Algoritmos creativos y máquinas de empatía

Desde el pavor que produjo aquel tren que pretendía arrollar al público en un café de París, las nuevas tecnologías se han movido en aguas pantanosas. Una mezcla entre “¿Es posible que..?” y un “¿Sustituirán las máquinas a las personas? Lo cierto es que no tenemos ni idea de todo lo que nos viene, pero la simbiosis entre las máquinas y la creación humana parece el camino más divertido para experimentar.

 

Sunspring es un curioso ejemplo de experimentación con un resultado “raro”. Lo ideal es que veas primero el resultado y luego sepas que…

…y luego sepas que es un cortometraje escrito con inteligencia artificial, lo que viene a ser que el guión ha sido elaborado por una máquina. Funciona así: se trabaja con una red neuronal de memoria a corto plazo (Benjamin) a la que se alimenta y entrena. Suma en total un visionado de 170 películas y 5 series de televisión completas. De manera que la red es capaz de, ante una información nueva, proponer qué es lo que va a pasar a continuación, y estamos hablando de lenguaje, palabras, letras.. Su creador (tecnólogo creativo), Ross Goodwin, define Sunspring como “cualquier cosa”, pero no con un sentido peyorativo, sino con todas sus posibilidades, las que aguardan en los algoritmos, “la máquina carece de inspiración, lo que hace es trabajar con distribución de probabilidades, patrones referidos a nuestra forma de juntar las cosas, un mecanismo de deducción de qué letra se sucederá a continuación”. ¿Entonces tiene sentido el guión?

 

Puedes acceder a su entrevista aquí:

Tal y como @ismarmed sentenciaba con Big data: el asesino de los guionistas, ya ha ocurrido pero, nuevamente, es una simbiosis porque no olvidemos que desde hace muchos años llevamos incluyendo las máquinas y la tecnología en nuestras vidas para ser supermujeres y superhombres. ¡Llevamos gafas!

El entrenamiento de redes neuronales es capaz de aprender y generar frases con sentido, gramáticamente correctas pero lejos de la capacidad creativa del ser humano. En el Instituto de Ingeniería del Conocimiento probaron hace nos meses a desafiar a los algoritmos leyendo a Cervantes, con la intención de que este cerebro artificial inteligente reconociera tanto el vocabulario como las estructuras formales. ¿Podría entonces generarse nueva literatura sobre El Quijote? Formalmente sí, creativamente no.

Peo si echas un ojo a los textos producidos, la similitud es impresionante. Míralo aquí:

Cómo Álvaro Barbero, el data scientist del proyecto explica, “una comparación numérica superficial revela que el cerebro artificial detrás de este aspirante a Cervantes cuenta con aproximadamente 5 millones de conexiones neuronales, mientras que se estima que el cerebro humano contiene 100 billones“. PERO, conecta y avanza en un terreno muy interesante para la innovación audiovisual, el PLN o Procesamiento de Lenguaje Natural.

Enseñar a las máquinas la manera de ver el mundo es clave en el algoritmo de procesamiento de imágenes de Deep Dream de Google, nuevamente, una red neuronal artificial alimentada por millones de imágenes acepta el desafío de identificar y clasificar la imagen para luego devolverla como si fuera una visión onírica. Esta plataforma de experimentación te propone subir una foto y escoger el tipo de “sueño” con el que conecta. Mira los últimos resultados públicos que ofrece en su web:

 

A continuación, he subido una foto que hice este verano para conocer la aportación onírica que sugiere la plataforma ¿Eres capaz de reconocer los objetos y caras que incluye en su reconocimiento?

 

Al fin y al cabo, lo que hizo que los asistentes al Gran Café de París en 1895 se asustaran y salieran corriendo fue la empatía, sus cerebros les jugó una mala pasada haciéndoles creer que realmente el tren les arrollaba. Luego, como cuando los niños se hacen adultos y pierden la inocencia, el resto nos hemos acostumbrado a cómo la tecnología nos va contando las historias y, cada vez más, nos cuesta sorprendernos. Como propone Chris Milk, todo se debe a una cuestión de “Suspensión de la incredulidad” que es la brecha existente entre la historia que nos cuentan, o vemos, y la interpretación que hacemos en nuestra cabeza, y no tiene nada que ver. ¿Adivinas qué puede eliminar esa brecha? La realidad virtual, creación directa a nuestros sentidos, tecnología que creativa, simbiosis en estado puro que empatiza, la máquina de la empatía.

 

¿Quiero que mi VOD entienda el día que he tenido y me recomiende la película perfecta para mi estado de ánimo? Pues claro, y no solo que lo haga en función de mis gustos genéricos para todos los demás días del año, porque cada día es diferente. Esto es la computación cognitiva y el estudio de herramientas que reconocen, interpretan, procesan y estimulan las emociones humanas. Una tendencia fantástica para trabajar áreas como la educación, el neuromarketing… Porque quizás querríamos más a las máquinas si entendieran cómo nos sentimos.

 

 

 

 

Imagen 1, 3 y 4: @evapatricia

Imagen 2: Deep dream Google

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