Todavía recuerdo como me impactó en su día la película “La muerte en directo”(“La mort en direct”/”Death Watch”) dirigida por Bertrand Tavernier en 1980. Basada en la novela de ciencia ficción de David G. Compton “The Unsleeping Eye” una “amarga parábola moral sobre la muerte como espectáculo y sobre la manipulación del individuo por parte de los medios de comunicación”(Filmaffinity).
En ella, una enferma terminal (Romy Schneider) es seguida por un hombre (Harvey Keitel) que tiene alojada en el cerebro una microcámara que transmite imágenes a una cadena de televisión para emitirlas en un popular programa de televisión “La muerte en directo”.
El director con esta película, cuya acción sitúa en los años 90, se adelantaba en cierta manera a los abusos de la denominada “televisión basura”, un término que sé que a muchos no hace gracia, y que aunque es un tema que suele generar debate no es el centro de esta reflexión. Si lo es el hecho de que con esta película ya se adelantaba Bertrand Tavenier al uso del avance de la tecnología, con la posibilidad de implantar una microcámara en el cerebro para hacer un seguimiento más real. Aún considerada de ciencia ficción, esta película se acercaba mucho a lo que la tecnología actual podría permitir. El mal uso que se puede hacer de la misma en pro de la mala condición humana. Pero, insisto, una ciencia ficción que puede ser bastante real.
