Cinco fenómenos que suceden cuando hablas de transmedia en el despacho de un productor de televisión.

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No nos engañemos, somos una secta. No, esto no va de hacerse el interesante o de sentirse parte de un club secreto. Es más bien una tragedia. Una travesía en el desierto, la soledad del corredor de fondo… un montón de frases hechas para hablar de una realidad: la industria televisiva, ese espacio de audiencias masivas, plataforma posible donde hacer residir relatos más amplios que los que se agotan en su propia pantalla, está a otra cosa. ¿A qué? Ya lo sabemos. Y, desde luego, no es a abrir sus puertas a la narrativa digital.

En los últimos tiempos he tenido la oportunidad de presentar varios proyectos de series de ficción en algunos despachos de productoras españolas, todas ellas con series producidas o en producción. En estas reuniones he aprovechado para soltar la palabra de moda: transmedia. Es la que todos conocemos, por lo que mejor no entrar en los debates terminológicos que sacuden el sector hoy en día. A partir de ahí la charla siempre toma a un tono diferente. Ni mejor ni peor. Simplemente distinto. Y se desencadenan una serie de fenómenos bastante interesantes…

1. Transmedia es sentimiento de culpa.

Todo el mundo (o casi) ha escuchado hablar de transmedia en el mundo de la televisión. Y eso es exactamente lo que ha sucedido: “han escuchado a hablar de”. Saben que está en las ferias de televisión, que está en Hollywood y en la HBO, que se habla de ello en los blogs de referencia. Pero a la hora de saber qué es exactamente, la única respuesta es un balbuceo incoherente. No pasa nada, no nacemos sabiendo. Y si tu actividad diaria es hacer televisión convencional, no necesitas leer el blog de Jenkins todas las mañanas. Ni siquiera este blog. Lo que llama la atención es el sentimiento de culpa que va asociado al momento. Es como si debieran saber, como si estuvieran obligados y el no saber les dejara la sensación de que se están perdiendo algo, de que hay algo que escapa a su control y que no pueden descodificar con sus propias herramientas. Como digo, no pasa nada. Yo me dedico a escribir series de televisión y seguramente tendría que aplicarme mucho para escribir un episodio de Battlestar Galactica, pongo por caso.

2. Transmedia es lo de las webseries e internet.

A continuación, llega el momento de explicar de qué estás hablando. La definición de transmedia –la corta y la larga, la que sea- no es suficiente. No es el momento de profundizar ni hacer disertaciones sobre teoría narrativa. Esto es una reunión comercial: yo quiero vender mis proyectos, yo quiero que tú me los compres. Pero la charla se ha abierto a un nuevo terreno y hay que seguir el camino. El objetivo es no hablar de Star Wars ni de Matrix, aunque todos sabemos que va a ser imposible. Hasta que llega ese momento, la idea es construir de la forma más coherente y sencilla un relato que incluya las palabras top: engagement, fan, gamificación, multiplataforma, arg, apps… Pero si hasta ese momento no han salido ni George Lucas ni los Wachowski, seguro que sí lo ha hecho la palabra maldita: webserie. Es la palabra que devuelve el orden al caos. Un formato conocido que, como por arte de magia, crea por fin una zona de seguridad para el interlocutor. Por fin, tiene algo que decir después de un par de minutos de descontrol terminológico: “Las webseries están muy bien. Pero internet no da dinero”.

3. Transmedia es que no vas a dar dinero.

Y ahí has perdido la batalla. Porque si hay algo que sobrevuela cualquier reunión en un despacho de un productor de televisión, eso es el dinero. Normal, es una reunión comercial, no lo olvidemos. Pero esta vez el dinero es el contraataque. Tú has lanzado la bola con un discurso incomprensible. El productor te la está devolviendo con el discurso que los dos conocemos. Y es inapelable. Si una producción no tiene un retorno económico asegurado, no es posible. Y todo esto de hacer series que luego van por internet, por ebook, por apps, por args… por donde sea, no asegura un beneficio. No porque no lo tenga, si no porque en términos de economía tradicional –la que preside la industria televisiva en términos generales-, crear marca o tener fans aún no se considera. Transmedia, es, en ese momento, un pozo sin fondo donde tirar billetes de 500 euros uno detrás de otro.

4. Transmedia es que vienes a pedir dinero.

Y tal y como viene la bola te llega otra. Porque no es que la propuesta sea imposible de amortizar, es que, además, es inasumible en costes de producción. El productor se imagina un equipo inmenso, una torre entera de la Ciudad de Deportiva llena de gente trabajando en una sola producción porque, como ha quedado dicho, el relato se expande por muchas plataformas y eso significa multiplicar por mil los equipos. Y aunque todos fueran becarios –porque, como todos sabemos, esto del transmedia sólo lo hace gente joven que ni paga alquiler, ni se viste, ni come-, sería imposible de sostener. Además, al final estarían haciendo algo que el espectador se acabaría descargando de forma ilegal en internet. No, esto del transmedia aún no es posible. “Nosotros ya tenemos a un chaval que escribie tweets cuando se emite la serie”.

5. Transmedia es eso de los jóvenes.

Un argumento se encadena con otro y ahora toca hablar del público potencial de este tipo de producciones: los jóvenes, “esa gente”. La madre del cordero, el santo grial, el target más deseado… Pero desgraciadamente inaprensible. Y si ya es difícil que vean tus series el día que se emiten, que es cuando suman de verdad, imagínate tenerlos dispersos en un universo narrativo que sucede en un continuo espacio-tiempo. Al final, pensar en invertir para el público joven es lanzar un brindis al sol ya que ellos no son más que una panda de mocosos infieles y desagradecidos. Los hijos y sobrinos del productor, lo son. Fíjate, que ven Sin Identidad mientras tweetean en el móvil y juegan en el iPad. O lo que coño hagan ahí.

Y, al final, aparece Satanás.

No voy a hacer un paralelismo entre el productor y el ángel caído, no. Esto no va de llorar ni hacerse la víctima. Pero decir transmedia en algunos despachos es como invocar a ciertos espíritus que no estaban invitados a la reunión. Poco a poco, seguramente. La gran industria del entretenimiento aún no es permeable a nuevas formas de entender la narrativa aunque haya un buen número de espectadores que la están pidiendo a gritos. Es como las parejas, hay que conocerse, entenderse y tolerarse. Y eso, lo sabemos, lleva tiempo. Aunque también es cierto que los dinosaurios dominaron el planeta y, de la noche a la mañana, desaparecieron por completo dejando tras de si sólo un puñado de fósiles y una peli de Spielberg.

La cosa termina siempre con buenas palabras y la promesa de valorar “todo eso del internet que dices”. Un fuerte apretón de manos, adiós, “y si sigues trabajando en esa línea, me vas contando a ver qué tal”.

Imagen: B Rosen.

@ramontarres