Lo último de lo último es vender el alma en televisión. Aquellos que piensen que ya lo venían haciendo algunos personajes, que sepan que esta vez va en serio. ‘Soul out’, es el título de un formato de origen español (Grupo Secuoya), un juego de palabras que se traduciría más o menos como ‘Almas en venta’. ¿Ya tengo vuestra atención?

Empieza el show. Un presentador de aspecto mefistofélico se dirige a la audiencia con voz grave: “Soul out, donde las almas están en venta. El mito de Fausto se hace reality show. Cualquiera puede tomar parte una vez en la vida. Lo único que necesitas es un alma.”

¡Toma ya! Entonces aparecen una serie de ciudadanos de a pie y exponen que quieren vender su alma, pero claro, a cambio de algo útil: la boda soñada, encontrarse con un ser querido, una cirugía estética, o el pago de una deuda son razones más que válidas para desprenderse de aquello que ni se ve, ni se toca, ni se come, ni importa ya a nadie. Os invito a ver el vídeo del teaser y luego comentamos.

¿Cómo os habéis quedado? ¿Habéis entendido la mecánica? Vaya decepción, ¿no? Decepción porque, a poco que sepáis inglés (en el mundo de los formatos todo es en lingua franca), ya sabéis que, en realidad, no hay elementos sobrenaturales apoderándose de los concursantes, que lo hay de fondo es dinero, participación desde casa vía app (que será de pago, digo yo), espectáculo guionizado en plató y el show de toda la vida. En la época de ‘¡Sorpresa sorpresa!’ te daban gratis los alegrones pero ahora, si quieres algo, lo pagas con tu humillación pública, tu vergüenza, tu pudor, la exposición de tu vida privada, y no olvides colaborar con tu expresividad para enfatizar el interés.

Es posible que ‘Soul out’ se convierta en un éxito. La consultora francesa The Wit lo ha incluido este año en el catálogo que ellos llaman Fresh TV. Es una de las presentaciones con más éxito en el Mipcom de Cannes. Se trata de una lista de éxito futurible en la que aparecen formatos internacionales que llenarán las parrillas en los próximos meses. La reputación de la marca The Wit es tan buena que, con solo citarlos, los programas se convierten en la golosina más buscada del mercado. Así funciona la reputación. Los contenidos, son otra cosa.

Si os habéis entretenido leyendo los formatos Fresh TV de este año ya sabréis que es más de lo mismo. Variaciones sobre el mismo tema. Diseña un concurso, incluye una celebrity, haz como que rompes un tabú o un esquema social, invita a gente de la calle variopinta, etcétera.

A mí lo del alma, aunque solo se deje ver en el enunciado, me ha llamado la atención por varias razones perversas:

  • Porque presupone que los ciudadanos estamos dispuestos a todo con tal de aparecer en televisión.
  • Porque certifica lo sencillo que nos resulta identificar bienestar íntimo con bienestar material.
  • Porque alienta la crueldad anónima a través de las redes.
  • Porque de nuevo se pone en escena la humillación consentida de unos participantes.

Nadie se cree, al leer el título del programa, que realmente se pongan almas en venta. Pero me preocupa ese contrato perverso entre la audiencia y la televisión, que hace que todos los juegos sean aceptables, todas las propuestas plausibles. Nos piden juguemos a que las almas se venden y nosotros respondemos que vale, si me das una pasta para que me lo crea, vale, si me muestras a alguien más miserable que yo, vale, si me das la opción de participar en el escarnio público.

Lo triste es que, en cierta medida, sí que hemos vendido nuestra alma. Quizás no todo el mundo, quizás no totalmente.

O tal vez el problema sea narrativo. ‘Soul out’ dibuja un mundo en el que solo hay un Mefistófeles, unos ayudantes perversos enchufados a la app o en el plató, y unas débiles criaturas cómplices de sus torturadores. Cualquiera sabe, a simple vista, que falta una deidad restauradora del orden, una figura bondadosa y justa que amenace el reinado de las sombras. Falta alma. Esa alma que sí parece haber vendido esta televisión.

Demonio Lego

Imagen: Omar Omar

@lidiamosbe