Deconstruye y vencerás

MarKNotari

Una patata, una cebolla, huevos, aceite, sal. Pelamos la patata, la cortamos en trozos, batimos el huevo… Espera, ¿no es éste el cuento de toda la vida sobre cómo hacer una tortilla de patata? No, hoy no. Estamos en 1993 y frente a los fogones, en lugar de estar nuestra abuela, está Ferrán Adriá.

Para empezar, Adriá coge ingrediente a ingrediente y empieza a contar la historia de cada uno de ellos por separado. Emancipados, la patata, la cebolla, los huevos, crecen y crecen, adquieren cada uno una personalidad insólita. Liberados de su destino gremial –la sartén-, tienen su propio relato. Cuando Adriá termina de elaborarlos, los va poniendo uno encima de otro, en capas, dentro de una copa de cóctel. El resultado es el pincho de tortilla más extraño de la historia. Ha nacido la tortilla deconstruída. Y con ella, la deconstrucción en la cocina. Pero oye, sabe igual que la tortilla que hace mi abuela. Sigue leyendo

¡Es el relato, estúpido!

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Con perdón…

No es más que un préstamo tomado del eslogan que hizo furor en la primera campaña de Bill Clinton, en 1992, “¡Es la economía, estúpido!”. Un mantra que empezó como consigna interna del equipo de campaña y acabó siendo una de las señas de identidad del paso de Clinton por la Casa Blanca. Era una manera de decir dónde estaba lo importante; qué era lo que distinguía al aspirante –Clinton-, de quien defendía el puesto, -Bush padre-; cuál era el asunto al que de verdad había que dedicar buena parte de la energía: la economía.

Si damos un salto y pensamos en el mundo de la comunicación digital, podríamos hacernos preguntas parecidas: ¿dónde está lo importante? ¿Qué distingue a los medios digitales de los tradicionales? ¿Dónde hay que poner buena parte de la energía?

En el relato, estúpido.

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