“Tarde para la ira”. Bea Bodegas y el storytelling detrás de la película

Hace poco más de 48 horas que una película de presupuesto discreto se alzó como la favorita de los Premios Forqué que concede EGEDA (Entidad de Gestión de los Productores Audiovisuales), para muchos el premio más importante de nuestra industria. Pasó por delante de grandes obras, en el otro extremo de los dineros y las taquillas. Competía nada menos que con ‘Un monstruo viene a verme’, ‘El hombre de las mil caras’, ‘Que Dios nos perdone’, ‘Julieta’ y ‘1998. Los últimos de Filipinas’. El premio se lo llevó Bea Bodegas con su productora La Canica Films. Ah, ¿Qué no os lo había contado? Ella es la mujer detrás del título, la productora, la impulsora de un storytelling implacable que ha convertido una opera prima en un fenómeno que, según los augures, se consagrará en los Goya del próximo 4 de febrero, en los que parte con 11 candidaturas.

He querido dedicar esta reflexión a ‘Tarde para la ira’ y a Bea Bodegas porque tuve el privilegio de vivir a su lado el triunfo, de conocer detalles de la producción, de ver cómo su nombre ni siquiera aparece en la mayoría de los pies de foto que la retratan con el equipo. Y sin embargo, lo que sucedió en Sevilla la noche del sábado 14, se debe en gran parte a ella y a su capacidad para crear un entramado fascinante que convirtió en virtudes lo que parecían defectos y en oportunidades lo que se anunciaba como fracaso.

¿Cómo ha llegado ‘Tarde para la ira’ hasta aquí?

Si no habéis visto la película no puedo menos que recomendarla. Es excelente. Auténtico ‘noir cañí’. Tiene fuerza, carácter, buen guion, buenas interpretaciones, buena puesta en escena y lo mejor es que habla de nosotros. De cada uno de nosotros. De la manera en la que sufrimos, amamos, vivimos confusos, soñamos, buscamos venganza para saldar cuentas, nos equivocamos, seguimos adelante.

De acuerdo, estas son características que pueden compartir otros muchos films, pero este pasado 2016, con una producción excelente de cine español que se situó en primera posición de las taquillas, aumentando cuota de pantalla, había otras candidatas destinadas a la gloria de los Forqué. ¿Qué la convirtió en favorita de la industria? La historia detrás de la película tuvo mucho que ver.

  1. Un director novel y sin experiencia de rodaje. Se llama Raúl Arévalo y es uno de nuestros jóvenes actores de cine y televisión más valorados. Pero no había dirigido ni un corto. Para hacer un ejercicio de confianza como este, Bea Bodegas tenía (tiene) que saber mucho de cine. Hablar con el director, escuchar sus ideas, reconocer el temperamento adecuado, y apostar fuerte. Porque alguien que ha rodado a este lado de la cámara ha aprendido mucho, habla a los actores de tú a tú, pero ¿y a los técnicos? Además, alguien con la fama de Raúl Arévalo puede convertirse una presa muy apetecible para otros productores a la caza de proyectos que aparecerán en seguida (si hay éxito) para ponerle en bandeja su segunda película. ¿No es arriesgado confiar en un director que podría volar a la primera de cambio? Desconocemos cuál será el siguiente paso del director, pero cuando se da un tándem como este en el que producción y dirección han sabido escuchar, atender y conceder, estamos ante una de esas relaciones creativas con un futuro prometedor.
  2. Un guion escrito hace la friolera de ocho años. O sea, un guion viejo para muchos. Creado hacía casi una década, el guion llega a Bodegas después de haber sido leído sin ganas, no leído o rechazado por muchas productoras. Pero ella lo lee y se queda impactada. La historia es buenísima. Está bien escrita. De acuerdo, no es comedia, no es una película de grandes paisajes, o grandes dramas. Nada en ella es grande, de hecho. Está construida con pequeñeces, detalles, necesitada de una puesta en escena y de una interpretación impecables. Pero, qué demonios, es un buen guion y todos sabemos que por ahí se empieza una película. O no todos lo saben, como ha demostrado la experiencia.
  3. Un rodaje en súper 16mm. Sí, en celuloide, eso que suena a hermanos Lumière y que ya no se puede revelar en la península ibérica. ¿Cómo se metió en esto la productora? Porque formaba parte de las condiciones irrenunciables del director y además demostró ser un acierto. La película, una vez filmada, viajaba a Rumanía para el revelado con el encogimiento de estómago de todo el equipo, pero el proceso técnico salió bien y, lo más importante, resulta que aligeró las jornadas de trabajo. Como no se puede rodar planos a lo loco, todo era muy medido, ensayado y no se hacían repeticiones innecesarias ni experimentos. Las jornadas de trabajo terminaban antes de lo previsto y el montador no tuvo que enfrentarse a una marea de planos imposible de organizar.
  4. Una búsqueda complicada de una televisión que apoya el proyecto. Levantar la financiación de un largometraje en España sin una cadena de televisión como apoyo es tarea casi imposible. No vamos a ahondar en las razones ya que lo que cuenta ahora es la necesidad. La productora acudió en primer lugar a las dos grandes operadoras privadas, Mediaset y Atresmedia. Demasiado riesgo para ellos, enfrascados en generar cine comercial, evidentemente interesados en que el producto a apoyar encaje en el tono de sus parrillas. Finalmente, a la televisión pública, a nuestra TVE, hay que agradecerle la apuesta. Y al gran comprador y apoyo del cine español que ha sido siempre el equipo de Canal+ (ahora Movistar+). No fue fácil, pero se consiguió.
  5. Una pequeña distribuidora independiente. Otro escollo complicadísimo. Puedes tener más o menos asegurado el rodaje de una película, pero ¿cómo haces que llegue a las salas? De nuevo los grandes declinaron el privilegio o proponían estrenos minúsculos, un número de salas ínfimo. Trataban de cubrir expediente con cine local para justificar sus apuestas internacionales. Bea Bodegas pudo haber sentido la tentación de aceptar alguno de esos tratos con los gerifaltes de la industria, pero no lo hizo. Decidió que, si ella creía en su película, y sabía que tenía entre manos algo bueno, no iba a tratar con nadie que no asumiese al menos el mismo riesgo igualando su apuesta. Encontró a eOne Films Spain, una distribuidora independiente que se sumó al proyecto. Presentaron con éxito en la Mostra de Venecia, en el Festival de Toronto y estrenaron en España con 213 copias y el favor de la crítica. Ahora esperan regresar a las salas si las cosas van bien en los Goya.

Aquellos que votaron su película favorita en los Forqué dieron su beneplácito a una obra cinematográfica que les gustaba, y al mismo tiempo apoyaban a una productora pequeña e independiente, a una opera prima que estuvo años en un cajón, que se rodó en súper 16mm, logró la financiación justita y se estrenó con una distribuidora independiente local.

 

 

 

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