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Desde hace tiempo venimos hablando, opinando y conociendo el mundo inabarcable que nos abre la tecnología para el análisis y utilización de todos nuestros datos. Esos datos ya se entienden en sentido muy amplio y exceden mucho ya de lo personal (DNI, teléfono, dirección postal o de IP o número de la Seguridad Social). La tecnología disponible explora dimensiones mucho más íntimas de nuestra vida, como deseos, problemas, enfermedades, amistades y enemistades, preferencias y anhelos, ambiciones, y desde luego nuestra localización casi de manera permanente.

Cuando, hace algunos años, empezaban todas estas cosas a pulular por nuestro espectro de información, algunos llegamos a pensar que eso podía tener muchas cosas positivas: “Podré saber donde están mis hijos al instante y controlar sus amistades”, “si me roban el coche lo encontraré en un plis” “ las mejores ofertas en la pizzería más cercana son mías ya!”…

Algunos años después (no mucho porque todos sabemos que esto va muy deprisa) empiezo a sentirme mucho más inquieta al respecto..

Nuestros tribunales de justicia ya han tenido ocasión de opinar sobre esos datos y sobre lo que terceros (relacionados o no) pueden hacer con ellos. Evidentemente y como cabía de esperar las decisiones no son ni unánimes ni mucho menos argumentadas de manera generalmente aceptada.

En 2014 se han conocido dos decisiones contradictorias de nuestros Tribunales Superiores de Justicia (TSJ Madrid 21 de marzo de 2014; TSJ de Galicia de 6 de junio de 2014). En ambos casos el tribunal analiza la capacidad de las empresas a utilizar la tecnología como medio de controlar (vía la instalación de GPS en los vehículos de empresa) la prestación de servicios laborales de sus empleados. Es decir las empresas podrían utilizar estos sistemas para probar el cumplimiento o incumplimiento laboral de sus empleados utilizando la geolocalización a través de herramientas de trabajo.

Y aquí es donde colisionan los criterios: vulneración de los derechos fundamentales de un trabajador por la utilización de sus datos de carácter personal versus el derecho de la empresa a vigilar y controlar la actividad de sus trabajadores.

Estos ejemplos se completan con sentencias de nuevo controvertidas que ahondan en el control que pueden ejercer las empresas sobre la utilización por parte de sus empleados de las herramientas informáticas que se les facilitan como instrumentos de prestación de la relación laboral como telefonos de empresa, ordenadores personales o tablets.

¿hasta que punto las empresas en el ejercicio de su control de la relación laboral y la confianza empresarial pueden revisar los Whatsapps enviados por sus empleados (dentro o fuera del horario laboral) o las paginas de facebook de los mismos ya sean estas de acceso publico o privado?. (ver TSJ de Galicia 23 de diciembre de 2014 y TSJ de Madrid de 27 de enero de 2014)

Puesto en estos términos la tecnología aplicada al control laboral ya no me parece tan divertida.., ni tan útil (al menos para la vida diaria de los trabajadores), ni tan equilibrada en lo que se refiere a la relación empleador-trabajador.

Es difícil hacer una predicción de hacia dónde vamos a llegar y hasta dónde queremos, como sociedad que se llegue. Siendo consciente de la existencia de todos estos datos parece que el informar adecuadamente a los empleados de las normas aplicables y de los medios que se van a utilizar es esencial. Tenemos que ser conscientes, y necesitamos que se nos recuerde que así es con cierta frecuencia, de que somos observados y que todo lo que hagamos y/o digamos en algún momento pueda regresar a nuestras vidas con distintas intenciones. Los nativos digitales según nos cuentan, tienen una visión distinta de todo esto y su rutina diaria de originación de información hace que la utilización necesaria y asegurada de sus datos ya esté integrado en su ADN y ello hace que no se sientan invadidos por la utilización que posteriormente se haga de ella, para los que nacimos antes las cosas resultan algo más complejas…