Digitalizar la universidad

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Hace unos días, mientras me invitaron unos antiguos alumnos a participar en la próxima celebración de los 10 años de su promoción, me hacía dos preguntas. La primera es previsible: ¡cómo podía haber pasado el tiempo tan rápido! La segunda, era ¿a qué se estarán dedicando cada uno de ellos y cada uno de los alumnos que han pasado por las aulas de mi querida Facultad de Comunicación de ‘Universidad Pontificia de Salamanca’ en estos 22 años que cumpliré como profesor en poco más de un mes (glup!).

Yo, que mantengo contacto con cientos de alumnos a los que di clase en algún momento, puedo tener una ligera idea, nunca una foto precisa. Pero… ¿qué hay de aquellos con los que no tengo contacto? Y, lo que es más importante. ¿Qué sabe mi universidad, como organización, sobre todos y cada uno de los estudiantes que han pasado por sus aulas? Y en el caso de que supiera algo… cosa que pongo en duda no sólo en mi universidad, sino en la gran mayoría, ¿qué es lo que realmente hacen con esa información? Es más. ¿Qué sabe acerca de los estudiantes que pasan por sus aulas actualmente e interactúan con ella a través de la web, intranet o campus virtual?

Mientras los bancos están como locos por convertirse en fintechs y dejar su caspa a un lado porque ven cómo su negocio puede llegar a peligrar, las universidades, de nuevo, me temo que llegan tarde. El panorama, en este sentido, no ha cambiado tanto en los últimos dos años. Si entonces hablaba de cómo me imaginaba las universidades en las que estudiarán nuestros hijos, a día de hoy me pregunto si en las que estudiamos o trabajamos hoy sabrán aprovechar todas las capacidades que el big data puede ofrecerles para poder ofrecer un mejor servicio a sus estudiantes, sus antiguos alumnos, sus empleados y, en definitiva, a su propia supervivencia.

 

No son tantas las empresas u organizaciones que pueden tener acceso de forma continua a tan valiosísima información durante tanto tiempo. Y sin embargo, estoy convencido de que más allá de sus expedientes (que no es poco), muchas se deshacen de los datos relativos al acceso de los usuarios a sus servicios online por considerarlos basura. Es probable que algún buen empleado, al que nunca se reconocerá ese mérito, tenga el juicio de no destruirlos y dejarlos almacenados a la espera de que alguien pueda sacar jugo a tan importante información. Aunque el problema, me temo, no es tan sencillo como esto.

Digitalizar la universidad para poder aprovechar los datos que tenemos sobre los públicos con los que nos relacionamos supone replantear procesos administrativos, de relación con los estudiantes y hasta modelos pedagógicos. Pero especialmente supone poner el foco en el usuario. Especialmente en el estudiante, bajo el que gira la actividad universitaria sin perjuicio de la actividad investigadora o la transferencia. Y para que esta tarea dé sus frutos en el futuro, hay que empezar a construir el andamiaje hoy.

Aprovechar el big data en la universidad podría suponer ofrecer a cada estudiante aquellos estudios de posgrado que realmente le pueden interesar, o las prácticas o empleo en las que mejor pueda encajar. Tener más pistas acerca de las tasas de fracaso de una determinada asignatura o sobre por qué abandona un estudiante su carrera. Podría suponer mantener el contacto una vez hayan terminado sus estudios para ayudarles en su eterno aprendizaje por su vida profesional. Digitalizar la universidad no es hacer digitales los procedimientos que se emplean actualmente, sino repensar estos procedimientos de tal modo que puedan mejorar gracias a la información que se va recopilando. Es actualizar la oferta académica para que esté más acorde a las necesidades de hoy en día. Porque la responsabilidad de la universidad no debe terminar en los grados y los máster, sino que debe llegar a la formación continua, ya desde hace tiempo tan necesaria. Digitalizar la universidad no es cosa de universidades online, sino de todas las universidades.

Pero digitalizar la universidad requiere formar equipos de trabajo que cuenten con una óptica exenta a los intereses de los departamentos y servicios, centrada en ofrecer soluciones integradas que sean de interés para los estudiantes. Introducir metodologías de análisis relacionadas con la experiencia de usuario y la de cliente que permitan observar los procedimientos , oferta y procesos para mejorarlos. Requiere ‘meta I+d+i’: investigación, desarrollo e innovación con el objetivo puesto en la propia universidad.

Si hoy me preguntaran cómo me gustaría que fuera el diseño de la web de mi universidad, soñaría con una en la que todo esto fuera posible. Y no se me ocurre manera mejor de ilustrarla que con la estructura que Buckminster Fuller tiene entre manos, sonriente, en la foto de este post que enlazo, para evitar problemas de reproducción. Una estructura compleja, pero transparente, en la que todos los elementos están relacionados aunque no tienen por qué tocarse.

Fotografía: Enrique Carrascal / Universidad Pontificia de Salamanca

 

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Un comentario en “Digitalizar la universidad

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