¿Qué podemos aprender de los escandinavos?

"Trapped"

Trapped

Fruto del impacto de las series escandinavas en el mercado internacional (y con especial énfasis en el anglosajón), la Universidad de Aarhus (Dinamarca) inició en 2014 el estudio “What makes Danish TV series travel”. El objetivo: entender el éxito de su ficción audiovisual. Me pregunto qué podemos aprender nosotros de un fenómeno que miramos en la distancia y, por qué no decirlo, con mucha envidia.

Este invierno la BBC ha programado con éxito dos series escandinavas más de diferente pelaje. La primera, Trapped, es un thriller psicológico y policiaco ubicado en Islandia, y la segunda, Follow the money, es una trama con tintes de novela negra ubicada en el sector de las empresas renovables danesas. Ambas producciones, sin ser excesivamente ambiciosas en su dimensión de producción, tienen un estándar perfectamente aceptable para el mercado internacional; de hecho, se pueden sumar a las prestigiosas y versionadas Forbrydelsen, Borgen, Mammon, Bron/Broen, Thicker than water, etc.

Walter presents

Web Walter presents

Se trata de un escalón más de la presencia del imaginario escandinavo en el panorama audiovisual europeo y anglosajón, conocido con la etiqueta del “Nordic noir”. Sin ir más lejos, Channel 4 dispone en Walter Presents –su plataforma en internet de series internacionales en abierto– de un espacio de honor para las series escandinavas.

Parte de este éxito televisivo tiene su origen en un boom literario que dio lugar a una audiencia expectante y de ciertos rasgos, de modo que estos contenidos disponen de una singularidad muy atractiva como son el rol de las mujeres protagonistas o la importancia del paisaje nórdico en las tramas.

Pero tienen que existir más motivos que expliquen cómo países ricos y a su vez pequeños tienen una capacidad tan competitiva en la creación de contenidos globales, más allá de las clásicas explicaciones que hablan de la importancia de Lars von Trier y su serie The Kingdom (como el inicio del todo) o de la buena gestión de la televisión pública.

 

Bron/Broen

Bron/Broen

Fruto de la sospecha de que hay algo más detrás de todo esto, estuve revisando cómo la universidad danesa estructura su estudio “What makes Danish TV series travel”.

La propuesta de estudio parte de la convicción de que se ha producido una transformación en todos los ámbitos de la ficción danesa, de la idea a la producción final, afectando a toda la cadena de valor del producto. Para analizar este fenómeno se proponen cuatro “sub-questions”:

  1. How can we consider Danish TV drama series as an international brand?
  2. What, from a transnational production perspective, makes Danish TV series travel?
  3. How are the Danish TV drama series interpreted and valued among audiences abroad, in countries like Australia, Brazil, Germany, Turkey and the US?
  4. How are small nations’ drama series challenging the centre-periphery complex in global media industry and culture?

Las tres primeras cuestiones forman parte de la lógica de las estadísticas que tienen encima de la mesa los responsables del estudio, pero la cuarta arranca de una reflexión subjetiva que realmente desafía el ámbito de los números o de todo aquello cuantificable. ¿Cómo es posible que países de 5 millones de habitantes (Dinamarca) o de poco más de 300.000 (Islandia) coloquen mejor sus productos en el mercado principal que otros con mayor población y presupuesto?

Borgen

Borgen

¿Es posible desde la periferia internacional ejercer un rol en el ámbito global? Para contestar a esta pregunta, los responsables del estudio se centran en cuatro marcos teóricos:

  1. El concepto de “travel” entendido como una aproximación al proceso de exportación, adaptación, reformulación y posicionamiento en el mercado internacional. El estudio tiene la intención de profundizar en las estrategias de penetración en los mercados internacionales mediante la capacidad de transformación y adaptación de sus productos.
  2. El “production value”, entendido como el equilibrio entre los intereses del mercado y la estética (en su sentido más amplio). En este apartado aparecen conceptos como el “quality TV” o el “medium concept”. Se trata de detectar dónde se ubica la línea entre la esencia del producto y las necesidades del comprador.
  3. “To develop transnational media studies”. Cambiar la perspectiva del estudio de ciertos fenómenos en la relación periferia-centralidad y viceversa. En otras palabras: cómo el éxito internacional está modificando la producción local (el talento y la estrategia productiva).
  4. “English as the language of the advantage”. Aceptando la preeminencia del inglés como lengua común y esencial del audiovisual, la hipótesis inicial del estudio apunta a que el exotismo lingüístico puede ser un valor añadido del producto en el ámbito internacional impactando en las antenas, la audiencia y la crítica.

 

Follow the money

Follow the money

Desde la perspectiva española, e incluso mediterránea o latina, estos cuatro conceptos no tienen por qué no poder ser aplicados en nuestra industria.

Recapitulemos…

  1. Tenemos voluntad de exportación, ¿Pero tenemos capacidad de flexibilizar nuestros contenidos para adaptarnos a mercados externos? Es evidente que en muchas ocasiones la respuesta es no, básicamente porque creemos que no lo necesitamos, prioritariamente.
  2. ¿Sabemos marcar la línea entre la necesidad de venta y la protección del producto? ¿Podemos conjugar estos dos factores? ¿O tenemos una tendencia natural a encajarnos en mercados secundarios en los que la parte estética es una necesidad menor?
  3. ¿Somos capaces de analizarnos desde una perspectiva externa?
  4. Dejando de lado la preeminencia del inglés, ¿podemos sacar provecho de la diversidad idiomática latina? ¿Podemos conjugar producciones en las que se hable español, italiano y portugués (por ejemplo)?

Si analizamos estas cuestiones, veremos que la respuesta no está en lo que no podemos hacer, sino en lo que no hacemos. Ya que, dejando de lado el boom literario nórdico y su conocido bienestar económico –que, dicho sea de paso, nosotros podemos contrarrestar con una industria literaria potente y mayor densidad de población y presupuestos–, no hay motivos objetivos por los que la producción escandinava se mueva mejor que la española.

A no ser, claro, que la respuesta sea mucho más simple de lo que pensábamos y lo único que podemos aprender de los escandinavos es a gestionaros mejor, a mejorar la gestión de cada una de las partes de nuestra cadena de valor, desde la creación hasta la comercialización de nuestras obras.

(Pero sería tan triste que esta fuera la respuesta…)

 

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