Quienes siguen a youtubers también peinan canas.

En España ya hay 8.5 millones de personas mayores de 16 años que siguen habitualmente a algún youtuber, de los cuales el 44% son mayores de 35 años.

Este dato lo hemos obtenido en una investigación realizada en diciembre de 2016 sobre una muestra de 2.500 personas, representativa de los 24 millones de internautas españoles entre 16 y 65 años.

Si tomamos todas las edades agrupadas, el seguimiento de youtubers está aún lejos del volumen de usuarios que escuchan música en Internet (14.8 millones) y algo más cerca de quienes ven series (11.6), pero evidentemente hay notables diferencias generacionales. Vayamos un poco más profundo.

El gráfico siguiente muestra el porcentaje comparado de personas que, habitualmente, escuchan música, ven series y siguen a youtubers, en cinco intervalos de edad que van desde los 16 a los 65 años.

Apreciamos que en los tres tipos de contenido el interés va decayendo a medida que aumenta la edad, sin llegar nunca a desaparecer, como atestiguan las cifras que presentan los mayores de 55 años.

Asimismo vemos que en todas las edades la escucha de música en Internet atrae a más personas que las series, y éstas a más que los youtubers.

Y, efectivamente, lo que todos intuimos, que el seguimiento de youtubers es significativamente mayor en la franja de 16 a 24 años, donde el fenómeno se aproxima a las cifras que alcanzan las series.

Pero claro, somos un país que envejece, como tantos otros en el continente europeo. Si en vez de hacer las cuentas en porcentajes hacemos los cálculos sobre el número de personas, vamos a ver rápidamente que los internautas españoles entre 16 y 34 años son 9 millones, y entre 35 y 65 años son 14.9 millones, casi 6 millones más (dos veces la población de la ciudad de Madrid).

Ello explica que de los 8.5 millones de seguidores habituales de youtubers el 56% sea menor de 35 y el 44% mayor de esa edad. Algo similar se aprecia en las personas que ven series, donde la proporción es de 54/46. En cambio en la música, un contenido digitalmente más maduro y universal, la proporción es de 47/53, es decir hay más usuarios que rebasan los 35 de los que aún no llegan.

En los próximos meses dedicaremos más tiempo y recursos a entender las motivaciones que mueven a este público más adulto a seguir youtubers. Hoy sólo estoy en condición de compartir algunos pensamientos e hipótesis que he ido espigando de aquí y de allá, que comparto con vosotros como líneas de trabajo en las que profundizar para comprender qué motiva a estos followers en edades más adultas.

1) Los youtubers son un océano de diversidad donde está representada toda la pluralidad de temas que interesan a una sociedad. La variedad temática es amplísima y se configura como una long tail infinita. Estos creadores nacen de la propia sociedad en que viven, y hacen de espejo donde esa misma sociedad se proyecta y se mira, por tanto el fenómeno evoluciona según lo hacemos nosotros como sociedad.

2) La pluralidad no es sólo temática también lo es de propósitos. El arco narrativo se extiende desde lo graciosillo sin más hasta el activismo más sesudo y comprometido, pasando por cualquier aspecto de interés de nuestra vida cotidiana, como vestir, cocinar, comer, viajar, leer, ver TV, etc… Como le gusta decir a Eduardo Prádanos las historias de los youtubers son sus pasiones tocadas en el mástil de una guitarra imaginaria de tres cuerdas: informar, entretener e inspirar. Esta pluralidad de propósitos unida a la pluralidad temática hacen muy probable que cualquier persona encuentre youtubers con los que conectar afectivamente. En esto, el fenómeno se asemeja a la música y los músicos.

3) Además encontramos el youtuberismo, entendido como una sustancia transversal que es fácilmente reconocible en estos creadores. Me refiero a ese interés por contar sus historias desde una posición natural y un lenguaje igualmente natural, acordes a su deseo de conectar con su público desde lo que realmente son, sin que se les vaya la mano en artificios que distorsionen su comunicación. Hacen uso de su libertad editorial.

4) Añado que en la sociedad española hay un creciente sentimiento de orfandad en cuanto al papel que antes hacían los medios de comunicación clásicos (prensa, radio, canales TV), que hoy ya no hacen. Ese prestigio, respetabilidad y magnetismo que antaño tuvieron, hoy está en entredicho, cuando no quebrados, y quien más quien menos nos vemos abocados a salir al encuentro de referentes solventes. Así escuché a Iñaki Gabilondo dar un sentido al deseo y la necesidad de conectar con referentes solventes:

“En las inundaciones lo primero que escasea es el agua potable. Ahora vivimos inundados de información y necesitamos encontrar esos pozos de agua potable. Necesitamos referentes solventes”.

5) En la medida en que los youtubers se convierten en referentes solventes -cada uno en su tema, con su propósito, con su estilo y su tono- logran que sus seguidores sean recomendadores en su círculo de relaciones, aprovechando magistralmente uno de los recursos más poderosos a nuestra disposición: la conectividad que nos proporciona y permite Internet.

6) El consumo audiovisual cotidiano-dominante que representaba la televisión a la parrilla va cediendo protagonismo, a favor del consumo on demand. Ya no es sólo que los contenidos de los medios clásicos interesen menos, es que se nos sirve en formato “programa” y este gesto de programar ya no encaja en los ritmos comunes de nuestra vida cotidiana.

7) También vamos reduciendo el tamaño de las porciones de alimento audiovisual. Las piezas que nos cocinan y sirven los youtubers son por lo general pequeñas porciones de contenido que podemos disfrutar en todo tiempo y lugar, apoyadas en la cualidad de ser muy aptas para las pantallas en movilidad. De ahí que sean contenidos y creadores potencialmente omnipresentes, y cuando alguien se vincula afectivamente con ellos apenas se interponen barreras de espacio-tiempo entre el público y sus creadores.

 

Por todo ello el fenómeno está saltando la barrera generacional. Lo que comenzó siendo una voz de los más jóvenes se está extendiendo hacia las generaciones precedentes porque conecta con dos energías: el hartazgo del modelo quebrado y el deseo de conectar con historias hechas desde las pasiones de personas “comunes” que dan coherencia a tres planos: lo que son, lo que dicen y lo que parecen.

Autenticidad se llama el juego.


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