1995. Por aquel entonces cursaba 3º de Primaria y aún no existía la palabra ‘storytelling’.
Me tocó leer mi relato en clase. Trataba de 2 manecillas de un reloj; el minutero y el segundero y su condición esclava de encontrarse sólo cada 60 segundos durante uno de ellos. Una inocente y dulce reflexión animada del concepto del tiempo, supongo. A partir de entonces, mi profesora, mis compañeros, mi familia… me animaron a seguir leyéndoles mis historias. Sigue leyendo
