
El título no tiene nada que ver con el artículo, es una invocación mágica a la longevidad del veterano formato.
¡Socorro! ¡Me ahogo! Blogs, prensa, Facebook, Twitter, YouTube, Vimeo… Cada puñetero día, al igual que tú, recibo dosis masivas de información y contenidos de procedencia e intención diversa. Por muchas herramientas que pruebe para filtrar u organizarla. Por mucho que intente administrar su consumo: mis herramientas mentales, desarrolladas en la época de las fichas de biblioteca, se quedan cortas. Se ve que mi software ha quedado obsoleto.
Pero resulta que escribo estas líneas desde un apartamento en la playa, al que me he escapado unos días a “desconectar” y lo primero que hago al llegar, sin deshacer las maletas, es precisamente “conectar” todo con todo: el móvil, el tethering, la wifi, el portátil, el equipo de música, el HDMI, el puñetero espotifai. Rápido repaso a Twitter. Vistazo veloz al correo electrónico. Un par de chorradas del Facebook. Ya soy libre. Por ahora. Sigue leyendo