La tele, España, 2016. A lo largo del curso han sido alumbrados una serie de nuevos canales, fecundados tras las nuevas concesiones adjudicadas por el Gobierno en octubre de 2015. Al comienzo del curso, la mitad del país está triste porque el fichaje de Benítez “no cuaja”, y se termina de confirmar lo que intuíamos: somos explícitamente ingobernables. No pasa nada: habrá nuevos canales (6 en total) de televisión.
Se trata de una nueva oportunidad de ofrecer algo distinto, diferenciador. De callar la boca a quienes dicen que la tele aburre y que siempre hay lo mismo. Y por qué no, es también una oportunidad única de vigorizar el tejido industrial. Ya saben, inversiones, empleos directos e indirectos, etc.
¿Se ha aprovechado la oportunidad? ¿Tenemos, de verdad nuevos canales, nuevas propuestas?

Hace una eternidad, en enero de 2012, nació Discovery Max. Bajo una marca de prestigio internacional y un poderoso ejercicio de branding, el nuevo canal citó y aglutinó espectadores ávidos de esas historias curiosas de las que se nutre el “factual”. El género no era nuevo, antes nos había llegado por multitud de frentes: laSexta acertó un pleno al 15 con Crímenes Imperfectos y durante varias temporadas con franquicias de “Mega-construcciones”. 13TV también lo intentó con contenido de Fox. Divinity (Los gemelos decoran 2 veces) y Energy (Los Impostores) programaron excelentes ejemplos, e incluso se produjeron adaptaciones patrias (Pesadilla en la cocina). Pero hasta el aterrizaje de Discovery Max, el hábitat natural del factual había sido el pago (Canal Historia, por ejemplo). Sigue leyendo