FIEBRE DE CONTENIDOS O CONTENIDOS CON FIEBRE

“Te tragarás la colección de cassettes, de Las San-gri-Las o de Las Ronettes”, así canta la letra de los accidentados Siniestro Total en su título “Bailaré sobre tu tumba”. Desconozco la razón por la que aparece la referencia a estas bandas femeninas icono de los 60´s, lo cierto es que con el tiempo todos nos hemos tenido que tragar nuestras colecciones de cassettes.

Ya nadie se acuerda de las cassettes, su desaparición ha sido menos nombrada, rememorada, “o añorada” que la del vinilo o el CD, el primero porque curiosamente está viendo un sorprendente resurgir, con crecimientos en ventas de 2 dígitos. Tras su casi desaparición actualmente las ventas de vinilos superan los ingresos por las ventas de albumes en descarga digital y con multitud de artistas que o bien por motivos nostálgicos, por esnobismo, o diferenciación, están presentando sus nuevos lanzamientos con cuidadas y exclusivas ediciones en vinilo. Quizá esto es otra expresión del relato transmediático que hoy se impone en la industria musical. Si bien esta es otra cuestión.

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Por qué México

A principio de año tomé la decisión de ir en busca de nuevos mercados en los que encontrar mejor rendimiento a mis habilidades y conocimientos y después de repasar el globo me decidí por México. Formado en Inglaterra en una universidad americana, mi querencia siempre ha tirado hacia los mercados anglosajones. Admiro la publicidad que se hace en Estados Unidos y el diseño que exporta el Reino Unido. He vivido en ambos países y entiendo su cultura, hasta entiendo el #bretexit aunque no lo comparta. Entonces, ¿por qué México?

Percepciones y realidades

La primera es obvia: un mercado inmenso. México tiene una población de 122 millones de personas triplicando la población española, ¿qué marca no soñaría con un mercado así? Pero entender el poder adquisitivo del mercado es fundamental para entender su verdadero potencial: tan sólo se considera clase media al 34%, es decir, 49 millones de personas. Por encima apenas hay un 6% de la población y por debajo está el restante 60% que vive con 5000MXN al mes, apenas 240€ (Datos felipec.wordpress.com). Y cuando aplicamos la lupa descubrimos que el tramo mayor de población están en los jóvenes que hoy tienen entre 10 y 20 años. Entre todos suman unos 22 millones y están entrando en la fase importante de consumo: el primer trabajo, el primer coche, la primera casa, el primer hijo… Para que esto ocurra deberán eliminarse desigualdades y superarse incertidumbres y serán los propios jóvenes los que con sus ganas de progresar ayudarán a arrancar el motor del cambio.

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Redefinamos la Televisión pero no reneguemos de ella

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“Si alguien en mi oficina dice la palabra “Televisión”, le echo”
Esa frase la oí yo a un directivo de una Televisión Americana en un viaje a Estados Unidos, el hombre quería enfatizar que ya no trabajaba en una “televisión”, lo cuál para él estaba asociado a un concepto muy carca del siglo pasado, algo decadente para nada de moda en la nueva era digital en la que vivimos. Creo recordar que se autodenominó una empresa de “premium professional video no-sé-qué”. Y para que se viera lo claro que lo tenía añadió esa frase: “Es más, si alguien en mi oficina dice la palabra “Televisión”, le echo”. A lo que un esbirro que tenía a su derecha sonrió y asintió como un borrico como diciendo “Sí, sí, lo dice en serio”.

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Imprescindible: Dilo con tu Propia Voz


Fotograma del film “The Crowd”, de King Vidor

Supongo que todo el mundo conoce esta anécdota apócrifa (o igual debería decir de protagonistas desconocidos, pues por estadística es probable que alguna vez haya sucedido). Cuentan que una madre primeriza se presentó muy preocupada ante el pediatra, con su criatura en brazos. El bebé ya tenía más de dos años y la mujer estaba desesperada: el niño aún no había dicho ni una palabra.
El médico se recostó en su sillón y observó durante un rato al paciente, que ajeno al interés que despertaba, gorgoteaba y lanzaba patadas y manotazos a cuanto objeto se ponía a su alcance.
El médico, con gran solemnidad, tranquilizó a la mujer diciéndole: “Señora, puede usted estar tranquila. Su bebé está perfectamente. Antes o después, todos aprenden a hablar. ¿O acaso conoce usted a algún adulto que no lo haga?”
La anécdota acaba aquí. El mensaje resulta evidente: más pronto o más tarde, todo el mundo aprende a hablar (salvo que exista alguna disfunción grave, que por fortuna es en la minoría de casos).
Con esto en mente, pasemos por un momento a otro punto.

A menudo nos olvidamos de que cuando hablamos de audiovisual, nos referimos a una pieza que está constituida por eso mismo: por sonido e imagen, que comparten importancia a partes iguales. Esto es algo que, aunque parezca evidente, la mayoría de la gente suele ignorar.
En este mundo en el que vivimos en el que, por poner sólo un ejemplo, Youtube es el segundo buscador online; parece que el sonido no resulta tan relevante.

Created by Mushroom Networks

Cuando se habla de la importancia del audio, a veces se tiene la sensación de que se hace para acallar las quejas de los profesionales que se dedican al mismo, como si del hermano pobre se tratara. Y no, no es así.
A menudo olvidamos que el oído es un órgano sensible de gran sutileza. Si nos centramos en una película, la construcción del universo sonoro aporta una riqueza de matices a la que difícilmente la imagen podría lograr por sí sola. Si alguien lo duda, que realice la prueba: visione cualquier película que considere “buena” y reduzca el volumen a cero. ¿Resultado? La película nos parece mucho peor.
En primera instancia podríamos pensar que eso se debe a que, al no captar los diálogos, nos perderemos parte de la trama. No es así. El llamado “cine mudo” ya había resuelto de un modo magnífico un discurso visual pleno, en el que no hacían falta ni cartelas explicativas, (De hecho, lo habían resuelto mucho mejor que muchas de las producciones de hoy en día).
Lo que verdaderamente ocurre cuando prescindimos del audio de una película es que despreciamos eso que se denomina “el universo sonoro” del film. Sí, por supuesto está la banda sonora, aunque sobre todo lo que se echa en falta es ese conjunto de sonidos ambientales que envuelven al espectador y que, gracias precisamente a la naturaleza del sentido auditivo, suelen penetrar de un modo inconsciente en la mente del espectador.
Si hacemos este simple experimento comprobaremos el verdadero valor del sonido.

A lo que íbamos (y retomando la anécdota inicial de este post): el sonido es importante, y todo el mundo, antes o después aprende a hablar.
Vivimos en un mundo de imagen, aunque también es un mundo de marcas. Mi reflexión apunta en esa dirección. ¿Podemos extrapolar lo dicho anteriormente y pensar que todas las marcas, antes o después, aprenderán a hablar?
Imaginemos que sí.

El problema no es tanto si, como temía la madre primeriza, las marcas aprenden a hablar o no, sino cómo lo hacen. Fijémonos que el pediatra no entra en matices respecto a la calidad de lo dicho ni a la capacidad comunicativa del discurso de los parlantes.
Se puede hablar y no decir nada (aunque como nos recuerda la PNL, siempre comunicamos), o peor aún, decir algo de tal manera que se tergiverse, no por mala intención sino debido a una expresión deficitaria.

Tengo la sospecha que durante mucho tiempo las marcas no han hablado por sí mismas, sino a través de interlocutores, intermediarios o traductores. Me explico, las marcas (los anunciantes), han recurrido siempre a agencias de publicidad para que éstas elaborarán su discurso y lo hicieran atractivo.
No estoy hablando de que profesionales del sector les ayudaran a expresar con propiedad aquello que querían comunicar, sino a que, directamente, les han cedido su voz a terceros, pensando que la voz de estos era mejor que la propia.

No hay dos marcas iguales, como no hay dos personas idénticas, (parecidas sí, pero no iguales). Dicen que “el diablo está en los detalles”, y es precisamente ahí donde tenemos que buscar la identidad y la verdadera naturaleza de la marca.
Hace poco tuve ocasión de evaluar un spot realizado por una gran agencia de publicidad para una marca de prestigio internacional. Mi respuesta fue tan breve como clara: “técnicamente es impecable, pero no representa a la marca para nada”.
Aquella era una pieza audiovisual realizada con todo tipo de medios y, como digo, con una factura excelente. (Espero que se entienda que mantenga los nombres en el anonimato, más aún cuando lo que quiero decir se entenderá igualmente).
El problema es que la técnica (el estilo, el storytelling, si se quiere), era un estándar. Sí, de gran calidad, pero un estándar aplicable a cualquiera y, por lo mismo, inútil para todos.
Aquel anuncio privaba a la marca de su propia voz, de su personalidad, y convertía al producto y la empresa en una figura más entre la multitud de marcas que se anuncian a diario.

Imagen de “The Buster Keaton Crowd” en el San Francisco Silent Film Festival. Photo de Tommy Lau

El último ejemplo sobre lo que digo se me presentó hace pocos días, cuando vi el último spot de la Fundación “La Caixa”. Esta pieza forma parte la campaña “Imprescindibles”.


Vídeo oficial de la campaña “Imprescindibles”

Tratándose de una fundación con finalidades benéficas de corte humanitario, habiendo enfocado la campaña como un homenaje a aquellas personas que dedican su vida a ayudar a los demás, y habiéndose tomado la decisión de que sean los propios homenajeados quieres aparezcan en pantalla, parece que todo debería ir bien.

Es evidente que la idea original es dar voz a los miembros de las organizaciones, y a través de ese aporte de verismo, obtener mayor cercanía y credibilidad. (Eso no es un problema: se puede hacer un casting entre los participantes sin necesidad de recurrir a actores profesionales).
Aquí parece que tiene sentido que la marca (Fundación “La Caixa”) ceda su voz a terceros, o adopte como propia la voz de éstos. Hasta aquí no veo ningún inconveniente, pero…
Efectivamente: todo el que haya visto el spot se habrá dado cuenta de lo impostado que resulta el audio, algo que a mi entender elimina todo el potencial que tenía la propuesta.
Tan terrible como escuchar a alguien doblado (esa lacra que el mercado audiovisual español no logra quitarse de encima), digo, tan perjudicial como eso, resulta el darse cuenta de que la persona que nos habla no utiliza sus propias palabras: que recita, como un estudiante aburrido, unas líneas que otro ha escrito para él, y que no comprende, que no le importan o que, en el mejor de los casos, comparte pero nunca expresaría de ese modo.

Como decía el pediatra, todo el mundo, antes o después, aprende a hablar. Otra cosa es que lo haga con propiedad y con su propia voz. Puede que ése sea un primer paso a dar por las marcas, si quieren que el Branded Content que generen llegue a su público.

(Nota: las imágenes utilizadas se acogen al derecho a cita y sus propietarios aparecen debidamente acreditados)

Notoriedad y engagement

Notoriedad y engagement inclinan la balanza del consumo

Notoriedad y engagement inclinan la balanza del consumo

Siempre que hablamos de objetivos del branded content hay dos términos que no faltan en la mente del anunciante y de todos los actores que nos dedicamos al desarrollo de esta estrategia de marketing de contenidos: notoriedad y engagement.

La notoriedad es uno de los objetivos que persigue cualquier estrategia de marketing, sea del tipo que sea, y lo que se obtiene a cambio de ella es que los usuarios conozcan y reconozcan tu marca o tu producto. Sigue leyendo

Lo más de lo más del 2015

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Hacer mas ejercicio, disfrutar más del día a día, reírme más… aquí me tenéis…¡¡haciendo la lista para el 2016!!

Y es que hay que reconocer que nos gustan las listas y si no que se lo digan a Google que después de Love, la palabra que genera mas resultados en el buscador, es List con 5.850.000.000 de resultados.

Y a pesar de que el día de hoy también va de listas (#20D), esas las voy a dejar aparte, que ya hemos hablado mucho de ellas estos días y voy a intentar hablaros de otras más divertidas e interesantes. Junto a las listas están los rankings, algo que realmente tooooodos acabamos leyendo o viendo, sean de lo que sean, ya solo sea por comparar mentalmente con las que nosotros pensamos que son las mejores opciones. Y a menudo nos llevamos más de una sorpresa…

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Marcas de moda e influencers: ¿qué me pongo? espera, se lo pregunto a mi blogger

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Tradicionalmente en las marcas de moda, los propios diseñadores han influido ampliamente a la hora de trazar la dirección que tomarán las tendencias en cada temporada. Con cinco o seis meses de antelación, la prensa y los distintos medios acuden a pases en los que los diseñadores muestran sus comienzos y adelantos de las colecciones. Posteriormente, la prensa se encarga de dar cobertura a aquellas tendencias que ellos consideran interesantes para sus lectores. Los encargados de las tiendas trabajan meses antes de la temporada para llevar a cabo los pedidos que harán a las marcas que ellos consideran que sus clientes quieren comprar. Las celebrities y otros líderes de opinión son normalmente los primeros en fijarse o llevar esos nuevos looks, estimulando a un público potencialmente comprador para que acepten y adopten esas nuevas tendencias.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte, son los propios consumidores quienes deciden lo que se lleva cada vez que tienen que elegir si comprar o no determinadas prendas o colecciones. Estamos ante el fenómeno por todos conocidos como influencers que en el caso de la industria de la moda tiene más relevancia para las marcas, al encontrarnos con un sector muy competitivo y con un producto con un ciclo de vida muy efímero.

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Tres contenidos y un biberón

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Quien me iba a mi a decir que el ser madre además de ser algo alucinante, iba a conseguir que tuviera en casa tantos discos con teras y teras de contenido de todo tipo y en todo tipo de formatos. Y es que el ser padre/madre te lleva en algunos casos, a una especie de síndrome del coleccionista por tener el ultimo video de Gallina Pintadita con el fin de sacarle alguna que otra cara de alegría a tu peque o incluso un baile… ¿he dicho baile??… ¡Enciende la cámara del móvil yaaaa!!!!!

Además de leer diversos artículos e informes al respecto y sin querer entrar a fondo en cierta polémica sobre el uso y el contenido de, por y para menores en las redes sociales y en internet en general, hay que tener en cuenta que alrededor del mundo de los niños, sean de la edad que sean, se ha generado todo un movimiento e industria al respecto.

Dentro del contenido, hay tres maneras diferentes de tratarlo con los peques…

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¿Realmente nos importan una mierda?

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Dos contenidos profesionales me han coincidido en el tiempo y casualmente también han coincidido en su fondo: la importancia de las marcas. Primero, una nueva edición del estudio Meaningful Brands, del cual yo mismo era responsable a nivel España y ahora me toca evangelizarlo internacionalmente. Y segundo, un nuevo libro (Marketers are from Mars, consumers are from New Jersey)  de Bob Hoffman, publicitario madurito norteamericano, de los de toda la vida, al que también sigo asiduamente en su Blog The Ad Contrarian.

Pues bien, en resumen y para ir al grano, ambos contenidos llegan a la misma conclusión: a la gente les importan una mierda nuestras marcas. Así de llano y simple. Bueno, son palabras mías, el estudio es más fino y el americano lo dice en inglés: nobody gives a shit about your brand. Sigue leyendo

Medios y marcas: Interrumpir es caca.

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El post de hoy tiene más de innovación que de audiovisual, pero creo que siempre resulta interesante tratar el tema de la nueva relación entre marcas y usuarios; y además quiero hacerlo poniendo el foco sobre todo en la situación en la que quedan los medios de comunicación. Mucho cacareamos sobre la importancia de darle libertad a los consumidores, sobre que el cliente de hoy día valora por encima de todo la independencia y la facilidad a la hora de consumir “a medida” (ya sea contenido de ocio, compras o información) y en cualquiera de los medios o formas para hacerlo (on y offline). Sin embargo, cada día asistimos a ejemplos de todo lo contrario y los aceptamos como naturales… mi eterna pregunta es:

 

Por ejemplo: entro en la web del diario Marca a ver como ha quedado la etapa del Giro de Italia y me encuentro con esto…

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Interrumpir y molestar al usuario sigue siendo, desgraciadamente, la norma. La cosa funciona tal que así: estoy trabajando, no tengo tiempo de relajarme viendo el ciclismo así que busco una conexión rápida y puntual con un diario para ver los resultados. Entrar y salir, no puedo ni quiero permitirme perder más tiempo… y el medio en cuestión, en lugar de ofrecerme lo que quiero, me obliga a mirar un anuncio durante un tiempo indeterminado, me esconde o hace tan pequeño como puede la pestaña de “cerrar” y (en el caso de que logre darle) o bien me redirecciona a la web del anunciante o bien me hace esperar los mismos eternos segundos que esperaría si ni le hubiese dado a “cerrar”.

En estos casos, y para no perder la perspectiva, siempre hago el mismo ejercicio: ¿Tendría algo así sentido en cualquier otro ámbito comercial?

Vamos verlo:

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