
Cuando alguien nos dice que el público objetivo de su producto son los “millennials” automáticamente brota en nuestra mente una imagen, cuyo contenido es una suerte de collage formado con fragmentos procedentes de la pléyade de estadísticas, informes, infografías, videos y noticias que se han publicado en los últimos cinco años.
Este tipo de publicaciones suelen ocupar bastante atención a describir cómo consumen los jóvenes llamados millennials, tratando de escudriñar qué criterios son los relevantes cuando toman decisiones de compra. Es lógico, los clientes de estos documentos son casi siempre marcas o empresas que prestan servicios a otras empresas, cuyo interés en los millennials es comprender sus patrones como consumidores.
Vistos desde esa mirada los millennials quedan reducidos a un “target”, otro más. Eso sí, de los más preciados. Sigue leyendo


