Ha tardado más que otros medios, pero la radio española inicia 2016 con una identidad digital cada vez más reconocible gracias al asentamiento de las emisiones online (abanderadas, es cierto, por iniciativas ajenas a la industria tradicional), a la consolidación de las plataformas de música bajo demanda (que siguen ampliando la experiencia del usuario con innovadores aditivos) y a la normalización del smartphone como dispositivo dominante en el acceso a contenidos de ocio y entretenimiento, entre los que el audio —ayer mismo se enfatizaba en este blog— representa ya una parte sustancial del menú.
Esa integración en el entorno digital está exigiendo al medio sonoro introducir estrategias discursivas complementarias a las específicas de su lenguaje (palabras, músicas, efectos y silencios): en Internet la radio ya no es invisible, ni fugaz ni irreversible, ¡todo lo contrario!, y la legendaria resiliencia hertziana parece ahora supeditada a su capacidad e imaginación para incorporarse al nuevo ecosistema sin perder (ni descuidar) su clásica esencia. Algunas de esas inercias ya instituidas y llamadas a ampliarse en los próximos meses se describen brevemente en el post de hoy.

