La nevera que sabe cuándo caducan tus alimentos y te hace la compra. Las persianas que suben y bajan según la previsión del tiempo. Los sensores que te riegan los geranios cuando necesitan agua.
El Internet de las Cosas (IoT) está aquí para quedarse. Y esto no ha hecho más que empezar. ¿Y si todos los objetos que nos rodean tuvieran la capacidad de conectarse a internet? Estamos evolucionando hacia un ecosistema más inteligente, más eficiente, más funcional.
Sin embargo, como podemos ver en todos estos desarrollos, todos ellos cumplen una función muy específica, que desarrollan a la perfección gracias a la conexión a Internet. Optimizar, optimizar, optimizar.
Aquí está el reto para los storytellers: ¿cómo podemos utilizar estos desarrollos primordialmente utilitarios y usar el Internet de las Cosas para seguir contando historias? ¿Cómo sacarlos a patadas de su funcionalidad y usarlos de manera original para algo que no fueron creados? Sigue leyendo

