house of cards

No nos llevemos las manos a la cabeza. No, no. Una seriéfila empedernida no iba a exclamar a los cuatro vientos el fin de su mayor gozo. No es el fin de las series, pero sí el fin de las series como hasta ahora las habíamos conocido.

Os cuento.

Hasta finales de los 90 la ficción audiovisual tenía dos grandes formas de contarnos historias: cine o televisión. Entendiendo que la primera tenía una “categoría” superior.

A principios del siglo XXI, la ficción televisiva empezó a mostrar una calidad igual y a veces mayor que la cinematográfica. De ahí que Casciari alabara a The Wire asimilándola al cine “Es una larga y maravillosa película de trece horas de duración, repartida en una docena de capítulos magistrales”.

Y desde hace pocos años, parece que hemos llegado a la cumbre de la producción cinematográfica y televisiva. En los rankings de las mejores películas entran series (véase Filmaffinity) y ya ni podemos diferenciar entre una y otra.

Justo ahora, va Netflix y lanza House of cards. Una innovadora apuesta, un experimento que consistió en estrenar la serie por Internet lanzando en el mismo momento todos los capítulos de la primera temporada. Un éxito.

¿Y qué demostró esta apuesta? Que igual que la ficción, los espectadores también hemos madurado y sabemos lo que queremos. Queremos historias con lo mejor del cine: su calidad y sus eventos. Con lo mejor de la televisión: evolución de personajes y tramas durante temporadas. Y lo mejor de Internet: el control.

El público hemos aprendido a que una historia nos marca más o menos según el momento de nuestra vida que estemos viviendo. No siempre nos apetece ver dramas, o reírnos con las comedias. Queremos que los personajes nos esperen, que las tramas sigan ahí cuando estemos dispuestos a disfrutar de ellas. No queremos esperar a los lunes para ver un nuevo capítulo, nos gustan los atracones. Queremos gestionar nuestro tiempo libre.

No deben seguir tratándonos como couch potatoes, es un error. Netflix ha entendido que nos puede ofrecer la serie y nosotros escogeremos cómo deleitarnos con ella. Marca un punto de inflexión en las series televisivas.

Y según Kevin Spacey, en un discurso imprescindible que ofreció en el pasado Festival Internacional de Televisión en Edimburgo, “en 10 ó 20 años todos apostaremos por este modelo”. ¿Cuál? El que le da el control al espectador. El que ha demostrado que por nuestra libertad sí que estamos dispuestos a pagar.

Es el fin de las series de televisión tal y como las conocíamos. Y es una buena noticia.

Imagen: MrBlackSun via Compfight cc

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