Uvas, relojes, goles y hostias.

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La televisión no es una religión, aunque a veces lo parece, como cuando se convierte en algo más que un medio porque consigue que su audiencia comulgue con los estímulos de la señal que emite. En un post anterior, y medio en broma, llamamos a eso Televisión Cervical. Ahí nos cebamos con uno de sus ejemplos, el Festival de Eurovisión, y dejamos sugeridas otras tres vías del mismo fenómeno:

• Las campanadas de Nochevieja
• Las retransmisiones de fútbol
• La misa televisiva.

Un usuario único me ha pedido que complete el recorrido. Es verano, tiempo de serpientes periodísticas, así que vamos a entretenernos paseando ideas entre la innovación audiovisual y la arqueología televisiva.  

Con imágenes de una mesa, de un Messi y de una misa, en el menú de hoy: uvas, relojes, goles y hostias. 

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Armando y el borbontón del Transmedia

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Ser español, republicano, del Atleti y ateo es tener cuatro buenas razones para creer en la innovación, aunque sea audiovisual. Entre el “Panta rei” de Heráclito y la espantá del rey del lunes pasado median 25 siglos pero una misma verdad verdadera: todo fluye.

El  monarca abdicó batiendo récords de audiencia televisiva.  Nada sorprendente. Los seis minutos de su discurso fueron uno de esos momentos en que, gracias a los Medios, el ciudadano siente que se baña en el río de la Historia, con hache mayúscula.  La Televisión en esplendor máximo añade a su señal una vibración instantánea, única, trascendente, y universalmente contagiosa. Ha ocurrido más veces, como en el 11 S, cuando el segundo avión penetró en directo en la segunda de las torres gemelas. Significante y significado se colapsaron en un solo frame que liberó infinitas cantidades de energía simbólica. WOW!

Este rey no será recordado por una estatua ecuestre, como el cuarto Felipe que funambula en la plaza de Oriente, o por un óleo maestro, como el cuarto Carlos que brilla en El Prado. Hijo de su tiempo, este rey se retrata para siempre en dos soportes audiovisuales: la alocución de la noche del intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, y la del lunes pasado abdicando de su corona.  Dos vídeos como alfa y omega de su reinado.

¿Hay Innovación audiovisual? Si, y estrenando salto Fosbury.

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Conchita y la Televisión cervical

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¿Ha muerto la Televisión? Si, claro que sí, una vez más, y no será la última. Porque la tele tiene Efecto Rebote, como el ave Fénix, el Teatro, el Capitalismo, la cola de las lagartijas,  Raffaella Carrá o adelgazar con dietas.

Como medio de comunicación de masas  ya ha cumplido su ciclo, así que cíclicamente alguien se ocupa de actualizar su esquela. La mutación digital ha multiplicado los entierros de la Televisión tradicional. Muerta y bien muerta que está.  No importa que, según el ANALISIS TELEVISIVO 2013  de Barlovento, en 2013 cada español dedicó a ver televisión una media diaria de 243 minutos. ¡Más de cuatro horas de consumo audiovisual al día! Le entregamos a la pantalla más tiempo del que, sumado, dedicamos a merendar, lavarnos los dientes, hacer el amor y pensar en la paz mundial, por citar solo algunas ocupaciones cotidianas. Después de dormir y trabajar, el consumo de televisión es la tercera actividad en tiempo del español medio.

¿Quién es el muerto aquí?

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Marta y el Índice BAB

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Innovemos, pues.

Quedo a comer con Marta Martín, uno de los primeros espadas españoles del análisis de audiencias y marketing televisivo, con una larga experiencia en Tele5, Plural y Mandarina. Nos citamos en un restaurante portugués en homenaje a parte de su familia y a mi último verano, que pasé en Lisboa trabajando para el Prime Time lusitano.

Antes de elegir plato ya estamos hablando de audiencias TV, de sus fuentes de datos y de su siempre maleable y variable interpretación. Recordamos a Winston, Churchill: “Hay verdades, medias verdades, mentiras y… estadísticas”. Al proceso de captar datos objetivos le sigue la interpretación de sus variables, y en esto la estadística TV tiene casi tanta cocina como la gastronomía de los datos electorales. Los ingredientes del cuanti saltan desnudos a la olla para ligar la salsa del cualitativo. La receta no es matemática sino marketiniana: Si no consigues ganar, disfraza el impacto de tu derrota. De nuevo el viejo Winston: “Solo me fío de las estadísticas que yo he manipulado”.

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