El futuro era un rap

Canal+

Genera tal vértigo la velocidad a la que evoluciona el entorno audiovisual desde la estandarización de Internet y abruma con tanta contundencia la sucesión de estudios y análisis que diagnostican su cada vez más fugaz presente que, de vez en cuando, resulta necesaria una mirada más sencilla, casi reduccionista, para recobrar la perspectiva y situar con cierta serenidad el horizonte del medio televisivo en España, incluso a riesgo de que semejante simplificación le confiera a este post una caducidad mayor de lo habitual.

La industria nacional parece inmersa en la dicotomía casi esquizofrénica que revelan aún sus rutinas analógicas de producción y comercialización –broadcasting y narrowcasting– pese a las contumaces inercias digitales de recepción y consumowebcasting y socialcasting– que se constatan en un público no sólo juvenil y adolescente: según el informe de Telefónica La Sociedad de la Información en España 2014el mayor exponente del crecimiento de la digitalización lo representan los mayores de 45 años, el target que más subió en el acceso a la red por motivos de ocio el último año. Se han multiplicado el consumo de vídeo, el acceso desde smartphones y tablets, la combinación de TV y redes sociales, pero… ¿y el menú de preferencias? ¿Cuál es su evolución ‘real’ a punto de cumplirse una década (23 de abril de 2005) del primer vídeo en YouTube?

Audiencia y consumo televisivo 2004-2014

El anecdótico –¿pueril?– enfrentamiento entre Mediaset y Atresmedia a partir de las audiencias de enero 2015 no oculta el desgaste de un modelo de negocio televisivo que, al margen de la recesión económica y la crisis publicitaria, evidencia la transformación del medio y el cambio de paradigma impuesto por la eclosión digital. Sin embargo, algunos indicadores se resisten a la lectura vanguardista que suscitan las mediciones de equipamiento y comportamiento audiovisual, como si se hubiesen quedado “atrapados en el tiempo” junto a Bill Murray y la marmota Phil, al menos, en sus principales manifestaciones:

  • El promedio de consumo televisivo en 2014 se situó en 239 minutos por persona y día, cifra que, aunque iguala la tercera marca histórica (246 minutos en 2012, 244 minutos en 2013 y 239 minutos en 2011), supone una caída de 5 minutos, la mayor desde el surgimiento de las cadenas privadas. Hace diez años, y según el informe que elaboró Corporación Multimedia a partir de TNS, cada persona pasó una media de 218 minutos frente al televisor; sí, son 21 minutos de diferencia, aunque en marzo de 2004 la media subió –inducida por el trágico atentado de Madrid– hasta los 236 minutos, y en verano se situó en 180 minutos frente a los 192 de agosto de 2014. Obvia recordar que la oferta de entonces no incluía los canales en abierto ni de pago accesibles hoy desde cada vez más sistemas de distribución (Cuatro se estrenó en noviembre de 2005 y laSexta iniciaría sus emisiones en pruebas algunas semanas después).
  • En plena era de Internet tiende a señalarse con inquietud el envejecimiento del espectador televisivo medio: mujeres e individuos de más de 45 años son los que más tiempo dedicaron a la tele en 2014, abundando en la brecha 50/50 que con tanta nitidez destacó Francisco Asensi en el primer foro de Innovación Audiovisual. ¿Se trata de un fenómeno reciente? ¡No! Los mayores de 45 años ya representaban el 52,6% en el acumulado de consumo de 2004, cuando, además, los jóvenes de 13 a 24 años fueron el grupo poblacional que menos entusiasmo demostró por la ‘pequeña pantalla’ (expresión que entonces sí aludía al televisor): su media de consumo se estancó en 144 minutos, y si los comparamos con los 134 que refleja el acumulado de 2014, el descenso no resulta tan acusado como el de otros tramos de edad.
  • El género con mayor presencia en las parrillas de programación sigue siendo la ficción, que en 2014 ocupó una de cada tres horas de emisión del total de la oferta (33,1%). Ese porcentaje se multiplica en los canales de pago (69,4%), donde apenas existen otros contenidos además del Deporte (22%). Las películas y series sumaron en 2004 cerca del 18% en La 1 y Telecinco, y superaron el 24% en Antena 3; las dos privadas consagraban entonces a magacines y talk shows uno de cada cuatro minutos de su oferta. Los resultados en términos de audiencias máximas parecen simétricos: sólo un capítulo de El Príncipe y la película Lo imposible, ambas en Telecinco, figuran entre las 30 emisiones más vistas de 2014, copadas por partidos de fútbol del Mundial de Brasil, la final de la Copa del Rey, las semifinales de la Champions y la Europa League e incluso partidos amistosos de la selección española. En 2004, y aunque también primaba el deporte rey, la ficción doméstica figuró en 23 de las 30 emisiones más seguidas, 13 de ellas correspondientes a la serie Los Serrano. Tendencias que se invierten… pero dentro de un repertorio inalterado.

Una campaña premonitoria

Así las cosas, y pese a vivir un presente dominado por axiomas que defienden la tecnología como palanca del crecimiento audiovisual, proclaman al consumidor como centro de la industria e invocan el contenido como ‘rey’ del sistema, conviene no perder de vista la pertinaz idiosincrasia de un mercado que apenas ha cumplido 25 años desde la ruptura del monopolio estatal de televisión: el aniversario que estos días celebra Antena 3 TV y al que pronto se sumará Telecinco reivindica la vigencia de un modelo en ‘vigoroso’ declive, pese a la denostada imagen que transmiten algunas de sus señas de identidad.

Resulta por ello gratificante descubrir la frescura que sigue transmitiendo la colosal campaña publicitaria sobre la que se erigió, por aquellas mismas fechas, el lanzamiento de Canal +, el tercer canal privado en nuestro país, el primero bajo una fórmula mixta de financiación y el único capaz de resistir un cuarto de siglo después sobre la misma filosofía de programación: la novedad, la exclusividad, la facilidad de acceso, la multiplicación de opciones de consumo… Algunos de sus eslóganes —“¿Te lo vas a seguir perdiendo?”— podrían seguirse utilizando en la actualidad, por no hablar de su premiado ‘rap’, cuya letra auguraba un ‘paraíso’ audiovisual a la carta que bien podría referirse al presente multipantalla:

Te ponen las películas más importantes y no las interrumpe la publicidad,
las ves de arriba a abajo, las ves divinamente, es un cine de ahora, ¡son de actualidad!
Si no las ves de noche, las puedes ver de día, las ponen varias veces en distintos días:
esto sí que es cine, cine a mogollón, a esto se le llama ¡multidifusión!
[…]
Esta tele es tuya, esta tele es mía, sólo por veinte duros al día…

Imagen de cabecera: Folleto publicitario de Canal + temporada 1991/92

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