Doblaje, subtitulación y otros artificios contra el silencio o la incomunicación audiovisual.

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Del doblaje, subtitulación y sonorización, como de otras muchas actividades productivas, no hay datos oficiales; Sin embargo se puede establecer que este sector de la industria audiovisual nacional lo mantiene más de 30.000 profesionales.

En las webs de referencia del sector como eldoblaje doblajeenelpaisvasco doblajeenandalucia o eldoblatge hay registrados unos cuantos perfiles profesionales  independientes: 7.500 entre actores de doblaje audiovisual y videojuegos y locutores de documentales, programas y publicidad; 750 directores; 550 ajustadores de diálogos; 575 traductores audiovisuales; 60 profesionales dedicados al subtitulado, audio descripción para invidentes y subtitulado para sordos. Otra cantidad indeterminada de profesionales con los perfiles señalados antes, están contratados en las plantillas de los 400 estudios de doblaje y subtitulación repartidos por todo el país. Y es en estas empresas donde está el grueso del empleo: los implicados directamente en la producción de doblaje y sonorización como ingenieros y técnicos de sonido o productores y los profesionales indirectos propios de cualquier empresa industrial o productora audiovisual.

Hay que añadir a estos el empleo que genera en otras empresas audiovisuales relacionadas el sector del doblaje y sonorización, como las 850 registradas entre distribuidoras, productoras, agencias y medios.

Si tenemos en cuenta el empleo y las empresas implicadas, podemos acercarnos mucho al impacto económico que tiene este sector de la industria audiovisual; y parece que las cifras son importantes, entonces ¿seguimos un poco más con el tema “en cuestión”? Sigue leyendo

Charlas En Pijama

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A veces un perfecto desconocido es el que puede soltar las mayores cargas de profundidad para tu mente. Desde su distancia, sin tener nada que perder o ganar. Ese ser anónimo, que en realidad nunca no lo es, ese que se relaciona contigo en segundo, tercer, o cuarto grado de separación, es el que de pronto puede darte una sencilla opinión que cambiará tu forma de ver ese problema que te mina el día a día.

Corría la primera semana de octubre de 2016 y un importante y traumático desengaño amoroso con su consecuente cambio de domicilio ocupaba mis días desde la mañana hasta el ocaso. Ah, la noche. Ese momento en el que no quieres ver a nadie, no quieres seguir hablando de ello, pero necesitas el aire fresco de una conversación que no tenga nada que ver, con quién no tienes nada que ver. No es una huída, es recordarte que el Universo es Infinito y el mundo, casi. Es, en el fondo, un acto de amor inconsciente. Una búsqueda de conexión a un nivel diferente y muy sanador. 

Con la sensación del solista que se lanza desde el escenario sabiendo que el público le va a sostener, enciendo la cámara de mi móvil y me dispongo a charlar. A las 22:30 de la noche. Voy cómodo, claro. ¿Vestirme? ¿Para qué? Con toda la intención dejé que el pijama fuera un elemento claro de apertura, cotidiano, de cercanía, y honestidad brutal. Y se me ocurre llamarlo “Charlas en Pijama”, para despejar dudas sobre el contenido. 

Ese primer día en el que sencillamente contesté a más de un fan despistado que no sabía si seguía como prescriptor publicitario en Carrusel Deportivo, o había vuelto a Los 40 o a “Hoy por Hoy” se juntaron alrededor del fuego imaginario de mi hogar unas tres mil personas, la mayoría de ellas en diferido. Sí, la charla comenzó con la radio, pero acabó por otros derroteros mucho más profundos, entrañables, e interesantes.

Aquí entra la innovación audiovisual y la sorpresa. Esto nace desde un grupo de chalados en pijama hasta… no se sabe bien dónde. Es algo construido desde abajo hacia arriba. Yo, acostumbrado a hablar de arriba a abajo, a estar siempre en medios líderes, con audiencias millonarias, prescribiendo mensajes de marcas premium en cada sector, me asombra el grado de enganche de una simple charla en pijama desde mi perfil personal en Facebook. Cada uno de los más de 200 o 300 comentarios de cada noche contiene una pequeña perla. Pensada y enviada por alguien que también desea comunicar. Y todo esto explora además el humilde mundo transmedia de que una pequeña emisora de radio libre de derechos como LIBRE FM emite el audio en directo de los programas. Sin límites ni control.

Han pasado decenas de programas. Sí, programas. Porque desde el momento en el que se programa, ya lo es. Comencé encendiendo el móvil y contestando a unos y a otros mientras leía la pantalla del iphone, con mi sofá de fondo. Ahora me lanzo a “realizar” con un pequeño freeware, y la casa es otra. A veces en el salón, a veces en el dormitorio, y a veces en la cocina, que siempre es un buen lugar para comunicarse. Sobre todo, si es una fiesta de pijamas.

Una party multicentro (cada casa lo es) en la que los temas de conversación nos hacen reír (“Juanma, no puedo besarla, ¡tiene bigote!”) o llorar (“dejé mi país para venirme junto a un hombre casi totalmente discapacitado”). Nos hacen imaginar un mundo mejor (colaborando para combatir la ablación) y a veces dejamos “un espacio deliberadamente en blanco” para recapacitar sobre lo último que se ha dicho. Seguramente porque contiene una pequeña “perla” de sabiduría que conviene subrayar. Y el día que decidí abandonar por una edición el mundo virtual y llevarlo a lo físico, se me llenó un bar de Malasaña de personas que habían venido en pijama. Desde Madrid, sí, pero también desde Zaragoza, Sevilla, o Valencia.

He podido invitar y que estuvieran junto a mí, ataviados con traje de noche, un conocido psicólogo desmitificando el enamoramiento, a la presentadora de un canal de televenta explicando su alter ego como mística, a un campeón de artes marciales con dislexia que ha escrito un libro de mejoramiento personal, una actriz echando cartas que revelan tus valores o a una experta terapeuta que con unas curiosas gafas es capaz de desensibilizar a personas con traumas importantes, entre otros. La desensibilizadora hizo experimentos conmigo en directo, sin red de seguridad. Y funciona.

Todo con buen ánimo. Mi toque personal desde siempre. Nada lánguido. No es necesario reír siempre, ni llorar siempre. Hay momentos de reflexión y momentos de consultorio. Cada uno cuenta su caso, y muchos aportamos nuestro punto de vista. Incorporamos encuestas en directo para conocer el comodín del público. Eso sí, me alejo totalmente del ritmo lento e intimista de los típicos programas de noche en la radio (“Hablar por Hablar”, etc.). Aquí no paran los comentarios mientras voy leyendo los mensajes, las consultas a las que todo el mundo da respuesta, o vemos los vídeos y fotografías que mandan los verdaderos protagonistas: los observadores, militantes, implicados al 100% con el proyecto desde el principio. A los dos días de comenzar ya la comunidad había acuñado nuevo término para añadir al diccionario: pijuanmático/a” 
 He llegado a tener la sensación de que muchas de las cosas que hecho en la radio aquí cobran sentido. Cuando me encargaba del resumen diario de “Hoy por Hoy”, el programa de la Cadena SER, lo que más me gustaba y menos me costaba hacer era encontrar el giro que relacionara invitados, secciones, y contenidos en general. Ahora me ocurre con las aportaciones de los que me mandan su foto, su texto, o su vídeo.

Sí. Varias personas, embutidas en sus cómodos pijamas, ya se han atrevido a grabarse en vídeo contando alguna experiencia que enseñe algo, que sirva para pensar, que haga un poquito mejor al mundo. Porque a fin de cuentas ese es el fin último del espacio: conseguir un lugar global mejor en el que vivir. Y siempre con la modestia de algo que de momento no sale de mi perfil personal en una red social, pero con la extraña convicción de que acabará llenando algún auditorio. O no. 

A saber. Esto va así. Nunca se sabe.

Navidades: campañas con campanas, y muchas luces.

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Para la mayoría de marcas y compañías comerciales, la campaña de Navidad supone un especial esfuerzo al que dedican una gran variedad y cantidad de recursos. No en vano, se trata de una de las épocas de mayor actividad comercial del año y cada marca busca la forma de fijar su mensaje en las mentes de los consumidores. Como resultado se produce una saturación excesiva derivada del bombardeo constante de publicidad y el consumidor puede resultar aturdido, pero no todas las campañas fracasan.

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Siempre que vuelves a casa…

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…me pillas en la cocinaaaa, embadurnada de harina, con las manos en la masaaa!!

Oye era oír esa canción de Sabina y mi madre, libreta y boli en mano, perdía literalmente el trasero por coger sitio en el sofá de casa y tomar nota de las deliciosas recetas de Elena Santonja, que salían en este programa de TV…

Mucho ha pasado desde esta escena que os comento, y que algunos tenemos clavada en nuestra retina, hasta la actualidad en el que vemos, consumimos e incluso nos deleitamos con todo aquel contenido o formato que se genera alrededor de la comida o la cocina

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El increíble vídeo menguante y la necesidad de definir nuevas estrategias de contenido en el móvil

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No leemos; escaneamos. El informativo o documental de toda la vida se nos hace, cómo decirlo, un poco largo, y no aguantamos más de diez segundos sin cambiar de canción en Spotify. Vemos la televisión con el rabillo del ojo puesto en las notificaciones de whatsapp. Compartimos tuis sin leerlos y le damos al “me gusta” de Facebook con pulsión enfermiza. La necesidad de sobrevivir a la sobreabundancia de estímulos nos hace ser cada vez más impacientes o selectivos a la hora de conceder nuestra atención.

Estamos inmersos en la Economía del trastorno de déficit de atención. Así titulaba socarronamente @JohnCassidy uno de sus últimos artículos en The New Yorker, en el que se volvía a incidir en nuestra menguante capacidad de concentración a medida que se multiplican los estímulos a los que tenemos o más bien nos empeñamos en enfrentarnos en nuestro día a día. Sigue leyendo

El curioso caso de Casey Neistat

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Imagina que tienes una cámara, y llega, digamos, Nike y te dice: “ey, molas, te voy a dejar un producto para que lo pruebes y hagas un video sobre ello”. Y lo grabas y encima, viajas.

¿Un sueño? No, es posible.

El afortunado de este tipo de experiencias es Casey Neistat, un realizador publicitario de 33 afincado en Nueva York y conocido por sus videos en Youtube entre otras cosas. Anteriormente pasó por la HBO y creó su propio programa, The Neistat Brothers donde trabajó con su hermano.

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