
(Photo used via Flickr under Creative Commons license) A promotional picture for “Fortnite: Battle Royale.”
En los ultimos meses lo que parecía un simple juego de ordenador más (o de Play en mi caso) se ha covertido en un fenómeno tan sorprendente y omnicomprensivo que casi resulta dificil de explicar. Ese simple juego se ha metido en nuestras vidas de manera completa y llena las conversaciones, los bailes, las aspiraciones y los sueños de nuestros hijos. Dicen que se trata de un fenomeno mundial, no lo dudo. Vaya donde vaya, hable con quien hable, todo el mundo comenta sobre esta invasión silenciosa pero imparable.
Y reflexionando sobre eso y sobre lo que está pasando en mi casa (mi hijo de 10 años está más que enganchado de manera inconsciente al fantástico fenómeno) me encuentro con un artículo en el Periodico de hace apenas un par de semanas y me quedo simplemente petrificada ante los dilemas que plantea.
Si tomais el tiempo de leer el artículo del enlace lo primero a tener en cuenta es que la publicacion que lo divulga ocupa el quinto lugar en la prensa nacional (excluyendo la prensa deportiva) y que cuenta con medio millon de lectores diarios, vamos que no hablamos de un blog sectorial o de una publicacion de las asociaciones de padres opuestas a la vida digital. Se trata de un medio de información de los considerados serios y profesionales. Lo segundo es que todo lo que describe lo estamos viviendo las familias en muchos lugares del planeta en un mayor o menor grado. Y es que si, los niños (muy jovenes en muchos casos) no solo se han enganchado a Fornite si no que de alguna manera y no me explico como, Fornite se ha colado en sus vidas y en sus mentes de una manera fácil y arrolladora.
Mi hijo ha estado castigado sin jugar a la Play durante 4 semanas pero aun asi durante todo este tiempo no ha dejado de hablar, soñar y pensar en Fornite ni un solo dia. Sus conversaciones versan sobre las novedades del juego (de las que hablan en todo momento en el colegio), sus sueños se desarrollan alrededor de sus nuevos héroes los creadores de Epic games y cuando está contento se expresa con el baile de la ultima actualización del juego. En resumen viven esperando el proximo momento en que tendrá permiso para jugar, su vida se ha convertido en un compás de espera. Porque ya no me preocupa el tiempo que pasa delante de la pantalla, que a sus 10 años todavía lo puedo controlar, sino el tiempo que pasa pensando en cuando esté delante de ella, y ese tiempo que le ocupa, ese no lo tengo manera de controlarlo. Todo esto lo he visto perfectamente reflejado en el artículo enlazado, vamos como si lo hubiera escrito yo.
Al final del artículo en recuadro aparecen una serie de fórmulas o lo que denominan “trucos” para atrapar al jugador y para mi mayor asombro observo que esos “trucos” son de una simpleza pasmosa pero tremendamente eficaces: hacer los juegos progresivamente más difíciles; introducir un elemento social para que el juego no pueda ser tildado de excluyente, criadero de “frikies” y así terminar con la imagen del jugador/crío raro sin habilidades sociales que se encierra ante el ordenador porque no es capaz de relacionarse normalmente en la vida real; introducir el concepto de tribu, pertenencia, equipo.. todo eso que cualquier padre diría que es bueno (como si hablaramos de la práctica de un deporte); reforzar la personalidad del jugador con halagos, premios o recompensas inesperados que consiguen que el usuario se sienta comodo, féliz y retribuido por el tiempo consumido (vamos refuerzo positivo muy utilizado en educación aplicado al video juego) . Son unos “trucos” ¡rematadamente buenos! Y claro no han tardado en dar resultados. No era para menos!!
Mi primera tentación es compararlos con los «trucos» utilizados por la industria tabaquera, que en su día finalmente conocimos, al incluir en la composición de los cigarrillos sustancias especialmente adictivas para conseguir clientes, que si azucar, que si aromas, que si.. pero es que si lo piensas esto es todavía peor y tremendamente peligroso porque no parece malo, parece incluso mejor que cualquier otro juego: accesible a todos porque es gratis; configuración para todos los publicos (es un comic, “no hay sangre” como dice mi hijo); encima es educativo, porque «no va de matar, es un juego de supervivencia y estrategia» (si eso también me dice mi hijo, angelito, con 10 años para explicar lo que no puedo entender); no tiene sospecha de asocial y se puede jugar en cualquier dispositivo (al principio yo pensaba que solo era la Play pero no, es el ordenador, la tablet o el telefono!). Me quedo pasmada cuando leo que los diseñadores ”son muy sofiscicados que conocen muy bine la psicologia que lleva a la conducta compulsiva o adictiva y que saben como hacerlos irresistibles activados las mismas regiones cerebrales del placer, como cuando un niño se come un helado”
Muchos años me he llevado estudiando la legislación de protección al menor y no solo en cuestiones de publicidad: la protección social del menor, o de la infancia, figura en nuestra Constitución encabezando el capítulo de los principios rectores de la política social y económica. La primera Declaración de Derechos del Niño se aprobó en 1924, en 1989 se firma la Convención sobre los Derechos del Niño, ratificada por España en 1990. Esta última es el instrumento jurídico fundamental, inspirador del resto de legislaciones internacionales y nacionales y dedica especial atención a establecer instrumentos para la efectividad de los derechos que reconoce al niño. Junto a dichos derechos básicos, se establece la obligación de los poderes públicos de asegurar a la infancia un nivel de vida adecuado para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral y social (artículo 27), de crear las condiciones para hacer efectivo el derecho a la educación (artículo 28), a la salud (artículo 24) y de generar mecanismos para la protección del menor en las situaciones que supongan riesgo para su integridad o desarrollo.
Pues vamos bien con tanta declaración pero no tenemos muy claro qué hacer con ella. Por que a mi, esto me lleva a preguntarme si ¿todavía estamos a tiempo de hacer algo? ¿alguien tiene intención de hacer algo?, siquiera ¿debemos hacer algo o simplemente ¿dejamos estar a nuestros hijos que salgan del atolladero cuando maduren? O quiza ¿deberemos esperar a que el problema sea pandémico y entonces culpemos a los políticos por no haber hecho nada?..
No hay crítica en mis preguntas, simplemente hay perplejidad, porque lo cierto es que no tengo ni idea de qué hacer con mi hijo..