Como casi-nativa digital (crecí aporreando teclado con mi osito blanco, mi madre guarda documentos fotográficos que lo demuestran), siempre he visto el ordenador como algo más en la vida cotidiana. Internet fue una necesidad a los 15 años, y el Messenger y el chat de Terra molaba mucho, pero era algo normal que incorporaba a mi vida sin problemas y sin complicaciones.
Ahora, con mi osito blanco y unos cuantos años más, me doy cuenta de que hay una serie de locos valientes, o quizás astutos visionarios, da igual la denominación, que hacen cosas curiosas para gente curiosa.
