué encierra el envoltorio…hasta me apunté a un proyecto super friki llamado The Good Judgement Project en el que invitaban a gente de todo el mundo a hacer sus predicciones sobre qué iba a pasar en temas tan dispersos como las elecciones en Brasil, la tensión en Oriente Medio o cualquier otro tema extraño…La idea detrás de ese proyecto se basaba en analizar si de manera colectiva somos capaces de hacer mejores predicciones que de manera individual.

Sinceramente, no sé si soy bueno o malo prediciendo, la realidad es que he ganado tantas apuestas como he perdido imaginando cómo va a ser el futuro pero nunca me canso de imaginarlo. Así que, cuando vi que me tocaba publicar a sólo una semana de que acabase el año pensé… “¿Qué diablos? Vamos a jugar a hacer predicciones sobre cómo será el 2017!” pero luego se me ocurrió algo aún mejor: “¿Y si yo me limito a proponer algunas predicciones e invito a los lectores a que asignen una probabilidad? De esa manera las predicciones no serán mías sino de todos” Y así, entre todos, habremos hecho Las predicciones de Innovación Audiovisual para 2017.

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Yo inventaré el futuro por ti

el-turco

Y lo haré útil y emocionante.

Necesitamos que nos cuenten historias, pero también necesitamos creérnoslas. Justo ahí, la Inteligencia Artificial se enlaza con la innovación y las emociones. Y empezamos a hablar de coches, cohetes y hasta películas.

Pero antes de todo esto, llegó El Turco.

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Robots en Twitter: deficiencia artificial

Inteligencia Artificial

Hace apenas una semana, Microsoft lanzaba en Twitter a Tay, una adolescente virtual que aprendería y conversaría en la red bajo @TayandYou. Un ambicioso proyecto en el que un bot – o robot informático – debía ser capaz de interactuar como un humano más. Sin duda, suponía otra vuelta de tuerca sobre el avance de la inteligencia artificial y su cada vez mayor influencia. Al principio Tay no tuvo gran repercusión mediática, pero a las pocas horas, la noticia saltaba a la prensa generalista comunicando que “Tay se había vuelto racista” al escribir varios comentarios xenófos. El debate estaba servido.

Todo comenzó con la apertura del perfil el pasado 23 de marzo. Como no podría ser de otro modo, el hecho despertó un gran interés entre los usuarios, llevando a Tay a una popular y triunfal entrada en Twitter. Al cabo de unos minutos, miles de usuarios preguntaban, mencionaban,… y es que por primera vez, cualquiera podía hablar con una máquina “de tú a tú”. Entre las muchas conversaciones, centradas en adolescentes de 18 a 24 años, también se generó un considerable número de comentarios adversos, protagonizando un ataque o “troleo” indiscriminado: los usuarios escépticos querían poner a prueba el sistema, ver si era posible engañar a Tay e incluso enseñarle conductas inadecuadas. Al final el hombre ganó a la máquina, y el robot acabó tuiteando sobre racismo, clasismo o sexismo entre otros varios temas polémicos, dando mensajes y declaraciones claramente incómodas para Microsoft, que al final es quien debe asumir la responsabilidad de las declaraciones. La multinacional ha tenido que pedir disculpas públicamente, y la noticia a generado todavía más eco que el propio lanzamiento del perfil.

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La televisión social mató al zapping

segunda pantalla

Caín mató a Abel, el hombre de Cromañón mató al último Neanderthal, el vídeo mató a las estrellas de la radio… y ahora esto.

Espero que el inicio de post más sangriento de la historia de este blog sirva para llamar la atención sobre una reflexión que me ronda la cabeza hace tiempo y que tiene que ver con los nuevos hábitos de consumo de televisión.

Aunque públicamente nos guste presumir de que consumimos series profundas como “Mad Men” o “Breaking Bad”, documentales como Making a murderer y programas culturales como This is Opera, lo cierto es que en nuestro fuero interno sabemos bien que al menos una vez por semana lo que nos mola es sentarnos en el sofá a ver alguna mamarrachada tróspida, abrir twitter y partirnos la caja leyendo y escribiendo burradas sobre el programa en cuestión.

Y ahora viene la pregunta clave de este artículo:

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La muerte en directo y viral…

cartel película

Todavía recuerdo como me impactó en su día la película “La muerte en directo”(“La mort en direct”/”Death Watch”) dirigida  por Bertrand Tavernier en 1980.  Basada en la novela de ciencia ficción de David G. Compton “The Unsleeping Eye” una amarga parábola moral sobre la muerte como espectáculo y sobre la manipulación del individuo por parte de los medios de comunicación”(Filmaffinity).

En ella, una enferma terminal (Romy Schneider) es seguida por un hombre (Harvey Keitel) que tiene alojada en el cerebro una microcámara que transmite imágenes a una cadena de televisión para emitirlas en un popular programa de televisión “La muerte en directo”.

El director con esta película, cuya acción sitúa en los años 90,  se adelantaba en cierta manera a los abusos de la denominada “televisión basura”, un término que sé que a muchos no hace gracia, y que aunque es un tema que suele generar debate no es el centro de esta reflexión. Si lo es el hecho de que con esta película ya se adelantaba Bertrand Tavenier al uso del avance de la tecnología, con la posibilidad de implantar una microcámara en el cerebro para hacer un seguimiento más real. Aún considerada de ciencia ficción, esta película se acercaba mucho a lo que la tecnología actual podría permitir. El mal uso que se puede hacer de la misma en pro de la mala condición humana. Pero, insisto, una ciencia ficción que puede ser bastante real.

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Twitter necesitaba un corazón

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“No uso Twitter pero sí Instagram porque en Instagram no te insulta nadie y en Twitter te insultan todo el rato” Esto decía hace unos días una presentadora de televisión por un pasillo. A los periodistas nos cuesta entender que ambas redes sean comparables. A nosotros nos encanta Twitter, es adictivo y lo hemos adoptado rápidamente como una extraordinaria herramienta de trabajo. Pero la mayoría de las celebrities no usan las redes sociales para estar informadas, lo hacen para comunicarse con sus fans. Les gusta compartir lo que hacen y recibir sus mensajes y eso es más fácil en Instagram porque en Twitter hay demasiados ‘haters’.

Un estudio publicado por el Business Insider concluye que el 88% de los trolls está en Twitter. La razón principal es el anonimato. Es más habitual no identificarse en Twitter que en Facebook o Instagram. Pero también tiene que ver con que en Twitter no se habla solo de aperitivos y playas. Se comenta mucho de política, de religión, de fútbol… en definitiva, de asuntos sobre los que hay muy poca tolerancia al diferente. Precisamente uno de los valores de Twitter es la libertad de expresión. Su relevancia en la denuncia de injusticias es indiscutible y eso ha sido posible gracias a esa libertad. Pero bajo ese paraguas de la libertad de expresión también se refugian agresores de toda calaña. El CEO saliente de Twitter, Dick Costolo, lo reconoció: “Somos un desastre lidiando con el acoso” dijo en un mensaje a sus empleados este año. Sigue leyendo

¿Solo Twitter?

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¿Cómo que solo tienes Twitter? Esta es la pregunta que muchos te hacen estupefactos cuando respondes que `solo tienes Twitter´ o `solo Facebook´ y, en realidad, lo más grave de todo es que tú te sientes irremediablemente obligado a dar todo tipo de explicaciones. No, no, también tengo Facebook, pero casi no lo utilizo. Y Pinterest, LinkedIn, Vine, Instagram, Swarm, Whatsapp, Line, Snapchat, Google+… y un problema.

No seré yo quien me meta con aquellos que tienen, tenemos, 253 redes sociales y estamos todo el día pendientes de ellas. Ni siquiera criticaré con inquina a aquellos que no levantan la vista del móvil en las quedadas con amigos. Al fin y al cabo, están socializando y la comida no se disfruta igual si no la compartes, en Instagram, claro, mi postre ni lo toquéis. Sigue leyendo

¿A quién criticamos hoy?

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Dice mi madre que últimamente como muy mal, que lo ha visto en mi Instagram. Y que soy una desarraigada y no le cuento las cosas porque a la mitad de mis amigos de Facebook ni les conoce. No quiero ni imaginar lo que pensaría de mí si leyera mi Twitter.

No, mamá, no es que sepas menos de mí ahora, sabes más que nunca. Antes me bastaba con esconder a mis amigos poco recomendables o, en caso de extrema necesidad, renegar de ellos. Ahora, mis redes sociales te proporcionan a diario información sobre mí, aunque, por si acaso se te escapa algún detalle, me llames por teléfono de todos modos. Sigue leyendo

Twitter consigue que amemos (más) los programas de TV

 

Hace poco más de un año Twitter, tras años de feliz matrimonio con la televisión, decidió pedirle ayuda a Nielsen para que su relación fuese más próspera. Y juntos parieron un nuevo rating, un índice para medir la “audiencia social” cuantificando el número de menciones de un show durante su franja de emisión. Desde entonces la red social no ha parado de hacer estudios y de publicar métricas para despejar las dudas sobre la relación (según ellos, directa) entre un programa muy comentado en redes y su aceptación por parte de la audiencia.

La pregunta que muchos de los que nos dedicamos a esto nos hacemos (y nos hacen) es si de verdad sirve de algo tuitear durante la emisión de un programa. Arrojar algo de luz sobre este tema me parece importante porque en el debate subyace una creciente preocupación sobre la eficacia y la rentabilidad del medio.

¿Realmente hay un cambio sustancial en la percepción que tiene un espectador de un programa muy activo en Twitter? ¿Aumenta la audiencia de un programa si se tuitea mucho sobre él? ¿Se obtiene algún resultado invirtiendo tiempo y dinero en la famosa “segunda pantalla”? Sobre estas cuestiones planearemos en el post de hoy.

Twitter ¿una panda de Frikis?

Tuits de despedida de Bryan Cranston y Aaron Paul en Twitter el día de la emisión del capítulo final de “Breaking Bad”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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El eterno, y tortuoso, uso de las cadenas y los bulos

Son tan viejas como Internet. Las cadenas llevan conviviendo con nosotros desde que empezamos a enviar los primeros emails. Las cadenas, esos mensajes que, bajo pretextos de lo más variados, nos invitan a enviar a todos nuestros contactos, por aquello de correr la voz… Esas cadenas que, en el 99% de los casos, son una mentira. Y esas cadenas que, lamentablemente, han evolucionado al mismo ritmo que lo ha hecho la red. Y aquí siguen, entre nosotros.

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