tinystories

1995. Por aquel entonces cursaba 3º de Primaria y aún no existía la palabra ‘storytelling’.

Me tocó leer mi relato en clase. Trataba de 2 manecillas de un reloj; el minutero y el segundero y su condición esclava de encontrarse sólo cada 60 segundos durante uno de ellos. Una inocente y dulce reflexión animada del concepto del tiempo, supongo. A partir de entonces, mi profesora, mis compañeros, mi familia… me animaron a seguir leyéndoles mis historias.

2004. 1º de bachillerato. Supongo que, víctima de una adolescencia precoz y demasiado ocupada en encontrarme a mí misma, olvidé mi afición a la escritura. Sin embargo, me apunté a última hora a un concurso de relato corto en mi instituto. Más por el premio que por afición, la cual ya estaba algo olvidada. Gané el premio (la competencia tampoco es que fuera demasiado dura) y después de aquello dejé de escribir en serio durante mucho tiempo.

Todo esto que os cuento es para explicaros que cualquier proceso creativo, con los años, se olvida. Se deja de escribir porque “¿para qué?, tener diario es de adolescentes”, se deja de dibujar porque “total, no soy lo suficientemente bueno”, solo aquellos que están muy seguros de su don disfrutan de la costumbre.

Muchos saben que hay una charla de Puño, el diseñador gráfico, que me conquistó hace un año. Habla sobre dibujar, pero bien podría hablar de contar historias. Recomiendo que la veáis. Y por cierto, gracias a la historia que él cuenta ha conseguido que mucha gente lo conozca.

El mensaje que lanza es que todos podemos dibujar, todos podemos crear… pero dejamos de hacerlo porque nos inculcan que todo lo que hagamos tiene que tener un propósito, una meta y un por qué y nos olvidamos de aquellas cosas de las que, de niños; sin pensarlo, disfrutábamos. Estoy segura de que a ninguno de vosotros os costaba decir aquello de “Vale que yo era…? Y entonces tú ibas….” . Eso ya era inventar historias…

Lo que no pueden quitarnos es que nuestra mente, desde el principio de los tiempos, nos cuenta historias y, como dicen en la película ‘Her’; the past is just a story we tell ourselves

Y ahora resulta que hace un tiempo las marcas se han dado cuenta de que a las personas lo que le impactan son las historias y, entre varios, han decidido llamarlo storytelling. También se ha hecho con el branded content, transmedia… Para explicar los conceptos ya hay muchos y buenos contenidos en la red.

Y es curioso cómo de en serio se están tomando las marcas esto de contar historias, algo de lo que nos alejan en nuestro sistema educativo. Volviendo a ‘Her’, para aquellos que hayáis tenido el placer de verla, es curioso descubrir el empleo de Theodore, el protagonista. ¿Algún día seremos incapaces de contarnos historias, de comunicarnos con los nuestros?

El gigante Google, sin embargo, cree todo lo contrario (más le vale) y así lo demostró en su spot para los Oscars con su “We’re all storytellers”.

Lo dicho, el poder de una historia es infinito así que hagan el favor y escriban, cuenten.

Escriban, señores, escriban sobre sus vidas, sobre las vidas de otros, sobre lo que quieran; pero escriban, cuenten.

@fatynap