¿Qué poderosa magia encierra ese icono amarillo con la silueta de un fantasma para haber hechizado a jóvenes y hipsters? ¿Por qué está en el punto de mira de la promoción de cine y televisión? En poco más de tres años se ha convertido en la red social de moda entre millennials y nativos digitales. Según datos del primer trimestre 2015, cuenta con más de 100 millones de usuarios activos diarios en todo el mundo y moviliza una media de 400 millones de snaps (capturas de foto y vídeo) al día. El sector del entretenimiento parece haber encontrado un filón en lo que a target se refiere. Pero también le ha enfrentado a un auténtico desafío: dominar el funcionamiento y entender las dinámicas de una red con una naturaleza atípica si se la compara con los modelos convencionales de Facebook, Twitter o Instagram.
El post de hoy está dedicado a una red social que apostó por la innovación a costa de cierta incomprensión y mucho desconcierto, a su filosofía, su funcionamiento básico y a la fructífera relación que ha establecido con el show business.
Sí. Hoy hablaremos de Snapchat y, no, esta publicación no se autodestruirá en 10 segundos.
