Por azares de la vida, o simplemente por trabajo (estoy rodando una serie dedicada a los oficios del sector cultural), me encontré inmerso en el mundo del videojuego durante una intensa semana. Entrevisté diseñadores, desarrolladores, productores y demás especies de este círculo del que soy analfabeto confeso.
Como la cabra tira al monte, en el transcurso de montaje de dicho programa no pude evitar comparar la efervescencia del juego y las dudas actuales del sector audiovisual. Dejando de lado las diferencias evidentes entre ambos sectores, me pregunté si sería posible aplicar al sector audiovisual alguna de las estrategias del exitoso mundo del juego y del ocio digital.
Como llevaba también algunos días preocupado por el fenómeno de lo gratuito y la tendencia nacional a no pagar nada en el ámbito creativo, decidí especular con la posibilidad de aplicar las estrategias del free-to-play al mundo audiovisual; lo llamaría, de forma doméstica, «free-to-watch». Sigue leyendo
