Ad blockers: Cuando la publicidad y el consumidor se comportan como El Coyote y el Correcaminos

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Me meto en una página web para leer un artículo, entre yo y el artículo aparece un instersititial, busco corriendo la “aspita” para ver si lo cierro antes de que me entere ni siquiera de qué va. !Mierda! Me equivoco y cliqueo en el anuncio, antes de que termine de cargarse la página ya estoy cerrando la pestaña para volver a mi misión inicial. Vuelvo al artículo, empiezo a oír una música de acción acompañada de una explosión y el rugido de un coche acelerando (“me ha debido saltar algún tráiler”, pienso para mis adentros…), empiezo a investigar todos los banners a ver cuál es el que me da la opción de quitarle sonido al autoplay. De repente las letras se mueven como si fuera un terremoto informático, se parte el artículo por la mitad y aparece un video con tan mala suerte que el cursor está justo encima de él por lo que el anuncio se ve y se oye (Oh no!) El sonido del anuncio desplegable se mezcla con el del tráiler y decido directamente apagar el altavoz del ordenador porque esto empieza a parecerse peligrosamente a una cena de navidad con los amigos y la gente no se creerá que estoy trabajando…las letras vuelven a subir y por fin puedo leer lo que estaba buscando.

¿Y todavía hay gente que se pregunta cómo puede ser que haya tantas descargas de ad blockers? Lo raro es que no vengan de fábrica!

De hecho, en las últimas semanas se han puesto aún mas de moda ya que Apple ha hecho algo en su última actualización del sistema operativo que se parece bastante a instalarlo de fábrica. No es que haya bloqueado la publicidad directamente en Safari pero ha dado permiso a los desarrolladores a que introduzcan bloqueadores de “contenido” en general…y de publi en particular.

¿Ad-blockers héroes o villanos?

Pues depende a quién preguntes… Reconozco que he oído y leído opiniones de todo tipo y, aunque en la mayoría de los casos estoy de acuerdo en que los blockers responden a una necesidad real de cualquier persona que pase más de 10 minutos al día en internet… para mi son villanos sin ningún género de duda.

Una afirmación tan tajante así sin más explicaciones me resta objetividad, así que vayamos por partes…La cara amable de los Ad blockers consiste en que éstos promueven un mundo sin publicidad molesta, AdBlock Plus (que viene a ser la referencia en el sector) tiene una”lista blanca” a la que, en principio, pueden adherirse las páginas que lo soliciten, siempre y cuando respeten una serie de criterios preestabecidos como que el anuncio en cuestión venga señalizado como “publicidad”, que sea publicidad estática y preferiblemente textual, etc… hasta tienen un manifiesto por los anuncios aceptables. Vamos, que sus fundadores son ese hijo que Bill Gates siempre quiso tener pero no pudo: unos programadores luchando con la tecnología para construir un mundo mejor.

La cara más oscura, sin embargo, reside en el hecho de que, algunas páginas, si quieren entrar tienen que pagar y eso huele un poco más a chamusquina. Entre la lista de los paganinis se encuentran Google, Microsoft o Amazon y las cifras de las que se hablan son de millones de dólares.

El argumento, según indican ellos mismos en su página web es que ese dinero lo destinan a seguir haciendo crecer la plataforma (de la misma manera que hacen la mayoría de los negocios en expansión digo yo…) y conseguir un mundo sin publicidad.

Aquí veo dos problemas: el primero es que su modelo de negocio me recuerda mucho a una extorsión pura y dura, y el segundo es que no dejan claro a quién extorsionar y a quién no, por lo que ya no sólo son salvadores sino también justicieros.

Paso por encima la pregunta de cómo van a vivir las páginas webs si no queremos ver su publicidad (ni planteo lo de pagar por sus contenidos) porque ese es un tema mucho más amplio sobre el que discutir.

Ahora bien, no nos llevemos a  engaños, aunque intente pintarlos como una gente malvada y extorsionadora, la cruda realidad es que existen porque tienen que existir. Si he conseguido transmitir de manera correcta en el primer párrafo el estrés que puede suponer abrir el navegador e intentar leer cualquier artículo, estoy seguro de que más de uno se habrá sentido identificado con una situación parecida.

Y ahí es donde surge el título de este post, porque no existe mejor imagen de lo que significa empecinarse con algo (empecinarse en el sentido más burdo de la palabra) y frustrarse por no conseguirlo, que la del pobre Coyote intentando alcanzar a ese maldito Correcaminos que siempre consigue escapar.

Hasta donde yo sé las soluciones que se han propuesto hasta el momento para solucionar este problema consisten en pagar, demandarlos, evitar que el usuario vea el contenido si lleva un blocker o hacer desarrollos tecnológicos que eviten que se produzca el bloqueo.
Por eso, cuando decidí a escribir sobre el tema de los Ad blockers no se me ocurría mejor analogía, porque muchas veces, como usuario, en lo que se refiere a la publicidad en internet (por centrarnos en el tema que hoy nos atañe) me siento como el pobre Correcaminos intentando escapar de las burdas trampas ACME que se cruzan en mi camino.

El fenómeno de los blockers es un síntoma cualquiera de un problema más grave al que nos enfrentamos todos los que trabajamos en el sector de la publicidad y los medios: un entorno totalmente descontrolado en el que algunos cometen abusos que paga el consumidor (que no puede navegar tranquilo), las marcas (que pierden efectividad a la hora de comunicar) y los publishers (que ven cómo amenaza su fuente de ingresos). Hoy son los bloqueadores pero podemos hablar de robots que hacen click para mejorar los resultados, anuncios que no se ven, otros diseñados especfícicamente para engañar al usuario y mejorar las conversiones, o cualquier otra artimaña que se le pueda ocurrir a alguien más listo que yo.
Y lo peor de todo es que, aunque veo claro el problema, no tengo una respuesta a cuál es la solución pero algo me dice que pasa por la creatividad y la innovación, y mucho me temo que habrá que presecindir de las herramientas que nos ofrece ACME porque está claro que no nos funcionan, por eso no se me ocurre mejor sitio que éste para dejar abierta la reflexión para que sean otros más innovadores los que la cierren.

Hasta entonces, os dejo con las 9 reglas básicas que diseñó Chuck Jones para que la historia del Coyote y el Correcaminos siempre fuera la misma aún siendo diferente, como la vida misma.

imgur coyote y correcaminos
Imagen de portada: Compfight Bob Jouy
Imagen Final: imgur.com Chuck Jones
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