La televisión social mató al zapping

segunda pantalla

Caín mató a Abel, el hombre de Cromañón mató al último Neanderthal, el vídeo mató a las estrellas de la radio… y ahora esto.

Espero que el inicio de post más sangriento de la historia de este blog sirva para llamar la atención sobre una reflexión que me ronda la cabeza hace tiempo y que tiene que ver con los nuevos hábitos de consumo de televisión.

Aunque públicamente nos guste presumir de que consumimos series profundas como «Mad Men» o «Breaking Bad», documentales como Making a murderer y programas culturales como This is Opera, lo cierto es que en nuestro fuero interno sabemos bien que al menos una vez por semana lo que nos mola es sentarnos en el sofá a ver alguna mamarrachada tróspida, abrir twitter y partirnos la caja leyendo y escribiendo burradas sobre el programa en cuestión.

Y ahora viene la pregunta clave de este artículo:

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