Pensaba no hace mucho, mientras avanzada sin demasiada atención por la vigésima página del menú de Yomvi, en lo mucho que ha cambiado nuestra manera de ver algo en la televisión.
Los que han vivido el salto de lo analógico a lo digital seguro que me entienden.
Crecimos acostumbrados en la comodidad del consumo lineal de la información y los libros de “Dragones y mazmorras” nos parecían el colmo de la interactividad. Nos sentábamos cómodamente en el sofá a ver lo que alguien había decidido que se emitiría esa noche. Y al día siguiente las conversaciones se polarizaban en torno a ese único contenido. Era la quintaesencia de la cultura y el consumo mainstream. Sigue leyendo
