Ctrl+Alt+Supr, Ciclos de Kondratieff y Atrapado en el Tiempo (Transmedia Version)

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Leer el post de Belén Sata-Olalla de los 10 Mandamientos de la Fe Transmedia me produjo una efervescencia de viejos sentimientos y un afloramiento de pensamientos cíclicos en mi cabeza, que me ha llevado a publicar el post de hoy, en el que intentaré explicar cómo las historias se cruzan y patronean en todos los ámbitos de la vida, siguiendo unas leyes o mandamientos universales. Además lo intentaré hacer mezclando tres ingredientes: una teoría económica (ciclos de Kondratieff), el sentido común y una Peli que me encanta y me parece genial, «Atrapado en el Tiempo». Una peli de Harold Ramis, Productor y Actor a quién recordaremos por su participación en grandísimos clásicos del cine de los 80 y 90, como «los Cazafantasmas» , «El pelotón Chiflado» o «Los albóndigas 3», y… Oh my God!!! , «Desmadre a la Americana», entre otras.  Una Peli basada en una histoia de Danny Rubin, escritor y actor. En mi humilde opinión, esta peli fue su obra maestra dentro de una corta carrera en el cine.

Y es que, en realidad, el argumento de «Atrapado en el tiempo» tiene un parecido más que razonable con el mundo real, aunque algunos cinéfilos piensen que las pelis tienen un argumento distinto dependiendo de quién las vea. Además de ésto, también tiene un parecido razonable con la teoría de los ciclos económicos de Kondratieff y, a su vez,,… Bueno, no voy a complicar más el tema porque sufro de una gran facilidad para enrrollarme y me gustaría que al final de este artículillo quedara más o menos claro  lo que quiero exponer, por lo tanto al grano.

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Conchita y la Televisión cervical

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¿Ha muerto la Televisión? Si, claro que sí, una vez más, y no será la última. Porque la tele tiene Efecto Rebote, como el ave Fénix, el Teatro, el Capitalismo, la cola de las lagartijas,  Raffaella Carrá o adelgazar con dietas.

Como medio de comunicación de masas  ya ha cumplido su ciclo, así que cíclicamente alguien se ocupa de actualizar su esquela. La mutación digital ha multiplicado los entierros de la Televisión tradicional. Muerta y bien muerta que está.  No importa que, según el ANALISIS TELEVISIVO 2013  de Barlovento, en 2013 cada español dedicó a ver televisión una media diaria de 243 minutos. ¡Más de cuatro horas de consumo audiovisual al día! Le entregamos a la pantalla más tiempo del que, sumado, dedicamos a merendar, lavarnos los dientes, hacer el amor y pensar en la paz mundial, por citar solo algunas ocupaciones cotidianas. Después de dormir y trabajar, el consumo de televisión es la tercera actividad en tiempo del español medio.

¿Quién es el muerto aquí?

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Deconstruye y vencerás

MarKNotari

Una patata, una cebolla, huevos, aceite, sal. Pelamos la patata, la cortamos en trozos, batimos el huevo… Espera, ¿no es éste el cuento de toda la vida sobre cómo hacer una tortilla de patata? No, hoy no. Estamos en 1993 y frente a los fogones, en lugar de estar nuestra abuela, está Ferrán Adriá.

Para empezar, Adriá coge ingrediente a ingrediente y empieza a contar la historia de cada uno de ellos por separado. Emancipados, la patata, la cebolla, los huevos, crecen y crecen, adquieren cada uno una personalidad insólita. Liberados de su destino gremial –la sartén-, tienen su propio relato. Cuando Adriá termina de elaborarlos, los va poniendo uno encima de otro, en capas, dentro de una copa de cóctel. El resultado es el pincho de tortilla más extraño de la historia. Ha nacido la tortilla deconstruída. Y con ella, la deconstrucción en la cocina. Pero oye, sabe igual que la tortilla que hace mi abuela. Sigue leyendo

¡Es el relato, estúpido!

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Con perdón…

No es más que un préstamo tomado del eslogan que hizo furor en la primera campaña de Bill Clinton, en 1992, “¡Es la economía, estúpido!”. Un mantra que empezó como consigna interna del equipo de campaña y acabó siendo una de las señas de identidad del paso de Clinton por la Casa Blanca. Era una manera de decir dónde estaba lo importante; qué era lo que distinguía al aspirante –Clinton-, de quien defendía el puesto, -Bush padre-; cuál era el asunto al que de verdad había que dedicar buena parte de la energía: la economía.

Si damos un salto y pensamos en el mundo de la comunicación digital, podríamos hacernos preguntas parecidas: ¿dónde está lo importante? ¿Qué distingue a los medios digitales de los tradicionales? ¿Dónde hay que poner buena parte de la energía?

En el relato, estúpido.

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